El silencio de los bosques: un viaje sin atropellos

silencioPienso en este momento en ciertas distinciones teóricas a las que recurro con frecuencia, cuando alguien me pregunta qué es la literatura (a propósito de Harry Potter, o algún otro best-seller). Yo digo que la literatura es ficción, pero que no toda ficción es literatura, y eso lo entienden bien los anglosajones, que en sus librerías hacen esa clasificación precisamente: non – fiction, fiction, literary fiction. La ficción literaria sería no sólo una historia, sino una historia contada bellamente. ¿Alguna es mejor o peor? No: hay libros para cada lector y para cada momento.

El silencio de los bosques es, pues, un libro de ficción: narra el periplo de un personaje que no consigue adaptarse a los parámetros y categorías asimiladas por la sociedad (el lenguaje, el trabajo, el dinero…) y prefiere dedicarse a la contemplación pura: emprende viajes a París, Egipto y Nueva York, observando todo según su propio arbitrio y resistiéndose a los mapas, las indicaciones turísticas e incluso los nombres. Nosotros, los lectores, lo acompañamos en su viaje, y también acompañamos a su mejor amigo Jim en una especie de operación de rescate pues este espíritu libre termina trepado en un árbol de increíble altura, causando alarma en la comunidad.

El libro es sencillo de leer: el lenguaje es claro y no hay grandes pretensiones estructurales. No desafía a nadie, de manera que cualquiera puede involucrarse. Sin embargo, tampoco se compromete: nos presenta a un personaje aparentemente rebelde, o incomprendido, peculiar en todo caso, que permanece siempre desdibujado o a medio explorar. Sus impresiones del mundo no aportan novedad, ni son lo suficientemente claras como para sentir que lo acompañamos en ellas: las descripciones evocan algo tal vez en quienes conocen los lugares que se describen. Lugares, además, comunes: ¿no hubiera sido más interesante para construir al personajes que su asombro y su contemplación re-descubrieran lo simple, lo cotidiano o, al menos, algo no tan manido? No sorprende a nadie que París maraville a Steve, no hay que ser particularmente sensible para notar la belleza o la grandeza de ciertas cosas (en este caso, ciudades). Sucede algo semejante con el uso de recursos que podríamos llamar contemporáneos: las voces intercaladas, la abolición de los signos de puntuación, las “reflexiones” apoyadas en la narración (muy a lo Javier Marías): notamos estos artilugios, pero están usados casi con timidez, sin la contundencia necesaria como para que se perciban como algo intencionado y significativo. Pero claro, todo esto lo veo yo, que consumo literatura con cierta regularidad. Si la intención de esta novela es contar una historia llanamente, lo consigue con eficiencia. El libro de Cecilia Urbina es un sencillo trabajo de ficción, accesible para cualquier lector.

 

El silencio de los bosques, de Cecilia Urbina, es una publicación de Editorial Terracota que se encuentra disponible en las principales librerías.

 

About Nora De la Cruz

Lectora.