Robarse un dinosaurio

Hace poco hice la entrevista más corta de mi vida: fue en el metro Ermita, donde Eric Uribares y yo acordamos encontrarnos para que me entregara un ejemplar de Ladrón de dinosaurios, su libro de cuentos. Había en esa cita algo que remitía a Los detectives salvajes, lectura favorita de este joven escritor, pero aunque lo noté no se lo dije. La entrevista que sostuvimos tuvo una sola pregunta: ¿cómo estás? Contundente, Eric responde: bien, bebiendo y escribiendo desde hace dos años. Pienso en Burroughs y en Hemingway mientras él pone una dedicatoria sencilla en el libro, que ya promete.

Durante el trayecto en microbús hacia mi casa leo cada uno de los relatos. No me defrauda: cada uno está planteado y resuelto con ingenio y humor. Creo que esos atributos los desarrolló el autor en su trayectoria como bloguero, con textos desenfadados y críticos, ácidos a veces, que publicaba junto a sus poemas, cuyo tono es otro, más denso. De repente la impresión de encontrar todo eso en un solo sitio podía ser dispersa. Leyendo los cuentos en un solo ejemplar -bien editado, por cierto- uno percibe mucho más el efecto fársico que algunos adquieren. Uno lee “Servicios profesionales”, “Apología a las plañideras” y “Asuntos de fontanería” y piensa “qué ridículos somos los seres humanos”. Y se ríe. Y se queda así, tan ancho. Son relatos que remiten a los de Óscar de la Borbolla: tienen algo mexicano, algo universal y algo absurdo, y aunque en el fondo el sabor pudiera ser amargo, termina por no serlo. Bromas profundas y bien logradas, como deben ser las buenas bromas.

Los relatos anteriores quedan en la orilla del tomo. En el centro, en su corazón, hay siete historias distintas entre sí pero que giran sobre un tema y un recurso similares; el tema es la literatura, más particularmente la creación literaria, el recurso es la metaficción. Así vemos desfilar a una serie de autores que se convierten en personajes: Rulfo, Paz, José Agustín, Jaime Sabines, Vargas Llosa y Augusto Monterroso, usualmente santones literarios, son en estas páginas representados con irreverencia magistral. No son los poetas y novelistas sin parangón, sino seres comunes que se ligan a las encargadas de las paleterías, que tienen pulgas, que vagan por la ciudad y se emborrachan. Como cualquiera. Uribares se burla de los límites de la realidad, los trasciende con humor y nos propone esta cercanía con los ilustres hombres de letras, que son como nosotros…

… Y nosotros como ellos porque, como he dicho, a Uribares le preocupa la creación, y el proceso creativo se le convierte en materia literaria. ¿La revelación de un secreto textual puede surgir, espontánea, del encuentro sexual? ¿Quién es el dueño del cuento, el que lo inspiró o el que lo escribió? ¿De qué cotidianidad se van robando los dinosaurios algunos escritores para luego volverlos cuentos? ¿Quién decide qué es lo bello, lo literario, lo canónico? ¿Quien lo decide tiene la autoridad para hacerlo o la tradición literaria no es más que el producto de las decisiones irresponsables de dos o tres borrachos? Todas estas preguntas que tan solemnemente han querido responder tantos otros, sin conseguirlo, Eric Uribares las convierte en texto con un extraordinario y crítico sentido del humor.

 

Ladrón de dinosaurios, de Eric Uribares, publicado por Editorial Ficticia, está disponible en la tienda en línea de la editorial, y en las principales librerías.

 

 

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Lectora.