Chris Abani: “¿Qué más podría hacer sino escribir?”

Foto tomada por: Claus Gretter

Tengo que decirlo: yo era el tipo de persona que no leía nada que no estuviera consagrado: la literatura que hubiera pasado la prueba del tiempo y de las traducciones. Así, mi incursión en la narrativa contemporánea es muy reciente: apenas hace unos años comencé a leer libros de autores vivos y creo que ha sido poco lo que ha logrado sorprenderme. Además, como lectora maliciosa tengo mucho más tiento y me reservo mi entusiasmo, no vaya a ser que me deje llevar por fuegos fatuos que luego no resulten ser literatura de verdad.

Pienso en esto y lo digo porque me acaba de ocurrir algo que no me había sucedido hace mucho: leí una novela y me impresionó tanto que quería abrazarla, llorar con ella, no despedirme nunca de sus personajes e ir por la calle diciendo a cada persona lo que me acababa de encontrar en esas páginas. Así de fuerte fue la conmoción que me produjo Canción para la noche, novela de Chris Abani impecablemente traducida y publicada por Sur Plus (editorial orgullosamente oaxaqueña).

La ventaja de los autores vivos es que a veces se puede hablar con ellos: los tiene uno de frente para agradecerles la experiencia que nos propiciaron y para indagar un poco sobre ella. De Abani yo sabía apenas lo que decía la solapa del libro: que nació en Nigeria, que ha estado escribiendo desde los 16 años y que había padecido el encarcelamiento y la tortura a causa precisamente de sus escritos, los cuales también representaron la redención en forma de premios literarios, becas y una plaza de profesor en la Universidad de California, Riverside. Con esta breve información biográfica y mi lectura emocionada de Canción para la noche (junto con mi ejemplar, listo para ser firmado) llegué a la Casa Refugio Citlaltépetl, donde me encontraría con un hombre enorme, afable y generoso, con quien sostuve esta conversación.

Fábrica de Mitos:  Éste es el primer libro tuyo que leo, pero sé que has escrito otras cosas. ¿Cómo dirías que se relaciona esta novela con el resto de tu producción?

Chris Abani: Ahm… Recientemente, desde el 2004,  he publicado cuatro libros que forman un cuarteto. El primero fue Graceland, que es acerca de un imitador de Elvis nigeriano, pero dentro de ese libro estaba la historia de una niña que sufrió un abuso terrible, llamada Efwa, y un niño soldado llamado Innocent. Así, Efwa se convirtió  en el libro llamao Becoming Abigail; Innocent se convirtó en Song for night (Canción para la noche, Sur Plus, 2011);  y el imitador de Elvis se convirtió en The Virgin of Flames, así que todos están conectados pero todos son acerca de cómo uno se vuelve consciente y cómo uno encuentra la redención en los lugares más oscuros, y cómo podemos sanar y cómo podemos continuar y cómo es posible que incluso en medio de las cosas más difíciles siempre haya amor. Así que este libro cierra el ciclo de obras que plantean esas preguntas.

FM: Esta novela es acerca de un joven que enfrenta la guerra y la supervivencia en ese tipo de circunstancias, pero el lenguaje es un tema central. ¿Por qué?

CA: Bueno, porque es una creencia de mi cultura que el mundo existe dentro del lenguaje: el mundo material está hecho de la lengua que hablamos, no existe fuera del lenguaje. Así que nosotros creemos que todo lo que existe en el mundo material es un reflejo de algo que existe en un mundo inmaterial, y el puente entre esos dos lugares es el lenguaje. Y ya que el personaje habla en igbo, que es la lengua de esta cultura, necesariamente se enfoca en cómo el lenguaje es lo que transforma, porque el propio lenguaje fuerza eso en la narración.

FM: Como sabes, en la cultura occidental no se conoce mucho de la literatura africana, pero como un escritor africano, ¿qué crees que tu cultura aporta a tu obra?

CA: Mi cultura lo aporta todo: simplemente el lenguaje es un producto de mi cultura. Mi filosofía, mi visión del mundo, mi religión, todo influye en mi obra. Incluso cuano era católico, pues la manera en la que se practica el catolicismo en África es diferente de la de Roma… Así que todo lo que soy es esencialmente el producto de una cultura, pero entonces tengo múltiples culturas: fui criado como igbo, pero tuve una madre blanca inglesa, y mis influencias televisivas fueron las películas de Bollywood, la televisión norteamericana, las telenovelas mexicanas, la televisión australiana… Así que de muchas maneras mi cultura es una cultura cosmopolita moderna, y todo ello es llevado a lo que escribo.

