Danza y Literatura, ¿qué relación?

danzayliteraturaUn texto como el que nos presenta Dolores Ponce, sólo pudo haber sido escrito por alguien que ha incursionado en diversas áreas del conocimiento humano a lo largo de toda su formación profesional. Una licenciatura en sociología, una maestría en teoría psicoanalítica y un doctorado en letras modernas son sólo la base. Dolores Ponce cuenta, entre muchas otras cosas, con veinte años de experiencia en la edición, corrección y traducción de infinidad de artículos, ensayos y libros de danza. Así, Danza y Literatura, ¿qué relación? surge como resultado de la investigación transdisciplinaria que la autora ha llevado a cabo dentro del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón.

Este diálogo entre la danza y la literatura está conformado por un prólogo de Alejandra Ferreiro, bailarina e investigadora del CENIDI-Danza José Limón, y tres ensayos: “¿Es pensable la danza sin la escritura? Las relaciones posibles”, “¿Es pensable la literatura sin el movimiento?” y “Danza literaria: estados y vuelcos de la vida”. En los tres ensayos, Dolores Ponce hace evidentes los múltiples vínculos que pueden darse entre estos dos lenguajes expresivos  y, sobre todo, la presencia del movimiento y la danza dentro de la literatura.

El primer ensayo, en palabras de la autora, tiene una aspiración didáctica. Ponce parte de la relación entre la escritura y la danza para proponer que la danza es impensable sin la escritura. Se detiene, entonces, a explicar la ambigüedad del verbo pensar para que el lector se percate de los muchos sentidos que puede tener dicha afirmación. ¿Podríamos hacernos una idea, especular, reflexionar o crear una danza sin la presencia de un significante gráfico? No.  Este es el momento en el cual comienza a delimitar lo que ella entiende por danza y escritura, además, se da a la tarea de introducir las categorías propuestas por Ann Hutchinson, conocidas como el alfabeto del movimiento, para observar detalladamente la manera en que el cuerpo se relaciona con las letras y a qué grado se da esta relación.

A partir de dichas categorías, Dolores Ponce habla de cinco relaciones posibles entre danza y escritura. La primera relación tiene que ver con el proceso de creación, la segunda, con la cercanía que mantienen temáticamente. En la tercera relación, que tiene que ver con la enseñanza, identifica una secuencia didáctica en el que las palabras y el movimiento se conectan de tal manera que la inteligencia kinestésica del bailarín repercute en el aprendizaje de la escritura. La cuarta relación tiene que ver con la crítica y la investigación. Finalmente, la quinta se refiere a la notación, la manera en la que el movimiento se fija en el papel.

En el segundo ensayo, Dolores Ponce parte de una reflexión en torno al diálogo que mantienen el Ulises y el Héctor de La guerra de Troya no tendrá lugar de Jean Giraudoux, para ilustrar cómo la danza se hace presente dentro de la literatura. Se pregunta entonces, si la literatura es pensable sin el movimiento y qué tipo de movimiento ocurre en la literatura. Así, propone que el movimiento de la literatura es un constante retorno y se centra en la Odisea, específicamente en la figura de Ulises, para explicarlo.

Finalmente, en el tercer ensayo, “Danza literaria: estados y vuelcos de la vida”, Dolores Ponce se dedica a reflexionar en torno al uso de la danza en la narrativa de ficción, especialmente en la novela. Afirma, además, que la danza es omnipresente dentro de la poesía y la ficción, ya sea como acto ritual, acto social o acto escénico. Posteriormente, se dedica a analizar cómo aparece la danza dentro de diferentes cuentos y novelas. Observa, entonces, que la motivación de las diferentes acciones ocurridas dentro de una narración, puede relacionarse con los conceptos que Ann Hutchinson propone en su clasificación. Así, la autora elabora dos apartados en los que trata las maneras opuestas en las que el escritor recurre a la danza para elaborar su obra: cuando el movimiento no es lo esencial y cuando el movimiento sí es lo esencial en algún momento de la narración.

En el primer apartado, explica, por un lado, que la danza puede ser utilizada para representar estados. Por el otro, que la danza puede ser vista como un símbolo. El segundo apartado, en cambio, lo subdivide en cinco partes. En la primera, muestra cómo el baile es utilizado para marcar un cambio de dirección en la “vida” de los personajes. Así, menciona la presencia de una contradanza dentro de Las cuitas del joven Werther, de Goethe, por ejemplo. En la segunda parte, habla del papel de la pausa y del cruce de umbral, y lo ejemplifica con “La máscara de la Muerte Roja”, de Edgar Allan Poe.  En la tercera parte analiza el atravesamiento de frontera dentro de un texto de Alejo Carpentier. Posteriormente, en la cuarta parte, retoma a Poe para hablar de la caída en “La casa Usher”. Por último, en la quinta parte, se dedica al análisis de los giros en Robinson Crusoe, de Defoe y La serpiente emplumada, de D. H. Lawrence.

Danza y Literatura, ¿qué relación? es un texto que refleja, en primer lugar, el vasto conocimiento que Dolores Ponce tiene en materia literaria y dancística. No se limita a establecer simples conexiones entre las características y alcances de ambas artes, sino que, además, demuestra que una puede estar dentro de otra de maneras insospechadas.   Al leer esta obra, el lector podrá advertir sin duda alguna, cómo la danza  puede contribuir a la construcción eficaz del relato, pues permite comunicar, en palabras de la autora, “rápida, exacta y ligeramente estados de ánimo y movimientos”. Ciertamente, la investigación de Dolores Ponce constituye una invitación a leer y releer las obras narrativas desde una nueva perspectiva.

­­Ponce, Dolores. Danza y Literatura, ¿qué relación? México: INBAL, 2010.

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