Fantásmica de Carlos Bustos

Es ya un lugar común decir que las historias de muertos, fantasmas, demonios y –en general- todo lo sobrenatural, son parte de la cultura mexicana.  La literatura, como toda manifestación cultural, no queda exenta y, si bien la literatura mexicana no cuenta con algún equivalente a Henry James, Mary Shelley, Bram Stroker o Guy de Maupassaunt, México cuenta con una larga tradición de mitos, leyendas e historias  -provenientes de la Colonia y el México prehispánico- de un terror más oral, como el de las historias que las tías y abuelas nos contaban de niños.

La colección de cuentos Fantásmica, de Carlos Bustos, se nutre de ambas fuentes: por un lado retoma ciertos tópicos de terror europeo, pero amoldados a una forma más cercana a lo oral. Fantásmica  es una colección de historias de terror reunidas bajo un marco común: la historia del padre Bonaduchi Guardiana, teólogo y sacerdote encargado –por el propio Vaticano- para lidiar con asuntos de demonios, espíritus y entes sobrenaturales.

Me he referido  de manera intencional a los textos del libro como “historias”  y no como “cuentos”, pues no todos los relatos pertenecen a este género: algunos son pequeños relatos o  viñetas que hablan de una situación sobrenatural.  Por ejemplo, “Catacumbas”: una especie de minificción que recuerda a las Ciudades Invisibles de Ítalo Calvino. El brevísimo texto habla sobre una ciudad donde los muertos se levantan,  no para castigar y perseguir  como en el cliché de la historia de zombies, sino para recordar –no sin perturbar- a los vivos, que están ahí y que no pueden irse. O como “Ultraje”, un breve texto que habla sobre un intento de matricidio impedido por la mano amorosa que puede hacer “germinar” cualquier cosa.

Junto a estas pequeñas viñetas conviven historias de tipo más tradicional y ceñidas a la estructura del cuento.  El contexto de las historias varía, algunas van desde decadentes villas europeas, hasta modernas ciudades norteamericanas, pasando por monasterios abandonados, zonas pérdidas en África, o los extremos más fríos de las zonas polares.  Todas bajo el marco común de ser narraciones de hechos vividos por el padre Guadiana o llegados a su conocimiento por la naturaleza de su trabajo.  Al mismo tiempo,  Guadiana es protagonista de su propia historia intercalada entre los cuentos.

El tema de los textos varía; algunas son historias de maldiciones o embrujos, otras hablan de demonios y posesiones diabólicas y otras más tratan de fantasmas que  por alguna razón se niegan a irse de este mundo. Gran parte de ellas retoma mitos (el Arca, Gorgona, el licántropo), o bien, homenajean a obras clásicas de la literatura,  (El conde de Montecristo, “El corazón delator”).

La mayoría de las historias están bien logradas. Sin embargo, algunas adolecen de buscar el horror en el lector de una forma un tanto efectista, abusando de lo gráfico, del impacto de hablar y mostrar huesos, miembros mutilados y vísceras. Tal es el caso de “Extraños en el jardín”, “Room at the top” y “Comimos carne extraña”. Otras más caen en la exageración o se quedan cortas en su desarrollo, como “Maldición“, una historia sobre el poder de los libros, bien desarrollada, pero con el defecto de hacer mención a una obra cuya sola referencia crea expectativas que no se cumplirán; también está “Diablos de Loudun” con un desarrollo y atmósfera bien logrados, pero con un final un tanto efectista, sobre todo tomando en cuenta que el relato es parte de un todo superior, en el cual la sola presencia de uno de los protagonistas obligaría a hacer de este texto una relato más largo.

Sin embargo, es innegable que, cuando el autor no busca el horror mediante el efecto fácil, es capaz de crear atmósferas lúgubres:

“Los frescos de las paredes han sido devorados en su totalidad por una humedad caníbal: el jardín es menos que un osario de árboles esqueléticos, maleza y tierra  tapizada de moho y hongos de apariencia maligna.” O de recrear escenas y momentos terroríficos: “[…] alargué el brazo entre la oscuridad en busca de mi vaso con agua y en su lugar, se enroscó a mis dedos una manita fría como el agua de los glaciares.”

Además, de entre los cuentos bien logrados, hay uno que destaca especialmente: “Piedras del trueno”. Este cuento, el más largo de todos los relatos, es una excelente muestra no sólo de la literatura de horror, sino de la literatura -siguiendo a Tzvetan Todorov- fantástica.

Todorov habla de dos tipos de historias: aquellas donde existe lo sobrenatural, literatura de lo maravilloso (como los cuentos de hadas); y aquella donde lo aparentemente sobrenatural se resuelve de una manera natural, literatura de lo extraño (como la “Caída de la Casa Usher”).  Lo fantástico en el relato es el momento en que el lector duda de qué forma se resolverá el conflicto de un cuento, y que pocas veces  permanece más allá del desenlace de la historia.

Piedras del trueno es uno de esos pocos casos. El cuento, que trata sobre una maldición que persigue a un grupo de astrólogos, realiza un juego con las expectativas del lector: el texto se sitúa desde su inicio en un mundo maravilloso, donde es un hecho que lo sobrenatural existe; aun así, la ejecución del cuento obliga al lector a replantearse la maldición desde una perspectiva científica, de lo extraño. Sin embargo, inmediatemente después, la historia da un nuevo giro que obliga a plantear la historia nuevamente en el plano maravilloso.  Esos dos giros de tuerca no permiten decidir plenamente si la historia es maravillosa o extraña.  Historias que mantengan la duda una vez pasado el desenlace son pocas; historias que mantengan esa duda, planteadas desde un contexto donde lo sobrenatural existe de facto… debo confesar que es la primera que tengo oportunidad de leer una.

Pero no sólo por “Piedras del Trueno” vale la pena la lectura de Fantásmica; muchos otros cuentos y minificciones tienen un buen desarrollo: el texto que habla sobre el mito del Arca, la historia que da explicación científica de las causas que desencadenaran el apocalipsis bíblico, algunas historias que bien podrían convertirse en nuevas anécdotas para ser contadas en una noche de historias de fantasmas.  El autor muestra en la mayoría de sus historias una capacidad para crear atmósferas y situaciones de horror.

Hay que mencionar que, a lo largo de la lectura, pueden descubrirse un par de errores de redacción aunque, por el tipo de error, parecen ser producto de la edición más que del autor mismo. Sin embargo no deben dejar de señalarse, más tomando en cuenta que el libro pertenece a una colección nueva que, como la misma edición señala “abre un espacio  a todos aquellos escritores que quieren compartir su creación, su pensamiento o quizá su anecdotario”.

 

(Fantásmica, Carlos Bustos, de la colección Tinta Nueva, es una publicación de Ediciones Axial de Colofón, puede adquirirse en librerías o directamente en www.colofon.mx).

About Roque

Melómano, bibliómano y medio cinéfilo. No posee conocimientos sobre alquimia, pero tiene la capacidad de transformar el oxígeno en dióxido de carbono.