Fallas de Origen: la promesa de un destino (II)

El autor

A propósito de la novela premiada, tuvimos la oportunidad de conversar con Daniel Krauze. Uno pensaría que un autor joven, con tresdaniel libros publicados y uno premiado, gustaría de los gestos manieristas que tanto se estilan en ciertos sectores de la comunidad literaria. En cambio, encuentro que el escritor no se toma tan en serio, lo cual no significa que no sepa de lo que está hablando. Me da la impresión de que se trata de alguien que entiende que escribir es un oficio que se aprende. Nada metafísico. Algo tan sencillo como hacer. Le pregunto cómo se originó Fallas de Origen y me comparte que, más allá de tratarse de una continuación de una historia incluida en Cuervos (su primera novela), es la indagación en una imagen:

yo llevaba un muy buen rato obsesionado con la idea de un personaje con la identidad como partida, que yo creo que tiene que ver conmigo hasta cierto punto, porque yo soy hijo de una católica hija de veracruzanos guadalupana y de un judío hijo de inmigrantes polacos; entonces, yo también siempre he sentido […]  no tan extremo como el personaje de Fallas de Origen, pero cierta división. Y la verdad es que la idea de la novela parte de una imagen, que a mí era una imagen que no sé por qué me conmovía tanto, pero era la imagen de un hombre muy mexicano físicamente, que no tiene ni un mililitro de sangre extranjera, moreno, de la mano de un niñito blanco y rubio, que es su hijo adoptivo… […] Pero esa imagen, no sé, es rarísimo, cuando escribes se te pega algo en la cabeza y no se te sale, yo tenía esa imagen y nomás no se salía, y de ahí, como que ahí fue germinando la novela. […] Me parecía que había una historia interesante ahí.

El relato se convirtió en una exploración de un conflicto de identidad, encarnad en Matías, un joven que no es hijo de su padre, ni se identifica con su familia, ni sabe si es mexicano o norteamericano.

 

El proceso de la novela

 

Fallas de Origen es un texto denso en su contenido, pero bastante accesible. La prosa es clara, no hay afectaciones de estilo, y las acciones nos mantienen pendientes todo el tiempo. No es sencillo mantener la contundencia a lo largo de un texto de esa extensión. El autor lo comenta:

 

Yo nunca había escrito nada de más de treinta páginas que se sostuviera. Para Daniel Sada escribí noventa páginas de una novela que no era mala, lo que le sigue, malísima. Y antes, para entrar a su taller, yo había escrito una cosa súper autobiográfica a los 18 años que también era muy mala y muy cursi. Y entre Cuervos y Fiebre escribí otra novela, muy autobiográfica también, que no funcionaba. Entonces yo nunca podía escribir nada de más de treinta páginas que se sostuviera. Y Fallas… de hecho […]  antes de escribir este libro yo escribí la historia de cómo [a] Matías[…] le avisan que su papá sufrió un derrame cerebral y lo veíamos todos esos seis meses hasta la boda de su hermana, yo lo narraba… Es decir cómo llegaba, cómo veía a su papa… Y era una novela súper estática, la verdad, no pasaba nada y era muy, muy aburrida, y escribí 150 páginas y las di a leer y me dijeron: […] “qué hueva” […] Pero ese proceso de escribir esa primera parte me ayudó para saber qué era lo que realmente quería contar, y qué eran los sucesos realmente interesantes, y dónde estaba a lo que yo ya quería llegar, lo que yo sabía a mí me iba a entretener escribir. Fue un proceso de ir hallando las cosas que valían la pena y así fui sacándolas de la narrativa hasta que ya las tenía aparte, y ya con ellas hice la estructura del arco dramático para hacer Fallas…. Es una manera muy sui generis de trabajar, yo no creo que volvería a hacer eso en mi vida pero tampoco lo planeé así, yo quería que el primer libro fuera Fallas…, iba a ser un libro de 550 páginas, una épica chilanga, yo quería que salieran todos los barrios del DF, que el personaje fuera al centro y al Ajusco, que uno sintiera que está por todo el DF… Luego dije “bueno, creo que la historia no me da para contar tanto”, entonces quedó Fallas… Lo que hice fue tomar todo lo que era divertido y entretenido para el lector y comprimirlo en cuatro días, y hacer un libro en donde todo el tiempo están pasando cosas. Casi como un guión realmente. […] Siempre está ocurriendo una acción, es una manera de armar un libro que es más como una película que como un libro, que es como una trampa, pero creo que funciona para atrapar la atención del lector. […] Para serte franco, yo ahora estoy estudiando una maestría en literatura y no sé qué tanto mi sensibilidad se inclina hacia la literatura seria […] yo la leo y entiendo qué es lo que está bien pero no me mueve. A mí me mueve Breaking Bad, y lo que yo intento hacer con lo que escribo es tomar esa sensibilidad fílmica y televisiva y de alguna manera intentar jalarla hacia lo literario. A veces funciona y a veces no. […] Escribiendo la primera versión de Fallas… que no se publicó yo sí sabía que el libro era una especie de mezcla un poco de Cuervos y Fiebre, porque veíamos mucho más la vida de Matías con su papá de chiquito […] es decir, era mucho la historia de este niño de doce años con este señor, y luego la vida de la novela contaba la vida de Matías antes de irse a Nueva York, que eso es Cuervos […] y luego estaba su regreso. Pero muy evidentemente era recoger la sensibilidad de Fiebre y de Cuervos para crear algo nuevo de él a los 28, 29 años.

