Caminando con Alicia García Bergua

En un ambiente que parecía de larga amistad, Alicia García platicó con nosotros para ahondar un poco más sobre su libro Ser y seguir siendo.

-Tu libro comienza con un conjuntos de poemas agrupados en “Metafísica zoológica” ¿de qué trata esta metafísica?

Alicia García: Es un pequeño chiste. Yo me dedico también a la divulgación científica y casi siempre han sido cuestiones de evolución humana del cerebro de los animales; todo eso me apasiona. Todo este libro trata, en parte, de nuestra animalidad, es algo en lo que yo he pensado continuamente, creo que estamos en una época donde cada vez somos más consientes de que somos otro animal mas. Todos los estudios que se están haciendo ahora de evolución y de las características humanas del hombre, supuestamente excepcionales, se va descubriendo que no, que probablemente, en nosotros se desarrollaran de una manera diferente pero son características repartidas de alguna manera entre todos los animales. Un poco la intención de escribir este libro, era hablar de nuestra animalidad.

-Entonces ¿la manera en que se expresa el ser con esa animalidad?

AG: Nosotros tenemos una conciencia del ser, de nuestro ser, que nos separa en mucha medida de todo lo que somos realmente. Hay un poema que menciono que está en este libro de cómo mi perro me ve, de quien soy yo para mi perro.

-Pero también hay relación con el pensamiento y la existencia.

AG: Una de las grandes ventajas de ser humano es que el ser está en muchas partes de ti, está en tus palabras, tus sensaciones,  tus pensamientos. Por eso, me burlo un poco y digo metafísica zoológica. El ser está en esta manera fenomenológica en la que vivimos y del la que de pronto nos observamos como si fuéramos parte de un todo y si fuéramos algo ajeno a la realidad.

-Hay ocasiones en que también se juntan los hechos como en “hechos al margen”.

AG: Ese poema dice que yo y mi perro lo estamos viendo todo, somos quizá los únicos que estamos haciendo una historia de eso, que relacionamos los dos hechos, por un lado, en loco que se queda ahí a dormir y los cuates que vana fajar. Yo creo que en mi poesía siempre han estado muy presente eso, son como todos los niveles de conciencia que tenemos.

-¿Cómo defines le lenguaje?

AG: El lenguaje como invención de figuras, como invención de metáforas, como forma métrica pero personal. El lenguaje en la poesía para mí es eso, es la manera en el poeta moderno reelaborar una memoria, lo que ve, lo que piensa; es la manera de ser y estar como poeta no como persona.

¿El poeta estaría tomando de la naturaleza o agregando algo?

AG: Yo creo que el poeta puede hablar de muchas cosas o no hablar en apariencia de nada como Mallarmé y hacer un poema como muerte sin fin que tiene muchos chistes sobre la vida cotidiana pero a la vez es un poema sobre el pensamiento.

-En “Siendo en Civitella” mencionas que hablar en una lengua extranjera es como estar en otro cuerpo…

AG: Yo creo que sí, hay un poema en mi libro Trama que no te lo podría decir de memoria porque es una pena que no tengo memoria para mis propios poema, pero digo que escribo con mi propio cuerpo, con mi respiración, con mi titubeo, yo sí creo que el lenguaje del poeta es parte de él, de su manera de estar.

-¿Tu residencia en Civitella fue muy solitaria?

AG: Lo que pasa es que llegué en un momento muy grave. Yo dude en ir a Civitella y como yo había enviudado recientemente, es un drama de telenovela mexicana, La mamá de mi esposo se había quedado sola y yo también la había cuidado se me había muerto. Me fui a Civitella porque me dijeron: -tu mamá   lo mejor sobrevive o a lo mejor no- Era mi último chance de esa residencia, entonces me fui allá en una estado anímico muy extraño con un sentimiento de duelo espantoso. Conocía gente padrísima, había un compositor mexicano joven que se llama Mateo con el que hice mucha amistad y le escribí  uno de los poemas para que le compusiera la música, el “Canción” y “Nubes”. En realidad no estaba sola, lo que pasa es que cuando llegas de golpe a un lugar y donde tienes que hablar en inglés todo el tiempo, hice un viaje como de 16 horas para llegar ahí y, claro, estaba en un sueño raro porque además te alojan en un castillo es muy extraño, son todos neoyorquinos; me sentía como si me hubieran trasladado a un mundo raro. Aprovechaba para caminar por los alrededores, por el campo, para describir lo que yo sentía, porque los poeta, casi toda la poesía que uno escribe es una experiencia solitaria

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-Cuando escribes ¿lo haces siempre paseado?

AG: Hay gente que sienta a escribir en un escritorio se prepara y consulta cosas. En general lo que escribo lo pienso caminando y camino muchísimo, paseo a mis perros como tres horas diarias, pero yo, casi todo, lo hago caminando para mí es como pensar. Yo siento que el ejercicio de pensar es también una especie de ejercicio físico.

-El poema con el que abres “Ser en palabras” podría resultar una poética porque “las palabras abruman y libran”.

AG: Abruman y liberan para uno. Para mí, el lenguaje y mi lengua es esencia, en mi poesía es esencial la experiencia pero en la medida en que las puedo poner en las palabras, mi relación con el leguaje es fundamental.

