Jaramar, a 20 años de Entre la pena y el gozo: la independencia da poder

jaramar_cantos

 

En 1993, el sello independiente Grabaciones Lejos del Paraíso lanzó al mercado Entre la pena y el gozo, una colección de canciones que podrían clasificarse como “música antigua”, aunque arregladas con teclados eléctricos y otros instrumentos. Con este material, surge en la escena independiente Jaramar. Veinte años después, Intolerancia remasteriza y re-edita este álbum, y la cantante y compositora vuelve a visitarlo para preparar un concierto de celebración, no de un disco, sino de una sólida carrera, en el Teatro de la Ciudad. Tuvimos la oportunidad de conversar con ella sobre este acontecimiento, sobre su proceso como artista y sobre sus planes a futuro.

 

Fábrica de Mitos: ¿Cómo fue el proceso en ese entonces creativo y emotivo alrededor del disco?

Jaramar: Fue el detonar de todo mi proyecto… Te voy a contar la historia… estaba en el grupo Ars Antiqua cantando música medieval y renacentista, los otros proyectos donde había estado previamente –Escalón y otras cosas- se habían terminado, los músicos se habían ido a otros lados y yo me quedé en el sitio que más me apasionaba. Me di cuenta: “el sitio donde me tengo que quedar es la música antigua”. Entonces entré a Ars Antiqua como la cantante; fue una gran escuela para mí, donde por primera vez tenía que cantar para las necesidades de un proyecto de conjunto.  Fue un gran reto, pero yo quería hacer algo más con esa música, pero quería tener más libertad, poder transformar esas canciones, poder pegar cosas, introducir instrumentos (porque Ars Antiqua es un proyecto completamente acústico), entonces en realidad lo que me empujó a realizar el proyecto fue que José Fors –yo había cantado en un proyecto suyo muy experimental que hizo con Carlos Sánchez, uno de mis compañeros de Escalón, que se llamó Duda Mata– me dijo: “te quiero producir un disco y vamos a componer canciones para ti”. Yo dije: si van a ser canciones para que yo cante les voy a dar textos míos, pero mis textos como que les conflictuaron porque eran muy personales y yo creo que no les gustaron, entonces José me dijo después de un tiempecito: “como que no está fluyendo la cosa”, entonces yo le dije “mira, no te preocupes, ahora que tú me dijiste que tú querías hacer un disco mío ya decidí que sí lo quiero hacer, pero no por esa línea, tiene que ser por lo que más me gusta, lo que más me apasiona que es la música antigua; ya decidí, y no va a ser un disco, va a ser primero un programa para tocarlo en vivo, pero gracias por haberme dado el empujón y haber pensado que valía la pena hacer un disco conmigo”. Fue cuando tomé las riendas y empecé a hacer una selección de canciones, las que más me gustaban, y a pensar muy concretamente cómo quería que sonaran,  hacer como diagramitas y decir “aquí quiero que entre este instrumento y aquí quiero que se vaya esto y esta canción quiero que suene como un organillo y que se repita y que se repita con este tipo de teclados”. Entonces invité a Alfredo, de Escalón, y a Eduardo, el director de Ars Antiqua, a que entraran conmigo uno con los teclados electrónicos y otro con los instrumentos acústicos antiguos, porque confiaba mucho en ellos, son muy buenos músicos y podían entenderme. Entonces primero les dije: “vamos a montar un programa y vamos a tocarlo”; al principio estaban muy reticentes y escépticos y luego ya empezamos a ensayar. Eduardo me pasaba mucho material de música antigua, era casi todo repertorio sefardí lo que estaba yo escogiendo, eran puras canciones de amor y dije “voy a concentrarme en canciones de amor, para delimitar, y que me gusten mucho, que quiera yo grabar”. Entonces conseguí un par de fechas en Guadalajara, en el auditorio de la Alianza Francesa, y Eduardo en particular tenía miedo de que nos fueran a aventar jitomates por hacer estar cosas con la música antigua, medio profanar la música. Y no, nos gustó mucho y gustó mucho, llamó la atención que se llamara Jaramar por primera vez, y no “el grupo fulano”. Nos gustó, lo tocamos unas tres veces y entonces surgió la cosa de “hay que grabar” y yo tenía la idea de hacerlo en serio, así que pedí una beca al FONCA, que empezaba, me dieron la beca, pero todo iba lento. Grabamos a finales del 91 y luego ya tenía yo el master, pero yo quería buscar una disquera porque no quería que fuera un proyecto medio informal, que nosotros editamos y distribuimos; yo quería una disquera en serio. Alfredo me sugería las que grababan música clásica pero no me convencía, yo quería una cosa más novedosa, y en una revista Alfredo descubrió eso de grabaciones Lejos del Paraíso. Llamé, me dijeron: “sí, mándanos un cassette con la grabación para oírlo”. Entonces lo mandé de Guadalajara a México y luego me dijeron: “sí, sí lo vamos a sacar, hay que ponerse a trabajar en el arte…” Esto ya fue en el 92, el 92 pasó entre que acabábamos la producción, buscar disquera, pensarle, y entonces a principios del 93 nos pusimos a trabajar en el diseño, hablar con la gente de disquera. Grabaciones Lejos del Paraíso era un sello hermano de Opción Sónica, que fue muy importante en los noventa, era el sello que hizo Edmundo Navas con Jorge Reyes. Hicimos el arte, trabajamos con el fotógrafo, se tardó siglos en buscar la locación y los elementos que iban a salir en las fotos preciosas que hizo, nos tardamos un chorro y el disco salió a finales del 93 y fue muy sorprendente porque yo estaba como muy emocionada de que era mi Entre_la_pena_y_el_gozoproyecto y yo había tenido la seguridad, la fuerza, para decirles lo que yo quería, y aunque Alfredo era el director musical, era yo la que les decía, y era yo la que proponía todo el repertorio, las mezclas de instrumentos, etcétera. Entonces el disco salió, funcionó muy bien, a todos nos sorprendió, a la disquera también. Nosotros nos conocimos ya cuando el disco había salido: Edmundo fue a Guadalajara a decirnos: se está vendiendo muy bien, está causando mucha sorpresa y mucho interés, tenemos que organizar un concierto, así que armen un concierto para tocar esto en vivo. Tuvimos que invitar a un músico más porque habíamos hecho muchas sobregrabaciones, un guitarrista, Miguel Ángel Gutiérrez, y así fue como arrancó. Esa alineación duró los cuatro primeros discos, cuando grabamos el cuarto Eduardo se salió y así fue como comenzó la transformación de la alineación, pero  fue un disco fundamental porque era el repertorio que yo sentía que era perfecto para mí, eran canciones perfectas según yo, eran canciones que eran muy antiguas pero eran frescas y todavía muy vigentes en lo que decían, a pesar de que estaban en ladino muchas de ellas, a mí me parecía que eran frescas, y estaban muy vinculada sorprendentemente conmigo, ¡eran mías! Y con el paso del tiempo, no sé si cuando hablamos de Fiestas Privadas te lo dije, pero yo vuelvo a la música antigua cuando voy a componer… A principios de año le dije [a Edmundo Navas] “está cumpliendo 20 años Entre la pena…” y él me dijo “hay que volverlo a sacar y tienes que hacer un concierto”.  Lo que no me imaginé fue que Intolerancia lo quisiera sacar porque era una re-edición, porque no es nuevo material; de hecho se lo propuse primero a Fonarte Latino, pero después Gerry [Rosado] me dijo “claro que nos interesa, es un disco que sí hay que sacar”. Además de que él ya estaba en Opción Sónica cuando salió, con Consumatum Est, él vio la salida, a él le llamó muchísimo la atención el disco, él lo remasterizó ahora y lo rediseñamos… Y ahora fue enseñarles a mis músicos actuales este repertorio…