 

El premio

 

Fallas de Origen ha tenido amplia publicidad y distribución por tratarse de la primera novela que recibe el Premio Letras Nuevas, anunciado por todo lo alto en la FIL de Guadalajara del año pasado. Cuando se anunció su nombre como ganador, las críticas no se hicieron esperar. En ese momento, daban ganas de no ser Daniel Krauze (con premio y todo, o a causa de él). Sin embargo, este tipo de suspicacias lo han acompañado desde la publicación de su primer libro. Aun así, no se ha acostumbrado:

Yo no sabía que los premios causaban mala onda hasta que gané el premio. Yo pensé que iba a ser una cosa de legitimidad, que la gente iba a decir: “Krauze ganó con seudónimo, ésta es la prueba de que lo que escribe es cabrón”. Aparte yo no sabía que la lana era tan inmensa en comparación con otros premios que se dan. […] Te voy a ser honesto: yo lo dudaría: si yo no fuera Daniel Krauze y veo que Daniel Krauze gana un premio con la editorial con la que ya había publicado, también diría… Yo no lo pensé. […] Yo tenía el principio de la historia hace dos años y no sabía si escribirlo o no porque Fiebre lo había publicado muy recientemente, y era regresar a Cuervos, que para mí era algo muy incómodo […] y de repente yo me junté con mi editora para re-editar Cuervos porque iba a salir en un nuevo formato y en esa reunión me dieron un panfleto y dije: “buena lana, es con seudónimo”…  Y yo francamente pensaba: “si no gano el premio, el libro a lo mejor en una de esas sí se publica”. Yo nunca pensé que iba a ganar, jamás: yo pensé, estoy contra doscientas personas… Yo no sabía contra quién estaba compitiendo, yo dije “en una de esas estoy compitiendo con güeyes peludísimos, escritores muy establecidos que mandaron su novela con seudónimo”… […] Pero tenía que intentarlo.

 

Los intereses temáticos

 

Los tres libros de Krauze muestran su vínculo con la publicación de la novela premiada. Si Cuervos retrataba a un sector de la sociedad burguesa, por llamara de algún modo, y Fiebre se interesaba por la transición de la infancia a la adolescencia, Fallas de Origen reúne estas preocupaciones y las liga en una sola, presentada en diferentes tópicos: la de la identidad mexicana contemporánea. No es extraño que Matías, el protagonista, añore su niñez, y de alguna forma vuelva a ella hacia el final de la historia. ¿Cómo se relacionan el tema de la infancia y el de la identidad en la narrativa de Krauze? En su sentido de lo mexicano, y cómo lo entienden (lo entendemos) quienes tenemos su edad.

