Cuatro cosas que antes no noté

Yo creo que en México no tenemos estaciones (al menos en Chilangolandia).

Sabemos que cuatro veces al año nos movemos de primavera a verano, de otoño a invierno, una y otra vez. Y sin embargo, no hay cambios sumamente visibles que nos digan qué es cada cosa. Sí, en julio hace mucho calor y en enero mucho frío, pero no tenemos una blanca navidad y los árboles no se vuelven rojos ni anaranjados en octubre.

 

Al venir a Indiana, pude  experimentar por primera vez lo que es la transición de una estación a otra. Bloomington me recibió en agosto con un calor de la fregada, con 30 grados centígrados todos los días por varias semanas. A pesar de eso, era muy chido caminar por el campus y ver todo verde y bonito. Echarte a la sombra de un árbol y ponerte a leer, a escuchar música o solo a dormir un ratito.

 

La transición al otoño fue muy sutil. Poco a poco los árboles cambiaron de verde brillante a amarillo, rojo o naranja. Al cabo de algunas semanas, todo era tricolor. Y aquí es cuando ya cambió un poco todo. Más o menos después de Halloween, la temperatura bajó bastante, y fue justo el primero de diciembre que tuvimos la primera nevada. De verdad fue una experiencia única; nunca pensé que algo tan trivial como el clima tuviera un efecto tan radical en mi humor. No podía dejar de tomarle fotos a TODO lo que estuviera nevado: los árboles, las bancas, los coches, los edificios… Le decía a todo aquel que escuchara lo emocionante que era para mí la nieve ya que yo no crecí con eso.

Tengo que aceptar que disfruté mucho mi primer invierno. La gente que ha vivido con ello toda su vida generalmente se pone de malitas porque esta época del año si da mucha lata: es peligroso manejar y caminar (es una odisea ir de una clase a otra sin resbalarte y caerte con el hielo), hace un frío del carajo y palear nieve de las entradas y las calles es muy, muy pesado. No es lo más conveniente del mundo, pero lo disfruté como niña chiquita: hice muñecos de nieve, “snowball fights”, y caché copitos con la lengua. Disfrutaba mucho sentarme cerca del calorcito de una chimenea con un café mientras veía nevar; finalmente traté de aprovechar 19 años de falta de invierno.

Y ahora, a mediados de abril ya estamos en primavera. Y este es otro de los cambios fuertes de la naturaleza. Suena muy cursi, pero de verdad es impactante ver todo verde de nuevo después de meses de no haber nada. En la universidad le echan muchas ganas, decoran todo con flores para tener un campus colorido. Y de nuevo te cambia el humor, después de mucho tiempo de frío y hielo, las temperaturas arriba de 10 grados enloquecen a la gente. Todo el mundo se sienta afuera en cafés y restaurantes, están de buen humor… Todo cambia.

About Eleanor Rigby

Beatlémana de corazón, cafeinómana por gusto y necesidad, periodista en gestación, lectora ávida. Chilanga de nacimiento, actualmente vive en medio de los maizales. Tiene terror a los caballos. Viajera dispuesta en cualquier momento y situación. Distraída, impulsiva, emotiva y apasionada.