Andrés Neuman y Patio de locos

Mucho antes que Sak Noel diera a conocer su famosa afirmación, Andrés Neuman ya había recorrido el mismo camino: “¡Lector! La gente está muy loca WTF”.

 

Neuman ha sido uno de los autores de nuestro tiempo que más rápido se colocó en las grandes ligas de la literatura. Con tan sólo veintidós años ya tenía una novela publicada en Anagrama, varios años después obtendría el premio Alfaguara y con ello el reconocimiento de un público mayor. Este par de acontecimientos, demuestran, no sólo la calidad de su pluma, sino también, la versatilidad de su escritura.

 

Patio de locos es el último libro que reúne sus versos. Publicado bajo el sello de Textofilia dentro de la colección Lumía, Neuman trae una nueva propuesta poética que podría resultar reveladora, o cuando menos, esa fue mi experiencia. No se trata de un libro de poesía común o apegado a la tradición, tampoco se trata de la poesía amorosa a la cual nos tienen tan acostumbrados; los versos de Andrés Neuman son locura, realidad y ficción literaria, son ironía, confusión y duda, son la literatura que mira a la literatura y la realidad.

 

Abundantes son los elementos formales que el lector de poesía espera de ella. Por ejemplo, si recorremos la tradición yendo en sentido contrario, se puede encontrar un incasable interés por las imágenes creadas y, sobre todo, con un sentimiento que se expande hasta llenar los rincones de nuestra personalidad. José Gorostiza escribió: “A veces me dan ganas de llorar,/ pero las suple el mar”. ¿Quién es ese mar que suple y cura el llanto?, ¿dónde se encuentra?

 

En Patio de locos, Neuman plantea una situación similar. ¿Quién cura al los locos del patio? ¿El narrador, el doctor nube, el celador o la enfermera? Aunque la pregunta más adecuada podría ser: ¿Se encuentran enfermos?

 

El autor no abandona a sus lectores ante semejante pregunta y desde un inicio arroja la primera advertencia: “el patio de los locos calienta las baldosas/ dilata los contrastes derrite los cabellos”. No hay un manicomio claro, pero hay locos y un doctor. El narrador, elemento extraño en la poesía, intentará explicar la situación durante todo el poemario: “¡eso se llama asombro! sugiere…” aunque el doctor nube se aferra a la realidad: “eso se llama valium corrige…”. Son, el narrador y el doctor nube, visiones opuestas de un mismo conflicto, al comienzo ambos ven a los locos y buscan ayudarlos: “el género bucólico es una medicina” dice el narrador, pero “la aguja busca el brazo”, es el doctor inyectando la cura.

 

No es común encontrar en un poemario la presencia del narrador. Es aun más sorprendente verlo interactuar con los personajes, preocupándose por describir la situación, intentando adelantarse a ella pero siempre intentando o yendo al baño.

 

El compromiso del narrador se encuentra también en la poesía. Antes de Patio de loco los poetas se preocupaban por la forma de sus versos, existen orgullosos ejemplos que llevaron su ambición a límites muy lejanos para nuestro tiempo. Carlos y Pablo Martínez Gil nos deja ver en tres versos de ocho sílabas toda la expresión de la tempestad: “Chispazo de luz del cielo/ que, en vertiginoso vuelo,/ anuncias la tempestad”. El narrador de Neuman también encontró la tempestad cuando decidió revelarse a la forma: “… protesta el narrado ¡Todo me rima!”.

 

Como es lógico, la poesía de Neuman se encuentra alejada de aquellos cánones que prestigiaban la forma. Sin embargo, esto no significa que la poesía actual esté carente de ella, por el contrario, las estructuras se unen: “La tarde agujereada/ va cayendo/ apunta el narrador buscando un haiku”.

 

Patio de locos busca un lector interesado en penetrar en un mundo desequilibrado. Sin embargo, mientras avance entre las páginas, no será tan fácil definir quiénes son los que realmente están locos.

 

Un loco fuma el aire libre, lanza piedras encima de las bardas, busca la pregunta a la pregunta; todos son locos inmersos en un mundo con sus propias reglas, afrontan miedos y enfrentan miedos -¡el escarabajo!- (el reseñista no sabe lo que pasa pero siente miedo).

 

Los cuerdos de Neuman, sólo se dedican a observar. Pocas veces juzgan las acciones de los locos y cuando lo hacen, dudan. Es complicado trazar la línea que divide a ambos. Se puede ver a los locos vivir bajo sus propias reglas, no dudan de sus acciones y conocen el porvenir, pero los cuerdos desconocen a qué se están enfrentando, no saben a qué responde su comportamiento. Como es natural, los cuerdos dudan de sí mismos, pierden la estructura de sus acciones y el lector, ante semejante situación, reinterpretará la posición de cada uno.

 

El narrador es el tercer elemento que resalta en los versos de Neuman. No impone las acciones, los sentimientos y las descripciones a sus cuerdos y locos, por el contrario, queda fuera, sólo observa y cumple con su trabajo, se vuelve un participante más de sus propios versos. Sin embargo, no deja de ser el narrador que se encuentra “debajo de una lámpara” admirado del hallazgo que Patio de locos representa.

 

Cuando miro la portada de Patio de locos no dejo de pensar que en el fondo Neuman hablaba de nosotros, por lo menos, encontré un parte de mí dentro de sus versos; aun no sé cuál es, realmente no creo llegar a saberlo algún día, pero el camino quedó trazado para iniciar la búsqueda.

 

Estoy convencido de que Patio de locos deja ver los nuevos caminos de la poesía y el está consciente de ello. No sólo recuerda la tradición y se ríe de sus formas canónicas como la rima, también da un paso adelante insertando a un narrador que participa en cada situación y, al mismo tiempo, mira desde su escritorio.

 

Un libro que no dejará decepcionados a los lectores pues cada uno de los locos y los cuerdos, cada una de esas personalidades indescifrables llenarán su mente de dudas. Para explicar las acciones de unos y otros es necesario tomar la lógica como herramienta, mirar los detalles con atención pero hay necesidades que atender… (El reseñista va al baño).

About Tenochca

Poeta en tiempos difíciles, exhumado y muy ocupado. Ha desarrollado su obra poética dentro de un viaje astral que lo ha llevado a experimentar formas y significados. Hoy, desilusionado de su única realidad, decidió poetizar lo que pinta decadencia. Actualmente es estudiante de las licenciaturas en Lengua y Literatura Hispánicas y Filosofía, ambas en la Universidad Nacional Autónoma de México, campus FES-Acatlán.