De cine y algunas clasificaciones

Contrario a la creencia popular, uno no tramita su IFE para elegir a sus gobernantes. En la lista de cosas por hacer cuando una persona saca su identificación oficial, votar es la última de ellas. En mi caso no fue la excepción y lo primero que pensé cuando tuve dicha credencial en mis manos fue: Nunca más me privaré de ver una película clasificación C en el cine… y también podré votar en las elecciones del 2012.


En el cine existen ciertas clasificaciones que se les dan a las películas de acuerdo a su contenido. Normalmente dichos estándares se basan en la cantidad de violencia, sexo y palabras altisonantes que contenga el filme; siendo la clasificación A la más inofensiva de todas, hasta llegar a la C, que supuestamente contiene un alto grado de alguno de los aspectos antes mencionados (también existe la XXX, pero esa es otra historia).

Ustedes se preguntarán, ¿para qué sirven? La función principal de las clasificaciones es “ayudar a los padres” a informarse sobre el contenido de una cinta y para que éstos tomen una decisión adecuada cuando lleven a sus hijos al cine. En pocas palabras, las restricciones son gracias a los niños y niñas de este planeta.

A simple vista lo anterior puede parecer positivo, pero si lo analizamos desde otra perspectiva, las clasificaciones merman la capacidad de juicio de una persona, ponen en tela de juicio su capacidad crítica y anulan la oportunidad de crecimiento durante algo que desde su origen debe aumentar la cultura de una persona: el cine.

Para empezar, las restricciones no son consistentes. El hecho de que una cinta sea “para mayores de dieciocho años” en las salas de cine no garantiza que esa audiencia no las vea. Si vas al Blockbuster cuando dicho filme ya se encuentra en renta, la clasificación no importa; lo mismo sucede si vas y la compras en tu MixUp más cercano o si prefieres bajarla por iTunes. Si quieren proteger a los niños de “contenidos inapropiados” al menos uno debería esperar consistencia en sus actos. Y ya ni mencionemos la piratería o el hecho de que en la televisión uno se encuentra con altos grados de violencia o sexo en cualquier programa a cualquier hora (por ejemplo en los noticieros o telenovelas).

¿Son justos? ¿Quién los dicta? ¿Qué criterios usan? ¿Acaso contratan psicólogos para evaluar los efectos de una película en las personas? ¿Son expertos en cine? Ninguna de las preguntas anteriores tiene una respuesta clara puesto que las clasificaciones son subjetivas.

REC de Jaume Balagueró tuvo una clasificación B15 cuando se estrenó en México. Para quienes la hayan visto saben que en su momento fue un hit por la calidad de suspenso que manejaba. Si no mal recuerdo había demasiada sangre, violencia psicológica y muchas palabras altisonantes… Por otro lado, De Amor y Otras Adicciones (Love and Other Drugs) de Edward Zwick, cinta con “alto” contenido sexual, tuvo una clasificación C durante su exhibición en salas mexicanas. Lo anterior me llevó a reflexionar en lo siguiente: ¿Es inofensivo que asesinen gente, pero es inapropiado que dos personas tengan sexo en una película? Y es ahí donde tenemos la explicación de por qué el sexo sigue siendo un tema tan prohibido en nuestros tiempos y del cual se han hecho tantos mitos y leyendas que las personas ya tienen una idea sucia de algo que debería ser natural al ser humano. Además, las clasificaciones pueden ser una de las muchas explicaciones de por qué nuestra sociedad parece estar acostumbrada y de acuerdo con la violencia que existe en la actualidad. Ni hablar de las películas de acción que sin importar la cantidad de gente muerta, los balazos y golpes en su contenido, suelen ser las películas más taquilleras en nuestro país…

Tras analizar dichos filmes y el motivo de su clasificación, llegué a la conclusión de que este tipo de limitaciones únicamente le impiden a las personas aumentar su capacidad crítica y al adolescente crecer psicológicamente, ya que al estar expuesto a estos temas se requiere cierto grado de madurez que desgraciadamente (y gracias a estos actos) la mayoría los jóvenes carece.

Es injusto restringir a una persona por su edad. Los años reflejan algo físico y no necesariamente el desarrollo mental de un individuo. Es curioso que cuando cumples dieciocho automáticamente eres apto para todo… sin importar que la diferencia entre tener esa edad y diecisiete sea únicamente un día, ¿entienden lo ilógico del asunto?

¿Qué propongo? Un sistema de clasificaciones que efectivamente cumpla con su objetivo: ADVERTIR/AYUDAR a los padres de familia y NO RESTRINGIRLOS de que sus hijos tengan la oportunidad de crecer divirtiéndose. Si las clasificaciones son una advertencia, deberían ser eso y no una limitante para la gente. De nuevo, el contenido no es un inconveniente. La violencia, el sexo y temas como las drogas o las adicciones son problemas cotidianos que deberían ser preocupantes en la realidad y no en la ficción.

Mientras esto no suceda, ver películas clasificación C en el cine no es tan difícil y tampoco es malo. Lo único que tienen que hacer es esperar a que el encargado de la sala se descuide y entonces…

About James

Cinéfilo. Lector. Estudiante de Comunicación Visual.