Cordelia

Cordelia caminaba sin prisa, sentía los pasos detras de ella. Ese hombre otra vez, cada noche lo encontraba  cuando salía a caminar por las calles de
la Col. Narvarte, su rostro le parecía tan familiar, pero invariablemente, al llegar a casa ya lo había olvidado.
Lunes por la mañana, llega temprano a la oficina, su aburrido y deprimente trabajo de asistente es todo lo que tiene. Enciende la computadora, algo no funciona bien, después de intentar todo lo imaginable, se introduce a ese mundo multicolor de cables que habita debajo de su escritorio.  Ahí está, un cable deliberadamente cortado. Ese siniestro personajillo de la oficina de al lado se empecina y ocupa cada segundo libre en hacerle la vida miserable. Suspira y se dirige a la oficina de su jefe para intentar parar la situación, lo único que recibe como respuesta es: Hay Cordelia¡¡ deberías tener mas sentido del humor.  Se sienta frente a la computadora y siente lagrimas escurriendo por su rostro, no le sorprenden, hace mucho que las esperaba.
Las seis de la tarde, afuera llueve y camina hacia el metro, ese virus naranja que carcome las entrañas de la ciudad incesantemente. El vagón lleno de zombies , muertos vivientes que se miran sin hacerlo; ahi están, los eternos vendedores de sueños caducos, libros en blanco para mentes atrofiadas, lamparas diminutas que no conceden deseos, yoyos que resplandecen en la oscuridad de la miseria, discos con canciones que no han sido creadas. Al fin llega a la estación del león, sale apenas respirando de entre el mar de gente que la empuja a la calle.
Oscuridad.
La lluvia vino y se llevo la luz, algunos vecinos parados a media calle, otros silbando, como si eso fuera suficiente para hacerla volver. Abre la puerta del edificio, su púber vecino saca la mano que escondía debajo de la blusa de su novia y la saluda. Llega al pequeño departamento. ¿ursu? Llama a su gato que ya casi no habita en casa. Busca algo que comer, solo encuentra sopa instantánea – la precariedad no es solo anímica- piensa apenas sonriendo.  Camina hacia la recámara, lanza un beso a la fotografía que no mira en la pared, solo sabe que ahí está –no te extraño, solo te recuerdo-.  La soledad se hace intensamente insoportable, el aviso para la caminata nocturna, aunque afuera aún llueve.
Las calles de la colonia solían ser evocadoras y hermosas, se han tornado sombrias, los árboles viejos no son nostálgicos sino moribundos; la lluvia toma una fuerza descomunal, Cordelia apenas puede respirar con el viento enfurecido en su rostro, camina sin prisa, como quien conoce el camino.
Detras de ella, los pasos otra vez, ese hombre , camina mas a prisa, no quiere voltear, la lluvia torrencial ha activado las alarmas de los autos, los bancos, el la sigue. –Cordelia- Una voz lúgubre y cavernosa pronunciando su nombre. Lo mira, es un hombre alto, lívido, de grandes y hundidos  ojos negros que la miraba profundamente.- Yo se que piensas en mi todos los días, aunque trates de esconderte estoy siempre contigo, me deseas…Soy tu maldad, dijo sonriendo- Abrió su amplio abrigo negro y le mostro una daga que resplandeció en la oscurdidad. Al otro lado de la calle , una hermosa mujer los miraba, llevaba puesto un vestido rojo que contrastaba con su piel blanquísima, los miraba tiernamente, como superpuesta en la realidad que ahora parecía de papel.  Cordelia tomó la daga y se dirigio hacia ella, se abrazó a su cuerpo, aspiro el húmedo olor de su cabello, sintió la suavidad de su piel, la mujer acerco sus labios a los de ella, la beso cálidamente, mientras Cordelia hundía la daga en su espalda, sintió la sangre tibia resbalando entre sus dedos. La recostó en el suelo, pudo ver como la sangre corría mezclada con el agua de lluvia, como si el vestido se destiñera …  La mujer la miró. –Cordelia, soy tu cordura…-  Cordelia sonrió y le dió un último beso.
La luz regresó, la lluvia cesó.

About Fátima De Zombie