FM: Después de ese trayecto que has tenido como compositora, cantante y en la música antigua, ¿cómo vuelves a este repertorio? ¿Lo sientes diferente? ¿Qué ha cambiado en ti?

J: Hay un par de canciones que no he dejado de cantar, pero el resto sí. Las canté unos años y luego ya pasé al nuevo material. Me preguntaban hace poco que después de veinte años seguramente habría cosas que ya no me gustaban, que habría querido cambiar, y te digo sinceramente que no, me parece que es un buen disco. Si tomara las canciones ahora las haría de una manera distinta, como está sucediendo al montarlas en vivo, pero creo que es el mejor disco que fuimos capaces de hacer en ese momento, y es un disco bueno, es un disco que reeditamos tal cual, lo único que hice fue remasterizarlo, el sonido es mucho mejor ahora, pero es un disco que me enorgullece, en este momento me enorgullece, y las canciones son bellísimas. Para el Teatro de la Ciudad vamos a tocar el 70% del disco, pero decidí incluir canciones del segundo que están muy vinculadas y me gustan muchísimo, y vamos a acabar con canciones muy recientes, de Fiestas Privadas, entonces es como hacer un puente muy natural con lo nuevo. Y una buena parte del material era completamente nuevo para mis músicos, invité, hice una mezcla, una alineación nueva; hay dos músicos de mi alineación actual, Juan Castañón en la guitarra eléctrica y Luciano Sánchez, baterista, que es mi hijo… Que es muy curioso porque yo no había reflexionado sobre el hecho de que cuando estábamos grabando Entre la pena y el gozo yo ya estaba embarazada de Luciano, no sabía, entonces la vida de Luciano ha sido mi proyecto, la existencia de mi proyecto, él no conoció lo anterior y ha vivido con el desarrollo, que ha marcado su vida, evidentemente cada proyecto mío marca la vida de la gente muy cercana a mí, de mis hijos, son parte de ella, y ahora él es parte en el escenario del regreso del disco, que es emocionantísimo que él esté en el escenario ahora y que sea una persona clave además en la forma en la que construyo la música ahora. Están tres músicos que han sido parte de mi proyecto en años pasados que ya no tocan conmigo pero que es padre que estén porque ahora me dan ganas de hacer cosas nuevas con ellos, que son Natalie Braux en clarinete y sax, Luis Ochoa que hasta Diluvio fue mi guitarrista fundamental, guitarrista clásico, hay dos guitarristas en el escenario; y Héctor Aguilar, percusionista, que trabajó mucho tiempo conmigo. Hay un bajista que es nuevo en la alineación, lo estamos conociendo apenas, lo invitamos, y en particular los músicos que ya han trabajado conmigo, Luis es el que más ha tocado este material, pero los que no conocían, incluso Luciano (que por supuesto es parte del sonido ambiental de su vida), ahora que se puso a sacar las canciones me decía: “es que están preciosas”, y me llama mucho la atención que un chavo de 21 años que escucha rock y música experimental diga eso de estas canciones.

