La factura de los errores…

El pasado sábado (23 de agosto), el corazón de la ciudad estuvo
sobre ruedas, miles de jóvenes se reunieron en patinetas y
bicicletas al Festival Urbania, evento que tuvo difusión masiva
en todos medios desde aproximadamente un mes antes, financiado
y organizado por Snickers.

Rampas, gradas (para 500 personas aprox.), y un escenario los esperaba
en el Zócalo capitalino… Desafortunadamente la inexperiencia
salió a flote. La desorganización fue brutal, las rampas no
fueron protegidas y como consecuencia invadidas por los chavos,
lo cual provocó que las exhibiciones y el uso de estas fuera
cancelado.

Por ende el enojo de la gente se reflejó al hacer un slam gigante,
en donde golpeaban a los que estaban alrededor y los proyectiles
de plástico invadian el cielo. El calor abrazador mellaba los ánimos.
El audio terrible, estuvieron cerca de tres horas sin música por lo
menos pa’ echar un bailongo en lo que las bandas se subían.

Yo caminaba sobre avenida Juárez a las cuatro de la tarde, contraflujo,
ríos de caras desencajadas, llenas de astio, desencanto, (imagina los
rostros de la gente saliendo del metro Pantitlán a las siete de la
noche), tranpiraban enojo… todos quejándose sobre el evento.
Los policías acargo de los retenes para revisar las mochilas y hurgar
entre tus ropas, estaba totalmente paniqueados al sentir el descontento.

Algunos habían pedaleado desde sus casas, porque no los dejaron
subir al metro con su bicicleta, ahora el reto era regresar a ella…
Por fin los Bunkers se subieron al escenario, la bando tocó sus
éxitos cerca de una hora que fueron coreados y bailados, la gente
que había ido exclusivamente a verlos se retiró de la plancha.

Más tarde la banda treinta y tantos se hizo presente, pero el
rumor de que la Maldita Vecindad había cancelado se
convirtió en un secreto a voces, el colapso se olía en el aire…
Villaseñor (dueño y responsable de las vallas que se utilizan
en los conciertos del Centro Histórico) estaba nervioso, pues hace
diez años le tocó estar cuando el Gobierno del Distrito Federal
canceló a la Maldita en un concierto similar.

“La gente estaba tan enojada que rompió e incendio las vallas,
los negocios de los alrededores fueron vejados, hubo más de dos
mil detenidos y cientos de heridos… lo perdí todo”. Comentó.
Los Dj’s sonaban de nuevo, la gente empezaba a desesperar y la
insertidumbre invadía. Pero una llamada marcó la diferencia…

Se pudo contactar a los Malditos, quienes decidían en ese momento
si iban o no, Roco argumentaba que a la banda se le había
maltratado mucho, que el audio estaba de la chingada y que el
hecho de ir, podría significar que estaban de acuerdo con todo
lo ocurrido. “A qué vamos”. Dijo

La contra propuesta fue, que no se podían permitir que pasara lo
de hace diez años, que no podían maltratar más a la gente y que
no podían actuar como ellos… se tenía que hacer lo contrario.
Roco dijo, “tienes razón, vamos para allá”.
Maldita Vecindad estuvo en Urbania, estremeciendo una vez más
las entrañas del Distrito Federal, seduciendo el escenario y
agasajando a su gente…

“Don palabras”, “Pachuco”, “Solín”, “Un gran circo”, “Pata de
perro”, “El tieso y la negra soledad”, “Un poco de sangre roja”,
“Ya lo pasado, pasado”,”A comer pancita con los agachados que
vengo bien crudo ay… De todo tengo siñor… La tiene suave
muy bien calientita, con su cayito sabroso y gordito, su cebollita
muy bien piadita”… y para cerrar “Kumbala”.

El chamanismo de estos Hijos de la Maldita Vecindad lo dejaron
plasmado, con mensajes de paz, de tolerancia, de rechazo a las
guerras, de amor… la banda se fue contenta, no hubo enfrentamientos
como se esperaba, el desalojo de la plancha fue tranquilo, hubo
lesiones leves… No se perdió un espacio tan importante y
significativo como lo es el Zócalo, por la inexperiencia.

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