¡Madres! cuentos (y precauciones) de maternidad

Bien dicen por ahí que ya no hay madres como las de antes: cabecitas blancas que mortificadas se truenan los dedos mientras sollozan dirigiendo sus plegarias al santo de su devoción, para que regrese el hijo descarriado; madrecitas que cantan tangos o boleros al tiempo que las lágrimas corren por sus mejillas y miran hacia lontananza en busca de una gracia divina que las ayude a soportar sus penas; o mujersotas diciplinarias que rígidas imponen en sus familias las buenas costumbres, y custodian la moral desde el pedestal que el Señor, que está en los cielos, les dotó al concederles la bendición de ser madres… Nooooómbre, désas ya no hay. O las pocas que quedan están jugando tiempos extras cortesía de Gayosso.

¡Madres!… Es una recopilación de cuentos que, en torno a esta complicadísima faceta de la vida de las mujeres, once autoras han escrito para que conozcamos una concepción diferente de estos seres que podemos llegar a ser las mujeres – las que se avientan el albur – al ser madres; cada quien a su muy particular estilo.

A lo largo de los relatos, cada autora nos narra diferentes aventuras o vivencias de las vicisitudes que hoy las mujeres se atreven a reconocer y a contar desde una perspectiva moderna, cotidiana, y ligera, que permitirán a las mamás de hoy identificar situaciones, sensaciones, coincidencias, o disidencias.

En “Control remoto”, el primer relato, Guadalupe Alemán habla de las peripecias que en la actualidad puede implicar la concepción, desde el punto de vista social y personal. Ella crea un ambiente que transita de la situación jocosa, a la reflexión seria. De Guadalupe también es “Círculo vicioso”, un circuito en el que el principio es el fin de las reflexiones de Tania, la protagonista. Mientras ella maquinalmente ejecuta sus faenas domésticas divierte con sus conclusiones, sus preocupaciones, y sus contradicciones.

“Libertad condicional” de Lissette Sutton nos envuelve en la prisa, la carrera, y la competencia en la que caen las mamás que, como un tornado, tienen que competir contra el reloj en la gran ciudad.

Tamar Cohen con “Mi Valentín” y “Calcetas de franela” explora la sordidez de las ligas madre-hijito que pueden llegar a formarse en una relación, y puede llegar a erizar los pelos con las dos tramas espesas. Relatos dulces y corruptos como una fruta podrida.

Y conservando la misma línea, pero con más acción, Ilana Marek aporta los “Vínculos” entre Fernanda, y Santiago-niño-nuevo-en-escuela-gabacha. Una especie de táctica de sobrevivencia sui-géneris de la mamá y el hijo.

“La ronda” que organizan las mamás de Ilana Wolf, y las cavilaciones de una de sus participantes, podría sugerir cierto maquinismo orgánicosupersaludable enfermizo, que este grupo de mujeres condechis pretenden proponer como in. Por otro lado, “La feliz espera”  ofrece un tour por las preocupaciones de una pre-mamá en vísperas de dar a luz, cuando la panza es tan grande como las inconveniencias físicas y sociales.

Tétrica, siniestra y obscurota, Ivonne Saed presenta en “Lucy” su interpretación de la nota roja periodística, un viaje surrealista en “La fila diecinueve” del vuelo de regreso, y nos reconcilia en “Caer” con las relaciones adultas entre madre-hija, este último relato es amargo y tierno.

Por el contrario, Nina Shor divierte montones con su “Animal Farm” que ocurre en un día de las madres dentro de una tienda departamental, el humor negro ligero de ésta aventura contrasta con su “Cenicienta”, que puede hacer que se encorve el espinazo a medida que avanzan las anotaciones de esta mamá linda, linda… tan linda que asusta.

“Inhibidores contra la desilusión” podría sonar sugerente, sin embargo la narración de Ana Alicia Aguirre sobre la triste decadencia de Loreto, su personaje-mamá, extingue cualquier sentimiento de salvación, como podría uno pensar que encontraría con un inhibidor. De Ana Alicia también es “¿En qué estábamos pensando?” que recibe al lector con un baldazo de agua fría: Está por demás que sepas cuál es mi nombre. Me dicen “la mamá de Pablo”, así me puedes llamar. Y con esta crudeza y sangre fría sigue el relato de la mamá de Pablo.

De Carlota Peón son “Ombligo” y “Baby Hotel”, ambas situaciones ácidas, sarcásticas, y de alguna manera frívolas. En el primero una mamá se preocupa sobre el futuro de su ombligo después del parto, la conclusión de que ni éste, ni la vida serán lo mismo que antes de ser mamá es contundente. En el segundo relato uno se divierte mucho, la risa sale fácil como cuando uno se burla de la desgracia ajena, con todo y su fin trágico para el protagonista, y divertido para las almas innobles que contemplan –o leen– el desenlace.

La vecina del “Piso diez” de Gabriela Pezet da testimonio de su terrible depresión en el umbral de los cuarenta años, hasta que algo pasa en el piso de abajo, que la espabila. La serena quietud de la vida aburrida de esta no-mamá urbana, contrasta con la sensacionalista anécdota de “Bote azul” que se desarrolla en el ámbito rural del Perú.

Finalmente entre este jardín de relatos está la breve “Azucena” de Zahie Abadi. Por medio de una relación entre los personajes y las plantas narra su anécdota plena en resignación, enfado y angustia.

Veinte relatos y once autoras construyen este batallón de mujeres ficticias que suenan a realidad. Unas aguerridas, otras muertas en combate, otras meciéndose en el plácido mundo de la sinrazón. Una mirada poderosa y valiente a las ¡Madres! altamente recomendable, que ofrece una lectura ligera en su forma, y vertiginosa en su emoción.

Ahora, si usted es mamá, esposo o hija/o de alguna mamá con aspiraciones a rescatar la imagen de la “abnegada madrecita mexicana”, léalo con el botecito de sales de amoniaco a la mano, por si le da el vahído, el síncope, o el desmayo.

Abadi, Zahie; Aguirre, Ana Alicia; Alemán, Guadalupe; Cohen, Tamar; Marek, Ilana; Peón, Carlota; Pezet, Gabriela; Saed, Ivonne; Shor, Nina; Sutton, Lissette; Wolf, Ilana. ¡Madres! cuentos (y precauciones) de maternidad. México: Textofilia, 2011.

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