FM: ¿Cuáles dirías que son las ideas que corren a través de toda tu obra?

CA: Las ideas principales que atraiesan mi trabajo son, nuevamente, la idea de que el lenguaje es la realidad última, que todos podemos encontrar un hogar en el lenguaje y que el lenguaje puede cambiar el mundo en el que vivimos. Es una fe completa en la idea de que los escritores africanos muestran la humanidad de la gente de África; mi trabajo dice fervientemente que todos compartimos una humanidad común, así que todos somos humanos en las mismas formas: todos fracasamos y triunfamos de la misma manera, y todos queremos lo mismo… Lo único que nos separa como seres humanos son las especias que usamos para cocinar, porque son lo único que es específico de un lugar determinado.

FM: Es cierto.

CA: ¡Sí!

FM: Y es una hermosa idea.

CA: Sí…

FM: Y después de que tú mismo has pasado por circunstancias muy difíciles, noto que tu personaje principal es una prueba de que aún tienes fe en la humanidad. ¿Cómo?

CA: Bueno, je, creo que cuando ves lo peor de lo que la gente es capaz simultáneamente están las cosas más grandiosas. Yo pasé un tiempo en prisión por mis escritos, y no me llevaron a una prisión especial, sino a una general, con gente realmente mala, y esa gente mala hizo muchas cosas buenas por mí… Yo estoy vivo hoy gracias a mucha de esa gente mala, y así fue que aprendí que la gente mala a menudo hace cosas buenas y la gente buena a menudo hace cosas muy malas, y llegué a valorar lo difícil que es ser bueno. Sin importar lo que puedas ver, puedes darte cuenta de que la mayor parte de la gente termina haciendo cosas malas porque intentaban hacer cosas buenas: alimentar a su familia, tener una vida mejor… Así que para mí es muy difícil hacer ese tipo de juicios; creo solamente en la idea de la gracia: algunos de nosotros tenemos la suerte de tener una gracia que está más allá de nosotros y nos redime.

(Nota de la traducción: Chris Abani usa el término inglés “grace”, que puede significar cualidad o favor; noto que puede equipararse con la palabra ashé / axé, que significa un bien material, una bendición o suerte).

FM: De acuerdo, las últimas dos preguntas, que son las más difíciles. La primera: ¿qué significa la literatura para ti?

CA: La literatura para mí significa… es básicamente el repositorio de toda la humanidad, de toda la raza humana en el tiempo. Es lo que contiene la memoria humana, lo que contiene el deseo humano, que se mitiga sin la presión de lo que llamamos “hechos”. Así, nos permite casi como una meditación llegar a una verdad más profunda, que a menudo contradice las cosas que vemos, pero eso es lo más importante. Eso es la literatura, creo que se convierte en una expresión de los más profundos ideales humanos posibles. Incluso la literatura que no tomamos en serio, como las novelas romáticas, son un reflejo de la sociedad, que nos dicen cómo actúan los hombres y las mujeres, así que la literatura es de muchas maneras la encarnación de la experiencia humana.

FM: Finalmente, ¿por qué escribes?

CA: Escribo porque no podría no escribir, pero también escribo porque soy un muy mal músico (ríe). Mi primer amor siempre ha sido la música, creo que paralelamente la literatura y la música, y si fuera un músico realmente bueno no estaría escribiendo, porque el lenguaje de la música trasciende, no requiere traducción, le habla a la gente o no, y creo que hay algo muy puro en eso, algo que me gustaría encontrar. Toda mi literatura es un intento de hacer música, de crear un lenguaje suficientemente puro como para que, incluso al ser traducido en múltiples idiomas, conserve esa pureza, no en un sentido de bondad, sino en el de ser casi como un espejo que te permita ver lo que quieras ver. Entonces por eso escribo, y también porque nada más ha llamado nunca mi atención: publiqué mi primera novela cuando tenía 16 años, ahora tengo 44… ¿Qué otra cosa podría hacer, que no sea preparar hamburguesas?

 

 

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Lectora.