Crónica de un dormitorio gringo

Son las dos de la mañana. Te levantas un poco inconsciente y adormilada por un vaso de agua, y de repente… ¡CRASH! ¡Al piso! Se te olvida que desde agosto duermes en una litera y que tu cuarto ya no es sólo tuyo. Ves una luz prendida y a una rubia con mirada escéptica y unos mini shorts rosas de Victoria’s Secret viéndote: ¿Estás bien? ¿Are you all right? Con un fuerte dolor en la espalda y todavía semi dormida, respondes asintiendo la cabeza mientras corres al baño a lavarte la cara. Por “baño” me refiero al cuarto minúsculo que compartes con tres chicas más, el cual consiste de un excusado, un espejo y un lavamanos. Miras cautelosa tu cara en el espejo mientras piensas ¿En qué demonios me he metido?

Uno habitualmente tiene idea de cómo son los dormitorios por películas y series con estereotipos de universidades gringas, en las que los alumnos viven dentro del campus en edificios bastante piteros y grandes. Los chavos y chavas que se alojan ahí (y en toda la universidad casi casi) por lo general son bastante alocados, se dedican a tomar y ponerse hasta las manitas noche tras noche, hay un alto índice de promiscuidad, etcétera. Series como Greek y Blue Mountain State en MTV, así como películas tipo American Pie son una clara representación de la estereotípica vida universitaria gringa, que en mi opinión, al menos en Indiana University, no dista mucho de la realidad.

Sin embargo, los dormitorios gringos no son como los pintan. Creo que son mucho peor. La brillante idea detrás de un “dorm” es juntar a cientos de estudiantes “freshman” (primer semestre de la carrera) y forzarlos a convivir por un año juntos para que “socializen”. Y sí socializas. Y sí, conoces gente. Pero el proceso dista de ser fácil o cómodo. Para empezar, te enjaretan un “roomate” (compañero de cuarto) por dos semestres. Y no roomate de compartir apartmanto o compartir baño, sino roomate en toda la extensión de la palabra: compartes EL cuarto, día tras día. No hay nada que te separe de verle la cara a esa persona diario, careces de privacidad y de un espacio propio. Creo que nunca valoré lo bello de algo tan simple como una puerta. Es algo que damos por sentado porque siempre lo hemos tenido, pero cuando te lo quitan te das cuenta de la falta que hace.

Por si esto fuera poco, hay baños “comunales”: cinco regaderas (separadas una de otra) para todas las chavas o chavos del piso. Sí, cada que quieres darte un reagderazo tienes que salir al pasillo en toalla o bata con una canastita con tu shampoo y demás productos de tocador. Y sí, el dormitorio es co-ed (hombres y mujeres se dedican a “convivir” libremente en todos los pisos), así que no es una sorpresa que alguna de las veces que salgas, algún güey rondando el pasillo te vea en toalla. Las regaderas distan de estar requete limpias (he oído que las regaderas de mujeres están mucho más limpias que las de hombres, lo cual me da escalofríos… las regaderas de los güeyes deben ser una reverenda porquería). Hay bolas de cabello en las coladeras. Hay gente que se cambia AFUERA de la regadera como Juana por su casa y como Dios las trajo al mundo. Es la experiencia más incómoda por la que he tenido que pasar. Bañarme en un lugar donde no requiera de chanclas de plástico se ha vuelto todo un privilegio.

Llegas en la noche a tu cuarto después de un día de clases, entrevistas para un artículo del periódico y varias horas en la biblioteca escribiendo y leyendo. Lo que quieres honestamente es echarte cual lirón en tu camita, ver series en línea y dormir, a pesar de que es temprano todavía. Entras y está tu rubia compañera con su novio, sentados en el sillón besándose. Una vez que pasas por el momento incómodo y dices tus “Buenas noches”, empiezan los problemas: ¡¿Ya te vas a dormir?! ¡Sí apenas son las 10:30! Fíjate que estoy haciendo un trabajo y seguiré haciendo ruido con la computadora hasta las dos de la mañana, pero no te importa , ¿verdad? Internamente haces una lista de respuestas:

1.     ¿Qué te importa si me quiero dormir cual abuela todos los días a las 8 de la noche? No es mi culpa que mis clases empiecen diario a las 8 o 9 de la mañana y tú tengas tu primera clase a la 1 de la tarde.

2.     Te aguanto al novio día tras día. Atascones, peleas, gritos, llantos. Y nunca he dicho ni pío. Básicamente vive en NUESTRO cuarto. Sí, porque también es mío, en caso de que no te hayas dado cuenta.

3.     Tuve un días pesadísimo, si vas a seguir haciendo ruido hasta las dos de la mañana, en serio o vete a la biblioteca o salte al jardín o cava un hoyo en la tierra y trabajale ahí, pero por el amor de Dios, ¡déjame dormir en paz!

Curiosamente, lo único que sale de tu boca es: No hay problema. Y todavía con una sonrisa. Todo porque te da más pereza pelearte con ella que aguantar sus cositas.

Chale. Así es la vida en un dorm gringo. Algo que no se le desea a nadie, pero que tienes que pasar eventualmente. Ya casi se acaba el año. Ya casi.

About Eleanor Rigby

Beatlémana de corazón, cafeinómana por gusto y necesidad, periodista en gestación, lectora ávida. Chilanga de nacimiento, actualmente vive en medio de los maizales. Tiene terror a los caballos. Viajera dispuesta en cualquier momento y situación. Distraída, impulsiva, emotiva y apasionada.