En la cocina: la nueva -y orgánica- Sara Valenzuela

Yo recuerdo que hubo una era fabulosa en la que las mujeres en México empezaban a dibujar una identidad muy propia: más allá de las pioneras que abrieron el camino para que otras pudieran subir a los escenarios o ser solistas, llegaba una generación de intérpretes y cantautoras con presencias muy distintivas en el escenario y con propuestas personales, la mayoría fuera de lo convencional. De estos años datan dos hitos: la famosa portada de Ely y Julieta en Rolling Stone, con el titular “Era of the rockera”, y la serie de discos Mexican Divas, que recopilaba este talento de la escena independiente, un puente necesario entre las matriarcas y la generación ya emancipada a la que pertenecen, por ejemplo, Natalia Lafourcade, Elis Paprika y Lo Blondo.

Sara Valenzuela pertenece a esta generación soñada de la que hablo. No sólo fue parte de una banda importante de la escena nacional (La Dosis), sino que transitó a la carrera solista con fluidez, aunque con cierta discreción: después de su primer disco (Lado Este, 2005), hubo un silencio que termina este año con una nueva grabación: En la cocina, publicado por Discos Intolerancia. Sobre este nuevo material conversamos con ella.

Fábrica de Mitos: En comparación con lo que has hecho antes, ¿cómo describirías este disco?

Sara Valenzuela: Creo que desde el disco pasado, Lado Este, hay una separación notoria entre lo que hacía con La Dosis, que tenía una energía más enfocada hacia el rock y el funk, y lo que hago ahora. La Dosis era un proyecto colectivo y cuando comienzo sola se vuelve un proyecto de canciones muy personales en donde el enfoque es totalmente distinto, quizá más femenino, más introspectivo y en cuanto a la música es mucho más orgánico, más básico, que no se aleja de una instrumentación típicamente rockera pero sí se abre hacia la exploración de otros formatos. No creo estar haciendo nada nuevo, para mí simplemente son canciones, pero si tengo que definir el sonido de En la Cocina diría que en su estructura responde a un pop rock acústico con diversos matices que van del folk al funk pasando por algunos tintes de jazz, soul, rock, un airecito hawaiano, y en cuanto a la instrumentación es muy similar al disco pasado pero ahora incluimos clarinetes, banjos, metales, contrabajos, ukulele…

FM: ¿Cómo ves el futuro inmediato de las mujeres en la escena musical independiente? 
SV: Desde hace varios años el trabajo que hacen las mujeres es el que más me ha llamado la atención, es un momento de muchos cambios para todos en la forma de hacer y promover la música y en general. Creo que el camino más sano es el de la independencia, sobre todo porque mucho del trabajo que proponen las cantautoras en este país no encaja en los esquemas que una disquera tradicional sigue, así que muchas nos quedamos en una especie de limbo y si vas a un sello grande te dicen: “no es rock pero tampoco es pop comercial, no es adulto contemporáneo pero tampoco es para adolescentes”… Entonces quedas automáticamente fuera de sus formatos porque están centrados en un segmento muy pequeño y no tienen idea de cómo promover lo que haces. Cuando comienzas a moverte de forma independiente te das cuenta de que el público existe para todas las propuestas, hay que trabajar duro en encontrar tu público y crecer con él, y yo veo que justo ahora hay una necesidad general de escuchar cosas que realmente te muevan, que sean honestas y te permitan involucrarte de una forma real con la música que escuchas. Justo ahora hay ejemplos muy claros, como el de Carla Morrison, de que una propuesta honesta sin grandes producciones puede llegar a tener alcances masivos sin necesidad de toda una parafernalia mediática ni gastos estratosféricos de promoción y payolas… Simplemente conectó de manera profunda con su público y para mí eso es lo que al final de cuentas le da sentido a todo esto. Es un buen momento para escuchar las propuestas femeninas en México, están surgiendo buenos proyectos y estoy segura de que si vienen desde un lugar real van a encontrar la forma de salir adelante.
FM: ¿Tienes influencias? ¿De qué se nutre este nuevo álbum?
Claro que tiene influencias, creo que todo lo que uno escucha a lo largo de su vida se va filtrando de forma consciente o no tanto y en determinado momento afloran esas influencias en menor o mayor medida a la hora de  hacer una canción. Yo sigo siendo fan de la música negra, escucho mucho funk y jazz y aunque tengo mis músicos favoritos – de todo tipo de géneros, rock, folk, música del mundo-  que siempre están ahí y son una referencia importante, trato de escuchar nuevas cosas, me gusta cuando alguien me recomienda un disco o un músico que no conocía y me sorprende. En la Cocina seguramente tiene influencias de todo lo que escucho pero no podría decir que hay algunas específicas o que pensé en algo concreto a la hora de componer y grabar el disco, no es que dijera voy a hacer un disco que suene a tal cosa, simplemente las canciones fueron tomando su rumbo de forma natural y seguramente cuando alguien las escuche tal vez dirá que le suena similar a alguna otra cosa,  supongo que hay un poco de todo lo que me gusta y que poco a poco se ha ido sumando a un lenguaje personal que intenta ser lo más honesto posible.
FM: Ahora que varias cantantes están coqueteando con el jazz, sean estándares o versiones de sus temas o de temas de catálogo, ¿te gustaría hacer algo semejante? ¿Qué otros géneros te gustaría explorar?
SV: Creo que todo es válido y si sirve para llevar nuevas audiencias al jazz mucho mejor, al final las grandes canciones del jazz tienen un sentido pop enorme, Cole Porter y Duke Ellington compusieron canciones con unas melodías increíbles. Creo que todo cantante debe alguna vez asumir ese reto y explorar en ese lenguaje, porque aprendes un montón y porque es muy divertido. Yo ya lo hecho con un par de proyectos que tenían como fin justamente eso, uno se llamaba Soultonic y era un formato muy acústico con bajo, voz y batería y tomábamos canciones clásicas del soul y el jazz, después con Jellybeans, un proyecto que duró poco tiempo y en el que tuve la chance de explorar y cantar varias de las canciones que me gustan del repertorio clásico del jazz vocal. El jazz es un género complejo para interpretarlo, le tengo mucho respeto a quienes lo hacen, así que si en algún momento hago algo más en forma en torno al jazz lo haré cuando me sienta preparada. Tengo la fortuna de poder tocar, tanto en vivo como en el estudio, con músicos que provienen del jazz, así que es una gran forma de ir aprendiendo más.

 


 

En la cocina ya se distribuye en tiendas físicas y digitales, bajo el sello de Intolerancia. Si gustan de las propuestas suaves, femeninas y versátiles, es el disco que buscan. Si quieren conocer más sobre Sara, pueden visitar su sitio web o seguirla en Twitter.

About Nora De la Cruz

Lectora.