GOLEMÓN.Capítulo 4: Donde esta historia tiene un giro inesperado

Metí a Golemón en la cajuela y emprendí un segundo viaje a Xalapa. Las cinco horas de camino escuché las cosas más horribles que alguien podría decir en contra de un ser humano. Se oía débil pero aterradora la voz agresiva de Golemón, así como los fuertes golpes de sus pequeños puños contra la lámina.

-¡SÁCAME CULERO! ¡ME SACAS O LE PASO UNA GONORREA A TU PINCHE ABUELA! ¡TE ARRANCARÉ LAS TRIPAS CON LOS DIENTES SI NO ME SACAS, PERRO! ¡HIJO DE PUTA, VOY A MATARTE Y LE DARÉ TUS RESTOS A LOS PERROS RABIOSOS! ¡PINCHE OJETE CULEROOOOOO! ¡MATARÉ A TU PADRE Y FORNICARÉ CON TU MADREEEEEEEEEE!

Cuando al fin llegué a Xalapa estaba exhausto. La niebla comenzó a posarse como una nata espesísima sobre la ciudad. Estacioné afuera del taller de Mezyar y Golemón seguía pateando y lanzando las más horribles injurias.

-Está listo su encargo, señor –dijo Mezyar al abrir la puerta.

-¿Sería mucha molestia si tomáramos café o tal vez un mezcal o algo fuerte antes? –ante mi rostro desesperado, Mezyar no pudo negarse. Sacó una botella de cocacola de dos litros y medio. Contenía un líquido transparente, del cual mi primera impresión fue que se trataría de thiner o aguarrás.

-Pox de San Dieguito, hecho en Tzimol, estado de Chiapas. El auténtico chucho con rabia –señaló el maestro mientras servía dos vasos.

–Está fuerte.

Vacié mi vaso de un trago y pedí más. Al sentir la quemazón en la garganta recordé las palabras que me había dicho Mezyar en mi primera visita. Él solamente me miraba con su mirada taciturna mientras daba sorbos pequeños a su vaso, fumando un cigarrillo con el gato en sus piernas. Al cuarto vaso de pox me sentí mal físicamente. Sentía tristeza y cansancio y sentí que lloraría en cualquier momento.

-Usted subestimó mi trabajo –comenzó Mezyar, acariciando el lomo del gato. –Creyó que su buena voluntad bastaría para que el muñeco hablara y sembrara armonía en los corazones de quienes lo escucharan. Pensó que yo era un fraguador de alegrías y bondades, una especie de payaso que regala figuras hechas de globos oblongos a los niños en las plazas públicas. La verdad es más peligrosa de lo que uno sospecha pero usted fue ciego y no quiso verlo. La verdad no genera paz sino todo lo contrario. El muñeco ha actuado con naturalidad, ahora usted llora porque se ha visto reflejado en él. No llore. Solucione el problema. Abra la caja.

Cuando el maestro Mezyar concluyó, yo ya lloraba a moco tendido. Lleno de vergüenza, caminé lentamente hasta donde estaba una caja de Avícola San Juan y me arrodillé para abrirla. De nuevo quedé maravillado. Admiré la destreza del artesano y me pregunté si no era una representación de Dios, habitante de la niebla y fabricante de muñecos. En el interior de la caja había una preciosa muñeca, de gestos pacíficos y mirada tierna. Su rostro tenía cierta afinidad con el deformado semblante de Golemón.

David Mandujano

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