-¿Antes habías encontrado una relación similar con otros poetas?

AG: Ahora estoy escribiendo sobre tres de los Contemporáneos: Owen, Cuesta y Villaurrutia, diciendo que son como los primeros poetas modernos mexicanos que se dan cuenta que el poeta moderno es ante todo una relación con el lenguaje. Entonces, el poeta es lenguaje y ya, de alguna manera, la poesía pasa a otro nivel de lo que estamos expresando a través del lenguaje. El problema es el lenguaje como expresión de lo que sea, para mí es muy importante, yo siento que los poetas, que el oficio de vivir de los poeta, es vivir escribiendo, de alguna manera traduciendo su experiencia en palabras.

-En Ser y seguir siendo hay dos poemas que ya ha sido bien aceptado, los que hablan sobre las bancas…

AG: En realidad tengo mucho apego por lo parques, me encantan los parques, conozco todos los parques de Coyoacán. Siento que esos espacios los necesita mucho la gente para vivir y detenerse, la mayor parte de la gente vive sin detenerse, y las palabras, la poesía sirven para detenerse para estar y para ser.

-En tu poema  “Malitzin” planteas la importancia de la traducción…

AG: Las palabras para el poeta, en general, son de vida o muerte. Imagínate que de lo que ella tradujera dependieran muchísimas cosas, los tenía en sus manos de alguna manera.

-A lo largo del poemario hay muchos guiños a las relaciones de pareja ¿ por qué no dedicarle un poema completo?

AG: Este libro fue hecho en una circunstancia especial, acababa de enviudar, y no quería hablar de eso. No hay poemas de amor, hay una visión de la realidad distante, te siente como marginado aislado cuando pasas un duelo muy grande. Yo quería muchísimo a mi marido vivimos 15 años juntos, la pérdida fue súbita y una cosa muy fuerte, me cambio la vida, de pronto porque yo no tenía hijos, me quedó el perro. De ahí  vienen esos poemas que son visiones extrañas de la gente de la calle. Cuando te ha pasado algo muy tremendo te fijas en todo, yo me fijaba en ese par de indigentes que vivían de una plaza a la otra y llevaban sus cosas como un equipaje  te fijas en cosas en las que no te fijarías normalmente o no forman parte de tu vida. Este libro si está con una mirada muy distinta a mis otros libros.

-¿Todo esto componen las herida del poeta, “la dignidad herida de mi madre”?

AG: Yo supongo que sí, “la dignidad herida de mi madre” no es una gesto retorico, yo nunca hago gestos retóricos en mi poesía. Como poeta escribo con una integridad de lo que siento y pienso, yo creo que incluso para nosotros mismo somos como evanescentes. Si ves detenidamente los poemas de Jorge Cuesta te das cuenta que él tenía esa sensación de que uno se perdía, que uno se iba muriendo en la vida. Yo tengo una idea contraria del asunto, pienso que la poesía nos transmite una plenitud de lo que es uno, que en la vida es difícil de alcanzar de encarar y, más bien, esos poemas están hechos con cosas que yo sé que forman parte de mi, como “la dignidad herida de m madre”, ciertos dolores, no son gestos retóricos, estoy diciendo de esto están hechos mis poemas.

-Cuándo tienes tus libros impresos ¿acostumbras releerlos?

AG: A veces sí, y a veces me gusta y a veces ya no. Lo que pasa es que ahora estoy escribiendo un libro ya muy diferente que habla de cosas familiares pero habla de los Contemporáneos, porque he estado apasionada leyendo eso. Lo que me gusta de cada libros que escribo es como un siclo es algo que fui y que ya no soy en una época, son preocupaciones que tuve y que ya no tengo

-Para terminar ¿cuál sería la misión actual de la poesía?

AG: Yo creo que desde Dante, la poesía ha tenido el gran papel de enriquecer la lectura de las emociones humanas que son un aparte muy importante de la naturaleza humana y; ahí el romanticismo tuvo un papel, pero yo creo que seguimos en eso. Por otro lado, creo que ahora, los poetas somos los preservadores de la riqueza del lenguaje y de la tradición, claro que las vanguardias ha hecho mucho pero, finalmente, las vanguardias se terminan y los poetas seguimos demostrado a las personas que se puede hablar de todo con palabras. En esta época, viendo la televisión y los conductores sientes que si se ha perdido la lectura de la poesía, la lectura en general. Los poetas tenemos la misión de abrirle posibilidades a la expresión de cada lengua.

Con una expresión más amplia del ser y el gusto de compartir el café y los árboles, nos despedimos de Alicia García Bergua con la dicha de una calurosa conversación.

About Tenochca

Poeta en tiempos difíciles, exhumado y muy ocupado. Ha desarrollado su obra poética dentro de un viaje astral que lo ha llevado a experimentar formas y significados. Hoy, desilusionado de su única realidad, decidió poetizar lo que pinta decadencia. Actualmente es estudiante de las licenciaturas en Lengua y Literatura Hispánicas y Filosofía, ambas en la Universidad Nacional Autónoma de México, campus FES-Acatlán.