Caja inteligente / caja idiota

TV:Braindwahsed, Aaron Escobar™

Foto: TV; “Brainwashed”Aaron Escobar™

Llegué a mi casa en lunes. El domingo siguiente ya había contratado el servicio de televisión por cable –ése, el que trae también el interné-. Antes me daba pena confesarlo pero ya no: soy adicta a la televisión.

No es tan malo como suena: si en la Antigüedad la presencia del fuego hacía de la casa un hogar ahora nosotros, los modernos (¿o será más exacto decir posmodernos?) necesitamos, en nuestras casas, más de un corazón: el teléfono, el radio, la tele y la computadora. Yo no puedo cocinar sin música y no puedo irme a dormir sin ver alguna serie. No creo que haya alguien capaz de desayunar sin ver las noticias.

(Claaaaaaaaaaaaaaro, hablo de uno que es pequeño burgués. Sé bien que hay en mi país gente que no sólo no ve las noticias, sino que ni siquiera desayuna.)

Si lo que acabo de decir le parece a alguien la confesión de un placer culpable es, sin duda, debido a la pésima calidad de la televisión abierta mexicana. La comercial, quiero decir, pues más de una vez me he quitado el sombrero ante las producciones de los canales 11 y 22, aunque, ejem, también han aflojado un poco a últimas fechas.

¿La tele es de verdad idiota e idiotizante? ¿Es del diablo? ¿O será sólo que está mal empleada? Quizá un poco de todas o quizá ninguna de las anteriores: las respuestas a estas preguntas tienen muchos matices.

La tele no es idiota. No lo fue en su origen, al menos. A mí, personalmente, aún me maravilla el fenómeno creativo que está detrás de ella. ¿Y entonces? Muy simple: si antes la tele era información y entretenimiento subsidiado a través de la publicidad, ahora el comercio lo ha devorado todo, haciéndola, a veces, insoportable. (A las pruebas me remito: ver televisión de paga aún es agradable y uno la consume huyendo de los cada vez más extensos comerciales.)

Eso no ha sido todo: por alguna razón que no alcanzo a comprender, la tele se ha venido repitiendo a sí misma desde que yo me acuerdo (es decir, desde la era de los medios analógicos: los 80’s). Al principio era muy claro que se trataba sólo de retransmisiones, pero luego vino la fiebre de los remakes y, ahora, la de los formatos. Durante los cinco meses que estuve en Australia no extrañé la tele mexicana porque todos sus programas estaban allí: los gorditos que bajan de peso y lloran mucho mientras lo logran, los bailarines que compiten con números montados en una semana, las absurdas telenovelas y las series de moda (gringas, claro): Two and a half men y House.

Aquí surge otro tema: no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre, y la tele es así porque tiene millones de fieles que no le piden que cambie, sino que la aceptan tal y como es (cualquier semejanza con el PRI habrá discutirse en otro post).

Pero, ¿el público realmente está tan feliz de que lo traten como tonto o consume la televisión abierta porque no le queda otra alternativa? Aunque nadie me lo ha preguntado, lo responderé: me inclino por la segunda opción. El profesor forma a su alumno, el periodista, a su lector y las televisoras a sus televidentes.

¿Qué se necesita para tener una televisión mexicana de calidad? Son varias cosas, pero creo que la primera de ellas es dejar de abusar de la ley del menor esfuerzo. Hace falta que los creativos de las dos grandes empresas de televisión comercial produzcan algo original. Ni siquiera tiene que ser innovador, basta con que no sea una copia de la copia de la copia de la copia de… Bueno, creo que ya entendieron.

También se agradecería que la gente que trabaja en tele supiera lo que está haciendo. ¿De qué4 sirve que Ciencias de la Comunicación sea una carrera tan saturada si lo único que produce son desempleados? En este país, casi todo el mundo hace algo para lo que no estudió y los resultados saltan a la vista. México necesita aprender a valerse de sus profesionales y dejar de tener pasantes presidentes. Perdón, ya me volví a salir del tema.

Finalmente, y sin afán de justificar mi afición, diré que yo veo en la televisión un maravilloso recurso didáctico. Eso no quiere decir que todos los canales deban ser como de telesecundaria. Sin embargo, pensemos por un momento en la capacidad de difusión e influencia que tiene ese inocente aparatito. Para convertirlo en algo valioso bastaría con dotarla de contenidos serios. Quizá no me lo crean, pero hasta la serie gringa más boba tiene detrás de sí al menos un poco investigación acerca de los temas que toca y de la estructura del formato. Por eso la tele americana vende bien y sigue siendo un modelo a seguir. ¿Será que en México podemos tomarnos un poco más en serio la labor de hacer la tele? ¿Será que se puede convertir en algo dulce y útil? Yo creo que sí, que se puede, pero no sé si se quiere.

About Nora De la Cruz

Lectora.