Gernika!, Guernica!

Uno de los símbolos más tristes, aterradores y universales de la guerra es el Guernica, pieza de Pablo Picasso que se conserva en el Museo Reina Sofía, en Madrid. En él, el pintor malagueño decidió retratar, además del dolor producido en las poblaciones españolas por la Guerra Civil, un hecho en particular.

 

Este suceso ocurrió en Gernika, una población del País Vasco sin ninguna importancia militar ni estratégica, que fue salvajemente arrasada por la aviación hitleriana, que brindaba su apoyo al fascista Francisco Franco. Cuatro horas fueron suficientes para que la temible Legión Cóndor redujera a cenizas el pueblo donde, según cifras de la época, murieron más de dos mil personas. El espectáculo fue terrible. Bombas incendiarias que al estallar elevaban la temperatura hasta los dos mil setecientos grados fueron sólo el preámbulo de un curioso ataque que no destruyó ningún objetivo militar, y cuyo sinsentido sólo se repetiría -con resultados obviamente más dramáticos- en Hiroshima y Nagasaki.

 

Este acto, uno de los primeros ataques indiscriminados contra la población civil en la Segunda Guerra Mundial, suscitó reacciones en todo el mundo. Desde las extrañas declaraciones del pensador José Vasconcelos alabando la hombría del generalísimo Franco, hasta las más loables expresiones artísticas de pintores y poetas.

 

Miguel Hernández, Blas de Otero, Gabriel Aresti y César Vallejo escribieron poemas lamentando el acontecimiento, al igual que muchos poetas de la época. Pero la expresión artística que se relaciona con la desgracia de este pueblo, cuyo único valor esencial es ser la sede del árbol que simboliza la libertad del pueblo vasco, es el Guernica, de Picasso.

 

Encargada por el gobierno republicano para representar a España en la Exposición Mundial de París, esta obra es un símbolo en contra de la guerra. En ella se pueden apreciar a cuatro mujeres, las cuales representan a la población civil, las madres e incluso los soldados que perdieron la vida en el bombardeo. También aparecen el toro, símbolo de España, y un caballo, como otros personajes inocentes que han sido afectados por el bombardeo.

 

Picasso no deseó que su cuadro estuviera en España, en tanto no acabara la dictadura franquista, por lo que quedó en custodia del MoMA de Nueva York. En 1981, después de la muerte del generalísimo, el Guernica llegó al Casón del Buen Retiro, en Madrid. Once años después, ingresó al Museo Reina Sofía. En la actualidad hay una asociación que desea que el Guernica sea trasladado al pueblo de Gernika-Lumo.

El pueblo de Gernika perdió a la mitad de su población en el bombardeo. 50 años después, en 1986, fue admitida como Ciudad Mártir, reconocimiento triste que comparte con Hiroshima y Nagasaki. En el 2002, el gobierno alemán pidió perdón de manera oficial al pueblo, por el dolor causado durante el bombardeo.

 

Tanto el Guernica como Gernika siguen allí, perpetuándose en el tiempo, como fuente de inspiración de diversas cosas -en su álbum Picasso en mis ojos, Diego el ‘Cigala’ incluyó una canción llamada Guernica, mientras que el cantaor Enrique Morente equiparó lo sufrido por los habitantes de esta población con lo padecido por los iraquíes en Guern-Irak, de su disco Pablo de Málaga-, pero sobre todo como símbolos del rostro más oscuro del hombre, la guerra, como del más luminoso, la conservación del espíritu de la paz, simbolizado en un árbol y en la memoria colectiva.

 

Guernica en 3D

About Ikurrin Beltza

Cuando nació ya tenía 13 siglos de edad. Habla el lenguaje de las piedras, es la última seña de una raza cautiva; la oscuridad del cine y la calma de los silencios son su estandarte y su medio. Visita http://laberintosonoro.wordpress.com