Jaime Mesa: vacío, violencia, posmodernidad

predilectosHabía acordado encontrarme con Jaime Mesa aprovechando que venía a la ciudad como parte de sus actividades de promoción de Los Predilectos. Ésta, su segunda novela, es la historia del revés de los excesos, protagonizada por Scarlett Kunzen, una chica a quien podríamos calificar de privilegiada por su condición social y económica, quien no carece de nada y, sin embargo, no está satisfecha. Es fácil relacionarla con el protagonista del trabajo anterior de este autor, Foster, un hombre capaz de desbaratar una vida perfectamente apacible en aras de satisfacer un ansia permanente e innombrable. Ambos se escapan del marasmo, de la fantasía del bienestar pequeño burgués, y corren hacia su destrucción: entre sus muchos excesos, Scarlett acude a una fiesta en la que personas infectadas con VIH sostienen relaciones sexuales sin protección con quienes acuden, apostándole al contagio; Foster participa en un zafarrancho al término de un juego de baseball en Chicago, donde golpea salvajemente a inocentes, porque sí. Así, tan tremendo como suena, sucede todo en las novelas de Jaime Mesa.

Aunque había mucho que preguntar, nuestro encuentro no pudo realizarse: lamentablemente, una noche antes, el autor enfermó de forma repentina. Sin embargo, quise hacer aquí la reunión de mis inquietudes en torno a Rabia y Los predilectos, junto con las preguntas que el autor no pudo responder.

Lo primero que puede decirse sobre las novelas de Mesa es que intuyen bien al lector de esta generación: ávidos de estímulos sensoriales y de acciones constantes, los jóvenes consumidores de libros no desean detenerse en lo que no sea relevante para la trama. Ambos libros avanzan con velocidad, en ellos todo el tiempo sucede algo, y aunque ambos están focalizados en el protagonista, no se trata de narradores-personaje que tiendan al monólogo o la introspección. Son, acaso, informantes privilegiados, pero no excesivamente psicologizados. De hecho, llama la atención que se cuenten cosas tan extremas nombrándolas con simpleza, sin pausa ni lugar para la especulación. ¿Qué intención está detrás de la elección de ser explícito?

Entre ambas novelas existen, además, relaciones de varios tipos: temáticas, estilísticas, en el tono de la narración, en las rabiacaracterísticas de los personajes, en la forma de construir los ambientes… Las referencias a elementos de la cultura popular estadounidense, por ejemplo, son fundamentales, y los protagonistas son mellizos en su búsqueda de algo que no saben expresar, para sustituir un vacío que tampoco alcanzan a comprender. (No pude evitar relacionar su derrotero con el que sigue Matías, el protagonista de Fallas de Origen: un chico de familia de clase media alta que divide su identidad y su destino entre México y Estados Unidos, que siente un fastidio permanente y que termina inmolándose como culminación de un proceso paulatino de autodestrucción; Krauze y Mesa tienen algo más en común: fueron alumnos de Daniel Sada). ¿Cómo surgieron las ideas para cada libro? ¿Cómo se tomaron las decisiones para configurarlas? ¿Había una intención de vincularlas entre sí?

Al pensar en la comparación con Fallas de Origen, hay algo que llama la atención: si bien todos estos protagonistas están divididos en su identidad, el creado por Krauze es mexicano por haber sido criado en este país, y las situaciones que vive transcurren en el DF. Los protagonistas de Mesa, en cambio, están situados completamente en Estados Unidos, y están codificados en esa cultura. Hay cosas, por lo tanto, que a lectores como yo nos pueden quedar muy lejos. Aunque vivan y sientan cosas con las que nos vinculamos en la lectura, constantemente algo en la atmósfera en la que están situados nos aleja un poco de ellos: se desenvuelven en ámbitos que no nos resultan propios, y sus acciones son también excepcionales -no en un sentido heroico-. Pareciera que el autor quisiera mantener al lector consciente todo el tiempo de que es ficción, y por momentos llega a forzar la verosimilitud de maneras francamente riesgosas (en semiótica teatral hay un término para esto: la distancia). ¿Fue deliberada esta decisión de distanciar al lector? ¿Por qué?

En suma, Rabia y Los Predilectos son novelas muy contemporáneas, en las que todo el tiempo pasan cosas (curioso: así describió también Krauze su propio libro). En ellas, los personajes centrales muestran de forma directa sus pulsiones -alternativamente de vida y muerte, como en un caleidoscopio de los instintos-. Plantean atmósferas aparentemente planas que se convierten muy pronto en situaciones límite debido a que el vacío interior de los protagonistas actúa como motor de la violencia y el exceso. Si bien es cierto que resulta difícil entrar a sus mundos y seguirle la voz a estos narradores (que de vez en cuando incurren en un tono apodíctico que le resta complejidad a su carácter), ambas historias cobran fuerza rumbo al desenlace. Jaime Mesa tiene aún mucho espacio para crecer y para continuar pensando en la cuestión que ya sugiere: ¿el mundo es violento porque es vacío, o al revés?

 

Rabia (2008) y Los Predilectos (2013) son publicaciones de Editorial Alfaguara, que se encuentran disponibles en las principales librerías del país.

 

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Lectora.