Aura Penélope Córdova: todo lo que me interesa va alrededor de la ausencia

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Hace unas semanas, Posdata Editores presentó un libro intesante en su planteamiento: Locus: Variaciones sobre ciudades, cartografía y la torre de Babel. Se trata de una serie de textos que giran en torno a la idea de los mapas, pero a partir de ella transitan por otros linderos, como la memoria, las ciudades y la propia creación. Se trata de una obra peculiar, escrita por una autora joven que se atrevió a ingresar en un territorio que a veces parece inexplorado: el del ensayo. A propósito, charlamos con ella, sobre este libro que comentaremos pronto en este mismo sitio.

Fábrica de Mitos: ¿Cuál es el proceso de esta obra? ¿Cuál es el germen y cómo es el proceso de organizarla y armarla?

Aura Penélope Córdova: Primero, de la forma más superficial en que empieza este proyecto es por una beca de la Fundación para las Letras Mexicanas. Yo había entrado con otro proyecto que era de literatura de Europa del Este, pero después de un año me di cuenta de que era un proyecto muy grande y que no lo iba a terminar, así que decidí ponerme a hacer otra cosa que también me gustaba que era un libro sobre ciudades y sobre mapas. Pero no me interesaban la ciudad y el viaje como experiencia, porque para eso ya hay libros de viajes y hay ensayos de viajes muy buenos, como los de Magris por ejemplo, lo que me interesaba convertir esa experiencia en una metáfora, en algo significativo. Igual las ciudades, por eso se llaman ciudáforas, como una experiencia más bien intelectual y simbólica que como una experiencia física, de viaje. Ya había escrito un ensayo que se llama “Ciudades vampiro” que tiene que ver con lo que uno se imagina de una ciudad cuando lee, por ejemplo, Kafka nunca te dice que es Praga pero tú sabes que es Praga, entonces tienes en la cabeza esa imagen de una ciudad y un ambiente muy determinados y cuando vas a Praga es completamente diferente, entonces es algo así, y me interesaban sobre todo los estratos históricos y los estratos simbólicos de cada ciudad que sé que pueden significar para alguien, para un lector. Entonces, de lado de las ciudades es eso, experiencias simbólicas y metáforas. Y lo de la cartografía es una obsesión que tengo, es un gusto que he tenido por las cosas viejas en general pero la cartografía me gusta mucho porque es el objeto de lo simultáneo, es un objeto muy sintético, puedes condensar en un solo plano diversas partes de una realidad, no solamente el espacio y el tiempo, sino un discurso histórico, un discurso político…

FM: Como en la literatura…

APC: Exactamente, ahí se analoga la lectura y hechura de mapas con la lectura y escritura de libros. Tiene que ver mucho con el desciframiento. La literatura es simbólica a nivel no sólo de figura retórica, vaya, de metáfora en un primer nivel, que es sustitución, sino también a nivel discursivo. Por ejemplo, Cavafis, en sus poemas sintácticamente y gramaticalmente no había tanta metáfora, pero todo el poema en sí era una gran metáfora, sin que utilizara el discurso retórico de manera tan evidente. Entonces algo así me interesaba hacer y aquí vienen los varios niveles de lectura, tanto de la literatura como del desciframiento de realidades tan abstractas y tan subjetivas como es un mapa.

FM: Tu texto es un ensayo pero haces uso de recursos que pertenecen a otros géneros, ¿cómo tomaste las decisiones estilísticas o formales para configurar este ensayo?

APC: Yo siempre he pensado que la literatura, o al menos todo lo que yo escribo es autobiográfico en cierta medida: no tengo que estar necesariamente hablando de mí pero es evidente que si a mí no me interesaran los mapas no habría escrito nada de esto. Pero la paradoja es que a mí no me parece interesante que a mí me gusten los mapas, o me parece que si yo encontrara como lectora un libro que me dijera “a mí me gustan los mapas, porque lo simultáneo y lo simbólico…” yo diría “bueno, ¿y a mí en qué me enriquece que a ti te gusten o por qué me debería de importar?”. No hay realmente un diálogo, sólo me estás contando tu gusto y no hay en realidad una relación con lo que me pueda interesar, porque lo que le pasa a uno no es importante, porque lo que le pasa a uno no tiene sentido, pero lo que le pasa a un personaje sí, porque está inscrito dentro de una trama narrativa que incluso si es que no hay sentido, como en Esperando a Godot, en realidad lo que te está ilustrando es que la vida no tiene sentido, pero ése es el sentido de la obra, porque la obra tiene un sentido en sí misma aunque la vida no lo tenga.

FM: Pero es que en la obra eso es lo que quieres corregirle a la vida…

APC: Exactamente, como la vida no lo tiene te pones a escribir pensando que tal vez lo pueda tener. Ésa es la pregunta: en realidad no hay una respuesta. No se puede estar seguro de que al final la obra va a tener un sentido pero eso es lo que al final uno está buscando. ¿Por qué meter un personaje? Porque el hecho de que alguien esté perdiendo la memoria y decida cartografiarse a sí mismo, me parece que hay una congruencia con eso, es una estrategia de supervivencia, de aprender lo último que le queda, es la intención de darle sentido a ese personaje.

FM: ¿Cuál es la gran afirmación que subyace en tu libro?

