De monumentos y próceres

Finalmente me entró la curiosidad por el chisme tan comentado sobre la estatua de un señor que se llamó en vida Heydar Aliyév, y como el entrañable Julián Pérez —personaje interpretado por Miguel Rodarte en la portentosa cinta Salvando al soldado Pérez— me pregunté: ¿y dónde chingaos está Azerbaiyán? Afortunadamente ya existe Google Earth, medio por el que me fui un buen rato a conocer este lejano país y entonces me pregunté: ¿y desde allá nos mandaron su estatua para que la pusiéramos en Reforma? Eso es tener mucho afán de que conozcamos a don Heydar, quien para mayor gracia, no presenta ni el más mínimo rasgo de su exótica procedencia, ni barba, ni turbante, ni algún detalle autóctono que nos indique que el pelao es extranjero. Si yo fuera azerí —lo bueno de estas noticias es que uno aprende gentilicios— no estaría preocupado por el asunto de la estatua: sospecho que la mayoría de los mexicanos no tenemos ni idea de quién es el señor. Por ejemplo, supongamos que pasan los años y ahí se queda don Heydar muy sentado en su silla, y pasa un grupo de turistas con su respectivo guía, quien les anuncia al pie del monumento: Y aquí pueden contemplar la efigie de Gérman Avilés, que fue presidente de Turquía. Punto. Si el grupo es azerí, ruso, o turco, corregirán al guía y le preguntarán ¿y qué chingaos hace este señor aquí? Si fuera yo la guía les contestaría que lo mismo nos preguntamos los mexicanos desde que lo pusieron. Si el grupo no es ruso, azerí, o turco, lo más probable es que no pregunten nada.

El caso es que la estatua ya está en Reforma, y parece que don Felipe Leal —el mero mero de la SEDUVI— no pensó en que este detalle iba a molestar al segmento que sí conoce de historia y noticias azeríes, o no sabía quién es don Heydar, así que le pareció muy sencillo cobrar una feria por recibir e instalar el monumento en nuestro augusto paseo. Y yo opino que si no lo podemos devolver que comience a circular a otros derroteros, como ha pasado con otros monumentos o esculturas que sí han tenido relevancia histórica para nosotros. Pienso en la estatua de Carlos IV —rey de España de 1788 a 1808—. El famoso caballito del maestro Manuel Tolsá se inauguró en 1803 en el Zócalo de la Ciudad de México, de ahí galopó en 1823 a un patio de la Pontificia Universidad Nacional, en donde estuvo guardado un tiempo; en 1852 se trasladó a la primera glorieta de Bucareli, y por último en 1979 lo llevaron a la Plaza Tolsá, donde lo podemos contemplar sin apuraciones.

Otro caso fueron los fabulosos pegasos que se mandaron hacer con el escultor catalán Agustín Querol para el Palacio de las Bellas Artes: éstos llegaron desde España a Veracruz en 1911 y al año siguiente se colocaron en lo alto del edificio conforme al proyecto. Entre 1921 y 1922 los bajaron y se los llevaron al Zócalo en donde los pusieron en las esquinas sobre unas bases altitas, en 1928 los regresaron al sitio de la obra, en donde los guardaron hasta que en 1934 les fabricaron sus pedestales y los colocaron en su posición actual.

El último ejemplo es el de los Indios Verdes: las estatuas del escultor Alejandro Casarín se inauguraron en 1891 en el sitio para el que habían sido pensadas: el Paseo de la Reforma en su cruce con la glorieta de Bucareli, en donde estaba el famoso Caballito. Mientras que Carlos IV ocupaba el centro de la glorieta, Izcoatl y Ahuizotl flanqueaban la avenida. De esta ubicación caminaron hacia la Calzada de la Viga en 1901, y de ahí los llevaron a Insurgentes Norte donde le dieron nombre a la estación del metro y al rumbo; recientemente fueron trasladados a un Parque del Mestizaje en el cruce de Insurgentes Norte y Ticoman (o prolongación Calzada de los Misterios), y ahí están muertos de la risa, es decir, olvidados de todo y por todos.

Pues con todo este jaleo que se armó con el Heydar, lo que se me ocurre es que se haga un cambiecito de monumentos y se ponga a circular: que se mande al Parque del Mestizaje al extranjero, y que nos instalen a los Indios Verdes en Reforma…

Si de recordar próceres se trata, yo prefiero pensar en Izcoatl, que fue tlatoani de Tenochtitlan de 1428 a 1440, durante su mandato se alió con los tlatoque Nezahualcoyotl de Texcoco y Totoquihuatzin de Tlacopan formando la Triple Alianza, y vencieron a los tepanecas gobernados por Maxtla, de Azcapotzalco, erigiendo a los aztecas como los líderes de la región. También prefiero pensar en Ahuizotl, el terrible huey tlatoani que bajo su gobierno (1486 a 1502) hizo que el imperio azteca expandiera sus fronteras, él fue el padre del nuestro último huey tlatoani: Cuauhtémoc.

Mucho se dice que las estatuas de ambos personajes se quitaron de Reforma por feas… y yo me pregunto: si hablamos de estatuas feas y desproporcionadas ¿qué hace el busto de Colosio (con todo respeto para la familia) todavía ahí en donde está? ¿Por qué no se han demolido las columnas gordas y petaconas del monumento a Juárez que está en la Alameda? ¿Acaso don Heydar está bonito?

¡Mexicanos! ¡Unamos nuestra voz para pedir la restitución de las estatuas aztecas a Reforma, y la mudanza del azerí a algún otro parque donde no se vea!… ejem… corrección: … ¡donde no se maltrate!

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