Brama: obsesión y entraña

No se puede explicar algunas cosas: tener pendientes -lecturas, trámites, obligaciones- y, a pesar de ello, abrir un sobre que no lleva más que la indicación de que es uno el destinatario y que quien envía es una editorial, y como consecuencia caer en el sillón, en la alfombra, en la almohada, entregada a un libro que muerde y no libera hasta que es llaga.

Así me pasó con Brama.

El primer acierto es la edición, claro: la portada rosa con una fotografía bien elegida -distintivos de la colección a la pertenece: La Sonrisa Vertical. Claro que la colección misma es un gran gancho también: uno sabe que encontrará un relato erótico suficientemente bueno como para encontrarse al nivel del resto de la serie (lo cual no es poco decir, si pensamos que entre los autores publicados en ella se encuentra Bataille, y entre algunas de sus obras más célebres, Las edades de Lulú). El título, polisémico, ya remite a animalidad, a sexo puro y violento. Todo es promesa.

Entonces comienza la lectura: siete secciones, siete voces, un episodio que enmarca obsesiones apasionadas y tenaces. Brutales, sin que el adjetivo sea exagerado. En la primera frase el autor conecta un golpe contundente, y consigue mantener la fuerza de su prosa c0n frases compactas, adjetivos cargados y precisos, juegos de sentidos ambiguos pero no desbordados. Por momentos todo es contención: se delimita el espacio, el conflicto, el carácter de los personajes, las anécdotas en torno a las cuales girará el libro entero: dos hermanos llegan a la casa de sus padres después de que ellos han muerto, para disputar no sólo una herencia, sino el poder que, hasta entonces, ha sido ejercido por el mayor – Bèla – con violencia animal. En medio de la guerra se encuentran dos mujeres, codiciadas y poseídas en algún punto por ambos.

Miklos consigue, con aparentemente pocos elementos, un relato de gran riqueza. Con un suspenso logrado apenas con la parquedad de ciertas frases y sin siquiera jugar a esconder y revelar datos, apuesta a la sinécdoque: ofrece los fragmentos adecuados, los vistazos precisos, los trozos sórdidos de carne o rencor o locura o violencia. Muestra con gran inteligencia la comprensión de un hecho simple: que no todo sexo es pasión -puede ser inercia, tedio, mecanismo de ataque o defensa- y que no toda pasión es sexo. En esto se sustenta el libro, en la entraña penetrada o en la carne turgente, pero también en lo similares que son esas urgencias con las de la ambición, el rencor, el deseo de venganza, la frustración… El grito de la bestia en brama es también bramido de furia o dolor. Y aunque todo pareciera víscera, flotan en el aire del relato cuestiones profundas como los traumas infantiles, los ejercicios -masculinos y femeninos- de poder, la virilidad misma, los lazos familiares y su (¿falta de?) significado, la vida como tedioso fardo, o como pugna o condena.

Brama es, en fin, una novela contundente y lograda, que no decae nunca y se extiende en sus sentidos (la polisemia, la adjetivación, los nombres cargados de significado, la creación de un micro-universo semejante a los de Sade, por ejemplo). Elocuente, para definirla en sus propios términos.

 

– David Miklos. Brama. México: Tusquets. Colección La Sonrisa Vertical. 2012.

 

 

 

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Lectora.