Asia Performance

La elegancia japonesa en el performance art se presentó, el pasado 5 de octubre en el Museo Universitario del Chopo, bajo una serie de cuatro acciones. Cuatro artistas hicieron partícipe al público asistente de lo que podría denominarse una muestra del arte de acción japonés como resultado de la heredad de la tradición trazada por la experimentación con la danza Butoh, la meditación, el ritual, y la ceremonia perfilada en el mestizaje del Gutai y el Fluxus; desde los movimientos conceptualmente definidos en el avant-garde, que van del ready-made al pronunciamiento del antiarte.

Hablar de performance no es sencillo si de éste no se entiende que es acción pura, que por considerarse así, se elimina la posibilidad del “como si”, de la interpretación, de la simulación, de lo ficcional. Por eso, es necesario ubicarse en el terreno de lo real frente a la ficción o la actuación; en la presentación y mostración que posibilita la reinterpretación de lo tangible; en  lo intencional sin involucrar el fingimiento actoral. El performance, en suma, es acción en su más puro entendimiento y presencia. El artista de la acción no finge que se corta, se corta; no finge que respira, él respira; no finge ser otro, es él mismo.

En entrevista con Shimoda pudimos dar cuenta de que el arte de la acción trasciende el terreno de lo textual. Si bien, su primer acercamiento al arte fue a partir de la poesía, en años estudiantiles de los años 60, en los que los jóvenes se pronunciaban en contra del sistema, de la guerra, de la política, del gobierno. El mejor modo que encontró Shimoda y muchos otros pioneros del performance art en esa parte del mundo, fue hacer del cuerpo más que movimiento, más que poesía, hacer que la poesía trascendiera al papel y el lápiz, hacer poesía corporal en movimiento; action poetry dice Shimoda. En 1969 –recuerda-, se dio cuenta que podía usar su cuerpo en movimiento para expresar algo, que lo podía mezclar con la experimentación que se hacía en aquel momento con la danza Butoh, con las corrientes artísticas del avant-garde europeo y otras formas experimentales que ponían como recurso central lo corporal. El cuerpo, nos dice, es poesía en acción para expresar algo de sí mismo, con un por qué y un para qué, es decir, con una intencionalidad.

El trabajo de Shimoda no incluye las transformaciones como muchos otros artistas; su propuesta, en esencia, busca preservar la libertad de expresión, lo que él es en sí mismo, sus ideas, su filosofía, sus sueños, su visión del futuro. Por supuesto, él sabe que el cuerpo es la forma de abrirse a otras personas; como quiera que sea su arte, busca integrar su visión de los otros y lo que sucede en el mundo y en sus sueños.

La definición de performance art de Shimoda surge a partir del espacio, de las cosas en el espacio, del cómo vives y cómo mueres, del cómo el propio cuerpo, tu cuerpo, se ubica en el espacio y establece una conexión con éste y otros.

El Performance Art presenciado fue como dar un vistazo a las acciones del Gutai de los años 50 o de la Fluxus de los años 60 y 70, fue la suma del arriesgado hacer arte con el cuerpo y del cuerpo en el propio cuerpo.

Primero Watan Wuma. Bien podría definirse en una sola palabra: fragilidad. Sus acciones son la presencia de lo endeble, el cuerpo desnudo y despojado, que a su vez se hace más frágil al enfrentarse a cualquier elemento de la vida cotidiana: el alcohol, el tabaco, el humo del tabaco, el propio rostro ante el espejo, los trozos de un espejo quebrado propositivamente y en los que puede reflejarse lánguidamente una parte del rostro y la auto-laceración para mostrar que sobre la fragilidad del cuerpo, de lo que se piensa aún hay algo más necesitado: la propia fortaleza humana que sobrevive en el no obstante.

