Ana Curra y los Kompadres Muertos: una noche, un tributo a los desaparecidos

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Salieron puntuales al escenario los Kompadres Muertos, la noche prometía mucho. La gente llegaba poco a poco. Pero los fans, los verdaderos fans de una historia que se cuenta en veintiún años, ahí estaban, aguardando como quien aguarda puntual a la muerte. Ellos salieron de la oscuridad vestidos de gala y para la ocasión, para recordar a todos los muertos. El momento no era para menos, era la noche del 3 de noviembre; el día en que los santos difuntos ya han regresado a su morada eterna. Por lo menos eso es lo que cuentan las ancestrales lenguas.

Como calaveras en penumbra abrieron su show cantando Qué quieres, los ánimos se calentaban. La mataré fue la renuncia al propio sentimiento del amor, pero El Jinete se abrió paso en medio de la nostalgia y el tributo a los que sufren por los que ya no están, de los que caminan en el campo santo, “el que no sabe de amor no sabe lo que es martirio”, como dice La llorona. Luego siguieron las rolas clásicas con las que se hicieron acompañar por grandes amistades: I Love You, La Ocho, La Policía que sonó junto a Manolo UVI, Hello, Roto en compañía de Cristian de la Espriella de Pronomotora, con algunos integrantes del Sonido Changorama tocaron La vida negra porque la vida es negra y negra seguirá. También se escuchó A nadie más –la favorita de Lobotomía porque le recuerda cosas personales y de la banda- y por supuesto Wakatxaka con Walter de los Black Jacks. Esta última canción, en palabras de los propios compadres ha si como un himno, en sus giras del continente Americano a Asia, desde Chile, Argentina, Colombia, Venezuela y Panamá, a Austria, España, Francia y el País Vasco. No son los lugares, sino la memoria y la decisión de vivir una vida que se llena con las anécdotas al cantarla en el Danubio o Xochimilco, o mientras los coros de alemanes intoxicados por el alcohol cantan emocionados. Muchas de éstas canciones se seleccionaron a partir de una convocatoria lanzada en internet.

¿Cómo empiezan los Kompadres Muertos? En los años ochentas, nos dice Stres; cuando su hermano mayor, Carlos, fundador de la banda escuchaba a The Cure, Parálisis Permanente, The Clash, Blondie, The Doors. En ese tiempo era difícil conseguir ese tipo de música en México y la manera de conocer esos nuevos sonidos era a partir del intercambio de cassettes grabados de manera casera en el Tianguis del Chopo. A finales del 91, empezó el compromiso de formar una banda con un sonido único; actualmente en España los han definido como el psicopunk ranchero, aunque algunos los ubican en el género rockabilly –no obstante para Stress, los otros Kompadres y el público suene más a punk y rock- por la influencia histórica de aquellos momentos en que se fundó la alineación.

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Eso sí, Stres fue muy claro, los Kompadres en definitiva son anticomerciales, y no dejan de ser underground por estar en el Lunario. La posibilidad de pisar un escenario refiere a un rompimiento de reglas: “Para que tu rompas una regla tienes que conocerla, y saber por qué la vas a romper. No puedes ir a romper un cristal porque sí. Tienes que tener un fundamento y un principio”, reflexiona Stres. Pero qué cristales ha roto éste grupo;  “Todos –nos dice su líder-, todos los cristales que el sistema te impone. Como dice Ana, hay que saber quién es el enemigo. La fórmula del sistema es ponernos unos en contra de otros, porque un pueblo inculto es fácil de dominar.” En esa cavilación, el pronunciamiento de los Kompadres Muertos ante la situación política de México es levantar la voz y no las manos, porque es posible hacer el cambio sin guerras, sin armas. Es aprender a protestar.

Veintiún años se dicen fácil, para los Kompadres Muertos ha significado vencer muchos retos nos cuenta Lobotomía; en ésta banda han pasado muchos músicos, lo que ha llevado a tener algunos cambios en su alineación, invitar a otros músicos para que se aprendan 20 canciones en una semana les ha permitido un reaprendizaje musical y una constante comparación de la forma de tocar anterior y la actual; eso es historia vieja y eso es constante renovación.

¿Qué sigue para los Kompadres Muertos? Seguir tocando, dice Lobotomía, si mañana grabamos un  video –que por cierto, no es un supuesto sino que acaban de grabar uno con Warner- mañana sigue promocionarlo y después dar a conocer el disco nuevo.