Yo creo que las personas que tienen entre 27 y 34 años formamos parte de la última generación que vivió una infancia de tercer mundo. Es decir, una infancia que fue al cine con intermedio y comía dulces mexicanos y que comíamos cigarros de chocolate en vez de Hershey’s, y que íbamos a los carritos chocones de la Nápoles en vez de ir a Six Flags, ¡Six Flags se llamaba Reino Aventura! Para serte muy honesto no sé qué tan bien está esto o no pero yo tengo una idea romántica, idealizada, de mi infancia, de cuando México se sentía más México de lo que se siente ahora. Y yo creo que por eso para mis personajes, no sé qué tanto para los de Fiebre pero para [Matías] la infancia es una especie de lucecita en el túnel, porque para mí hay algo de eso, tiendo hacia la nostalgia y tiendo a creer que cuando yo era chico no sé, las cosas eran diferentes, vivíamos en un país menos violento. [En cuanto a la identidad]  me interesaba retratar un poco a esta franja de la burguesía chilanga que viven como, no con la mente en el extranjero, sino que para ellos todo lo mexicano es pinche y cutre y todo lo extranjero es chic. Yo lo veo muy claro en gente de mi generación para los cuales no hay nada más cool que ir al MoMA y toman 47 fotos de Instagram y las suben. Es una especie de extraño malinchismo y me interesaba muchísimo que hubiera personajes que viven en Estados Unidos o están pensando en vivir en Estados Unidos […] Yo creo que Matías se da cuenta de qué tan absurdo es esto, pero a final de cuentas él también es parte eso. (…) A mí me interesaba un poco hablar de (suena casi, casi como de la SEP) la responsabilidad que tienes cuando tienes la posibilidad de vivir  fuera de México, con el país que en el cual naciste o en el cual te criaste. Porque yo cada vez veo más una tendencia de cierta franja de la burguesía de decir:” ¿yo qué le debo a México? Pinche país, está emproblemado y violento y corrupto y yo por qué voy a estar aquí. Entonces, si vivo aquí voy a hacer tranzas y voy a vivir para la peda y para el desmadre, pero voy a vivir soñando que vivo fuera de México y que mi museo es el MoMA y en vez de hacer compras en Perisur me voy a ir a Nuevo Laredo para poder comprar jeans Abercrombie & Fitch” […] Hay este elemento aspiracional viendo hacia Estados Unidos. Creo que nuestra generación es la última en la que se ve esta división […] y para nosotros Estados Unidos no era tan asequible: yo conocí Estados Unidos a los 11 años, y para mí era algo distinto, y que me dieran un Milky Way era como ‘no manches’, y ahora ya está muy mezclado, y hay cierto tipo de mexicano que siempre prefiere Estados Unidos en vez de México.

 

Un final abierto

¿Qué sigue para Matías, después de auto-inmolarse? ¿Qué sigue para Daniel Krauze, luego de Fallas de origen?

El final del libro iba a ser mucho más abierto […] pero yo, para serte honesto, hice sufrir tanto al personaje, lo llevé por lugares tan pinches oscuros […] que quise redimirlo aunque fuera un poquito. ¿Hace eso que sea un mejor libro? No. Pero yo la neta no tuve los cojones para dejarlo abierto, para dejar un final que se pudiera interpretar como un final pesimista. […] Tengo muchas ideas que están como circulando, pero siento que si me siento a escribir ahora me va a salir un libro parecido a Fiebre o parecido a Fallas…  Hay que vivir más para escribir de cosas diferentes y a mí me gustaría que lo siguiente que escribiera ya no fuera esto. […] Igual en cinco años regreso con la historia personajes de seis años, antes de Fiebre… No sé. Cuando escribes no tienes mucho poder, los temas te escogen.

 

About Nora De la Cruz

Lectora.