De por qué no me importa la marcha

Política es pensar en comunidad, aprender a conseguir el bienestar para la generalidad. No lo digo yo, lo dice Aristóteles. La marcha, además de buena ondita, fue completamente segmentaria: mucha gente se juntó a decir “quiero que castiguen al que ME produjo un daño”. Incluso estando juntos no pensaban en los otros, los que andaban a su lado; cada quien iba a llorar su dolor y a jalar agua para su molino, y a decir “México está muy mal…” sólo porque en un asalto le sucedió algo, o le quitaron algo, o porque ya no puede salir a la calle con joyas, porque qué miedo y qué calamidad.

Yo no justifico la inseguridad, pero la explico. La última vez que me asaltaron pude ver que quien me atacó era apenas mayor que mis alumnos, y estaba tan nervioso de amenazarme con una navaja como lo estaría cualquier adolescente que tuviera que hacer eso porque cree que no le queda otra alternativa -o porque, efectivamente, no le queda otra alternativa-.

Recuerdo que una vez, en una tienda, la encargada veía en la televisión a Mónica Garza decir que unos revoltosos tenían secuestrado el centro de Oaxaca y por eso no había turismo y que era tan pero tan injusto. En primer lugar me indigna la falta de lógica: ¿por qué no se pone a pensar que un pueblo que tiene sus necesidades básicas cubiertas y mantiene aún su dignidad humana no se pone a armar revueltas sociales? ¿Lo justo es que dejen el centro en paz, para que se vea bonito, y sigan viviendo como viven? En segundo término, me pareció increíble que la encargada de la tienda siguiera atenta al programa, a pesar de que en el egoísmo de Garza -que hace yoga, meditación, sigue atentamente los pasos del Dalai Lama y es, en fin, un espíritu adelantado en su camino al Nirvana- no cabían ella, ni su familia, ni ninguno de los que estorbaron en Reforma o afearon Oaxaca. “Que le corten la cabeza”, grita la Reina, porque quería rosas rojas y sus jardineros las plantaron blancas, porque alguien no le da la respuesta que espera, porque cualquiera se cruza en su camino. “Que les corten la cabeza, quién les manda ser pobres, están así porque quieren, se deberían quedar quietos y dejarnos a los ricos ser felices y ahogar su frustración hacia adentro, porque las miserables condiciones en que viven no son justificación para la violencia…”

No, nada justifica la violencia, pero el hambre, las carencias, la desesperación, las jornadas extenuantes con salarios mínimos, la falta de educación, la ausencia de servicios básicos, ya no digamos de salud, sino de higiene, todo eso junto, todos los días, a todas horas, creo que explican bien los motivos de la mayor parte de los delincuentes. Quiero ver a los marchantes aguantarlo, quiero ver cómo lo manejan, quiero ver si no salen a arrebatar “un mísero celular” (como se quejaba una mujer), quiero ver si no matan en el intento. He visto a gente de dinero hacer cosas verdaderamente ruines por obtener una ventaja mínima que, al final de cuentas, ni siquiera necesitaban tanto.

En fin, la marcha no me importa; su única utilidad fue la de hacernos ver, con exactitud, la cantidad de gente individualista por la que estamos justamente como estamos.

About Nora De la Cruz

Lectora.