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Ana Curra salió como musa negra a embrujar a todos los presentes, como heroína del bondage ató al público mientras invocaba la liberación con El acto. Quiero ser tu perro, fue el recuerdo del sonido surgido de los garajes y las calles perdidas del errático Iggy Pop y The Stooges. Siguió la contundencia de Nacidos para dominar, clásico de Parálisis Permanente al igual que la invocación a las desinhibiciones de Te gustará y al hartazgo de Yo no. Luego un tributo a David Bowie, un cover salvaje y desesperado a  Heroes. Todo fue de menos a más, llegaron los esquizofrénicos Tengo un pasajero, Extraña sonrisa y Quiero ser Santa; la gente coreaba. En La Oración, canción de Los Desechables, su siniestra majestad invocó a “todos los seres de las alcantarillas, los amantes de lo oscuro, los más punks, los de verdad”. Vamos a Jugar y Sangre fueron la locura. De la añoranza a Los Escaparates siguió Esto no es –Benavente también perteneció a esta banda. No podía faltar incendiar el momento, el recuerdo del legendario y desaparecido Eskorbuto prendió la mecha con Adiós Reina Mía; la gente cantaba “cuando me marche reina mía, no me olvidaré de ti”. Pero el éxtasis nocturno aún no acababa en lo que parecía una despedida, no. Unidos, “van a morir unidos, unidos, unidos, unidos”. No es casual el orden de las canciones, cada una era un llamado para que regresaran por un momento los desaparecidos. Sí, a Eduardo Benavente le habría gustado estar, de hecho estaba presente y el corazón que más fuerte latía era el de Curra.

Fue necesario que Curra rompiera con la nostalgia, vencerse a sí misma -vaya que lo logró-, para hacer El Acto, un homenaje a Parálisis Permanente y a Eduardo Benavente. Desde marzo del 2012 se ha hecho acompañar con los mejores músicos, los mejores amigos, muchos de ellos con quienes pateó calles desde aquellos años de la movida madrileña. Todos ellos, con una gran trayectoria y un entusiasmo que explota en el escenario. La batería de Rafa Le Doc –integrante del grupo punk P.P.M., formado en 1989-; César Scappa, quién en palabras de Ana, enseño a Eduardo Benavente a tocar la guitarra, ambos formaban parte de los Escaparates; José Battaglio, guitarrista que tocó en Seres Vacíos y la Frontera; por último, Manolo UVI, integrante de uno de los primeros grupos punk de Madrid, La UVI, y que después formó Commando 9mm.

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Pero Ana Curra y todos los del acto regresaron. La primera canción del encore fue dedicada a la memoria de Benavente, Ana pidió silencio, a lo lejos sonaba el nostálgico Prelude No. 4 de Chopin; su siniestra majestad lloraba cada nota en su teclado. El irreversible viaje extravagante del punk retornó al escenario, como dominatrix en vilo cantaba Adictos a la lujuria. Para dar paso a Autosuficiencia, presentó a sus comparsas, los de su diestra y los de su siniestra. El broche de oro, lo visceral, la más profunda invocación a los instintos básicos Un día en Texas. Todo tenía que culminar, en el punto más frenético. Sí, definitivamente fue un orgasmo salvaje y musical, energético y libre.

Cuando tuvimos la oportunidad de platicar con Ana Curra sobre aquellos años de la movida, en la que ella se formó, nos dijo en medio de recuerdos, que no sabía lo que estaba viviendo en esos momentos pero que había una idea atrás de esa efervescencia de querer hacer música, de ir al encuentro de nuevos sonidos, quizá como una voz que le decía en su interior: “Hazlo tu misma, súbete a un escenario y toca, di lo que necesitas decir, siéntete mujer y haz lo que debes hacer, no te quedes en tu casa arrinconada y coge una guitarra y utilízala como metralleta, como ocio, como pronunciamiento político y vital, sobretodo vital.” Este es el pronunciamiento de ella, y los sigue haciendo, ya lo comprobamos, eso es ser coherente con uno mismo.

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Al concierto del 3 de noviembre en la Ciudad de México le siguieron, dos más; el 7 de noviembre en Guadalajara, Jalisco y el 8 en León Guanajuato. Estamos seguros que fueron maravillosos, porque cuando las cosas se hacen con amor y entrega, como lo hicieron los Kompadres Muertos, Ana Curra y todos los músicos de El Acto, las cosas salen bien y quedan en la memoria colectiva; como aún perduran los seis conciertos históricos de Parálisis Permanente, los únicos en su historia y cuyas canciones se cantan con entusiasmo a pesar de haber pasado tantos años.

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About Tornado Intempestivo

He trabajado en una aeronave en el fondo del mar, por lo que también sé lo que es vender pescados a la orilla de un río. A veces soy la modelo perfecta que se mira en el espejo diciendo -obviamente al espejo- que la convención de la memoria es un espejo lleno de pasta de dientes. También he escrito mis más grandes líneas en el cielo usando a la luna como pretexto para no dormir y beber vino toda la noche –de cualquier modo la luna es una pelota llena de vino, sólo hay que exprimirla tantito-. Por cierto, no me dedico a los hongos, pero he dedicado gran parte de mi vida a ellos; por ello me considero experta, que no es lo mismo que profesional. He sido desde jala-cables, barrendera, lava loza, hasta amaestradora de leones y de otros animales y parásitos. Desde ojera hasta sordera, y de silencio a alta voz. De adorno hasta gran productora de adornos. También he sido una mujer cosmopolita, pero lo que más me gusta de esto es el cosmos. Aún escribo, camino, sueño y respiro mi vida; por eso, los próximos años me dedicaré a caminar entre la orilla del abismo y la gran pradera, en donde juegan otros, se divierten y asolean, mientras escribo sobre la industria de las pornostars y los playboys.