Destierro

Los sonidos del mundo exterior, que antes llegaban atenuados por capas de piel, músculo y placenta, ahora inundan mis oídos con rudeza. En mi cálida y líquida casa (de la que me acaban de echar, por cierto), la temperatura era constante y agradable; oscura, no como ahora, cuando tengo que cerrar los párpados fuertemente para que la luz no me lastime ¡Maldita luz!

Ya he dicho que fui desalojado con violencia de mi caldeado hogar, y donde me encuentro ahora las corrientes me hacen tiritar de frío, ¡quiero regresar! ¡Yo no pertenezco aquí! Muevo los brazos inútilmente, mis dedos no logran aferrar nada. Parece que estoy colgado por los pies, una tenaza los envuelve y aprisiona muy juntos ¿Qué sucede? ¡Déjenme ir! De repente, un intenso dolor en mis nalgas me obligó a abrir la boca y aspirar con una bocanada esa cosa molesta que huele tan mal en estos momentos.

Estoy demasiado enojado para ponerme a gritar, abro los ojos y lo primero que veo es la mirada burlona de un gigante. Sólo los ojos de aquel monstruo son apreciables pues la mayor parte de su rostro, si lo tiene, está cubierta por telas de un color desconocido. Sigo observándolo detenidamente, con la mirada entornada, hasta que me doy cuenta de algo: su mano, furtiva, se acerca otra vez a terrible velocidad hacia mis nalguitas… ¡Dolor!

Ahora sí grito con ganas. Todos a mi alrededor parecen muy felices, disfrutando con mi pesar. Para este momento ya he descubierto que un montón de criaturas enormes y ruidosas, misteriosamente parecidas a mí, me rodean. Unos ríen y otros se abrazan como si algo muy divertido pasara. Supongo que no entienden mis reclamos pues, a viva voz, le reclamo a ese líder energúmeno sin rostro:

—¡Vas a ver cuando crezca, infeliz!

About Biólogo Zombie

Zombie que se metió a estudiar Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Avorazado lector y escritor con tiempo de sobra pero apenas en busca del talento. Aficionado al cine en general aunque los filmes de terror, y de zombies en especial, siempre tendrán un lugar importante en su podrido corazón.