APC: Yo creo que escribir algo sí es una lucha contra la muerte, en un aspecto no arrogante ni presumido de “quiero vivir para siempre y quiero que todo el mundo me lea”. Es una estrategia de conservación, no necesariamente para los demás sino para uno mismo. Ahora estoy en un proyecto de autobiografía y es muy curioso porque a mí la autobiografía no me llama tanto la atención, porque a veces pienso que es exhibicionismo literario, muchos autores posan para las cámara, o bueno, para el libro. Sin embargo, hay un lado muy humilde en escribir lo que a uno le está pasando que es exhibir todas esas debilidades y todas esas partes endebles y todos esos fracasos también, porque uno no escribe una historia de éxito, en realidad está escribiendo sobre una ausencia. Todo lo que me interesa va alrededor de la ausencia o de la falta de, o de la carencia de, o la imposibilidad de, por algo. Entonces creo que finalmente escribir, no para los demás sino para uno, sí es una lucha contra la muerte e incluso, aunque parezca paradójico, también contra la vida, porque la vida es muy aburrida.

FM: Es curioso que te pregunto por las afirmaciones y concluyes que escribes a partir la negación…

APC: Es que estoy convencida de que a mí no me pasa nada, por eso digo que la vida es aburrida, tal vez mi vida es muy aburrida pero tengo amigos que han viajado un montón y que han hecho un montón de cosas y que han visto –no es algo que yo envidie- la violencia que hay en el país de primera mano. Entonces, a mí no me ha pasado nada de eso, yo no he tenido grandes experiencias, no me ha pasado nada extraordinario, en realidad no he tenido grandes pérdidas y tampoco he tenido una infancia horrible, vaya, me faltan tragedias…

FM: Pero también a Madame Bovary, ¿no?

APC: Exactamente, y ahí volvemos a los libros, que más que un refugio son una rebelión. Sí es un poco intentar hacer su historia: a todos mis personajes nunca les pasa nada pero piensan que algo es importante.

FM: Es importante que un libro sobre mapas y cartografías tiene como como hilo conductor la memoria, ¿por qué?

APC: Porque la memoria es importante tanto si existe como si no existe. Es decir, si recuerdas como Funes el memorioso absolutamente todo, es un problema, y si no puedes recordar nada también es un problema. La memoria es parte de la identidad, uno se construye con base en recuerdos. No puedes afirmar quién eres si no has hecho una selección de tus recuerdos, porque también uno elige qué recordar y qué parte de eso vas a integrar a tu historia. Los recuerdos que uno escoge y también los que modifica… Porque la memoria es como imaginar hacia atrás, porque no se puede estar seguro de que lo que uno esté recordando es cierto, entonces tampoco es algo real, y si lo ves por ese lado la identidad de una persona está basada en algo imaginario y subjetivo. Entonces, tú puedes tener una idea de ti mismo pero los demás te pueden ver como otra persona que tú ni siquiera te imaginas. La cartografía también es una metáfora de la reconstrucción de la memoria.

FM: ¿Crees que hay cartografía porque tememos la incertidumbre? ¿Para ti la escritura está conectada con la incertidumbre?

APC: Creo que sí, creo que uno no escribe si no se estuviera preguntando algo. Bueno, yo no escribiría si no me estuviera preguntando algo. Por ejemplo, cuando llegaron los primeros marinos con Cristóbal Colón al nuevo continente venían muchas fábulas a la cabeza, en primera ellos pensaban que habían llegado a otro lugar e incluso cuando ya había hecho su trabajo de exploración tanto en México como en Suramérica y Brasil se crearon muchas leyendas, y ya estamos hablando de que llevaban gente que se supone que sabía cómo explorar, y aún así crearon muchísimos mitos. Creo que tiene que ver mucho eso con la escritura, uno no escribe sobre algo seguro. Por eso creo que me niego un poco a escribir autobiografía o lo considero un afán testimonial, y me gustan las autobiografías que manejan metáforas y símbolos a nivel cotidiano. Por ejemplo, la autobiografía de Elías Canetti y la de Thomas Benhard. Benhard se convierte en héroe de su propia historia, no sabes en qué parte está diciendo lo que le pasó y en qué parte está fabulando, y no importa en realidad, porque en esa intención crea toda una cosmogonía que para él es real y es completamente verdadera. Es muy bonita la autobiografía de Bernhard porque no odia tanto como en sus otras novelas, no hay tanto odio, hay mucha ternura y te conmueve mucho. Y la de Canetti te das cuenta de que todo es verdad pero el problema es que Canetti, lo dijo una vez González Torres, posa para las cámaras un poco y te cuenta cómo desde los diez años ya hablaba tres idiomas, y cómo estuvo en Suiza y en Inglaterra, y es un recuento de lo que quiere mostrar, de una infancia y una juventud completamente intelectuales, mientras que Bernhard estaba castigado en un internado, a mí me parece mucho más interesante esta victimización, que fue escritor y no pudo ser músico entonces ahí también está la ausencia o la falta.

FM: ¿Qué temas se te quedaron pendientes por explorar?

APC: En la parte de “Ciudáforas” me quedaron muchas ciudades que no pude meter porque el libro está dividido en 33 ensayos, entonces el ensayo central es el de “La Rosa de los Vientos”, el número tenía que ser cabalístico, entonces por ejemplo no metí Berlín, que es una ciudad que quería meter porque me gusta mucho, es una ciudad que no tiene centro como el resto de las ciudades. Me quedó también pendiente en las figuraciones de la ciudad yo quería explorar todas las maneras posibles en las que una ciudad surge: mediante una leyenda, mediante una invasión, mediante una profecía… Me faltaron muchísimas, no se puede abarcar toda la gestación de las ciudades en tan poco espacio. Me quedaron pendientes cosas sobre la navegación. Digo, todo esto no está hecho desde un ángulo científico, yo no soy una experta ni pretendo serlo, es una obsesión y soy completamente amateur, yo escribo sobre lo que leo y lo que acumulo, y creo que es más sincero porque no pretendo enseñarle a nadie nada. Es simplemente la exposición de una obsesión.

About Nora De la Cruz

Lectora.