WatanWuma

Quizá se diga que a veces el artista de la acción está al filo de la autoinmolación, sin embargo, esto pudiera ser un exceso. Lo cierto es que el trabajo de Seiji Shimoda, mostró la fortaleza del propio cuerpo que lucha contra su propia gravedad, contra su propio peso. De la vulnerabilidad las fortalezas como una renuncia a lo más humanamente endeble que se puede tener: “Vaciar la mente” o “dejar la mente vacía” es sólo una muestra de cómo es posible hacer la afirmación de que sin cuerpo hay mente. La acción de Shimoda, podría definirse como cuerpo puro en acción, por eso inmolación, en éste caso, es reposo en favor de la corporalidad. Es la resignificación del Butoh, la danza hacia la oscuridad, donde el cuerpo busca ser un nuevo cuerpo; donde el cuerpo hable por sí solo como un elemento único de carnalidad desnuda.

Shimoda

Pero la anterior afirmación es una opinión que toma el otro sentido del verbo inmolar. Lo igualmente difícil de entender, además de ofrecer una definición del performance art, es el sentido de la acción que se presencia, en su pureza, en su carácter efímero. Así fue, por lo menos, la tercera acción, la de Osamu Kuroda. Su pieza Chinpunkanpun, palabra japonesa traducible como “abracadabra” o “algarabía”, fue la secuencia de acciones que buscaban la interacción con el público. De esto, tal vez podría decirse que se perdió en escenificciones, en actuaciones –en sentido teatral-, en reverencias para conseguir el aplauso del público, sin embargo, logró lo que busca el happening: la acción colectiva, la acción en complicidad con otros más allá del propio cuerpo que se muestra. En la complicidad Kuroda mandaba saludos y reverencias, mandaba besos y los recibía, recibía reclamos, “queremos performances” gritaba alguien; recibía aplausos  y regresaba al espacio escénico para recibir más aplausos. La interpretación: recordaba a los rituales de té, a los artistas callejeros, a la pantomima, a los merolicos ofreciendo curaciones mágicas con su canto. Se movía como un Bunraku encarnado, una marioneta poseída para ser el vehículo de los dioses con los humanos ofreciendo protección y sanación; quizá una reminiscencia del Kyogen, quizá sólo un pretexto para ser un motivo de observación para otros en el escenario.

Kuroda

La última pieza, la de Atsuko Yamazaki, fue la simplicidad, la hospitalidad y la ceremonia dedicada a la belleza y la contemplación; el perfeccionamiento de los movimientos suaves y elegantes; la presentación, el acto de hacer participe al público de forma delicada y humilde. Si la ceremonia del té ha sido realizada por siglos y es reflejo de la armonía y la cultura japonesa, es porque existe una dedicación; en este caso de llevar la vida cotidiana al arte, a la acción frente a una audiencia que con mirar, se hace partícipe del ritual centenario.

Yamazaki

Para cerrar, vale la pena decir, que el performance art puede ser entendido si se está dispuesto a observar desde la más humilde experiencia estética antes de establecer definiciones.

About Tornado Intempestivo

He trabajado en una aeronave en el fondo del mar, por lo que también sé lo que es vender pescados a la orilla de un río. A veces soy la modelo perfecta que se mira en el espejo diciendo -obviamente al espejo- que la convención de la memoria es un espejo lleno de pasta de dientes. También he escrito mis más grandes líneas en el cielo usando a la luna como pretexto para no dormir y beber vino toda la noche –de cualquier modo la luna es una pelota llena de vino, sólo hay que exprimirla tantito-. Por cierto, no me dedico a los hongos, pero he dedicado gran parte de mi vida a ellos; por ello me considero experta, que no es lo mismo que profesional. He sido desde jala-cables, barrendera, lava loza, hasta amaestradora de leones y de otros animales y parásitos. Desde ojera hasta sordera, y de silencio a alta voz. De adorno hasta gran productora de adornos. También he sido una mujer cosmopolita, pero lo que más me gusta de esto es el cosmos. Aún escribo, camino, sueño y respiro mi vida; por eso, los próximos años me dedicaré a caminar entre la orilla del abismo y la gran pradera, en donde juegan otros, se divierten y asolean, mientras escribo sobre la industria de las pornostars y los playboys.