FM: Ahora está de moda ser independiente porque ahora, con las redes sociales, todo el mundo puede tomar las riendas de su carrera desde el principio, y también está muy fuerte la presencia de las mujeres con proyectos personales, pero en los noventa tú fuiste una pionera de esto, ¿cómo has vivido este proceso y cómo percibes la evolución del público? ¿Ha cambiado el público?

J: Los noventa fueron maravillosos para mí, del 93 al 2002 fueron mis años con Opción Sónica. El vivir acompañada con una disquera independiente, poderosa dentro de las propuestas musicales en México, que me hizo seis discos, que me incluyó en compilaciones dentro y fuera de México, que me metió en soundtracks, que licenció mi música, eso yo lo agradecí muchísimo, porque al mismo tiempo tenía yo plena libertad, jamás me dijeron ‘haz esto’, o ‘el siguiente disco tiene que tratarse de esto’ o ‘ya que estás en esto y nos está funcionando por favor no le cambies’, para nada, yo decidía los contenidos y decidía cómo se veía el disco, yo me involucraba mucho, ahí yo tenía total poder de decisión, opinaba Edmundo por supuesto, pero había un respeto y yo me sentía muy respaldada. Ellos organizaban mis conciertos de presentación aquí en la ciudad de México y mis discos estaban en todo el país, yo llegaba a Chihuahua y la gente ya me conocía porque mis discos estaban en las tiendas, te digo, era una época maravillosa para la música independiente, todavía no entraba en crisis la industria, hasta que fue cayendo y en 2002 ya no pudo sostenerse por la piratería y todo esto. Entonces no me costaba trabajo ser independiente, era maravilloso, yo estaba libre y podía hacer todo, iba a las tiendas y mis discos estaban ahí, iba a Los Ángeles y había una sección: “Jaramar”. Pero luego vino así como el flotar cuando cerró Opción Sónica, fueron varios años de tratar de hacer dentro de la independencia (porque yo ya me había acostumbrado), de buscar una nueva disquera, de buscar nuevos rumbos, de que mis discos desaparecieran de las tiendas porque ya no estaban, porque ya no había distribución, empecé a buscar nueva distribución, la gente ya no compraba los discos y el público te olvida, es gruesísimo, sí sentí que me empezaba a borrar (risas) ¡pero seguí haciendo discos! Me aferré hasta que descubrí Intolerancia, pero eso fue en 2007, a finales, entonces fueron cinco años de sí sacar varios discos y seguir manteniendo un proyecto vigente en el que yo creía, con incertidumbres y todo, que siguen ahora, pero yo siento que soy muy afortunada de estar ahora en el equivalente de lo que era Opción Sónica, que es Intolerancia. Y ahora es muy distinto porque la industria discográfica y musical siguen siendo muy inciertas, pero mi relación con la disquera es muy distinta, porque a pesar de que hay problemas de distribución y no sabemos qué va a suceder con el disco, el vínculo de trabajo que existe con Gerry, por ejemplo, es cercanísimo, eso es algo nuevo a partir de que estoy en Intolerancia, el tener a un colaborador que desde adentro de mi música está trabajando conmigo, que conoce perfectamente de qué se trata esto y que me respalda totalmente es algo que agradezco, entonces siempre ha habido elementos muy afortunados. La independencia te da poder, te hace poderosa, te hace creer en lo que es fundamental de hacer música, te acostumbras a tener tú la decisión, a manejar las riendas y creo que finalmente sí puedo decir que es un privilegio tener una discografía de doce títulos cuando incluso grupos fuertes no llegan más allá de cuatro, haber permanecido y haber consolidado un lenguaje y poder decir ahora ya con certeza que el espacio que ocupa mi música es mío, y que además he confirmado ese camino. Creo que al no quedarme en un espacio, al ir explorando nuevos espacios, he confirmado que es un proyecto fuerte, que tiene cosas que decir y que sigue buscando nuevas cosas que decir, eso sí me enorgullece, sé que es un orgullo para los músicos que han sido parte de mi proyecto en estos veinte años, porque yo manejo el timón y todo esto pero no lo hago sola, es el resultado de un esfuerzo colectivo.

FM: ¿Cómo te ha tocado el encuentro con este repertorio tus planes a futuro?

J: Ay, no quiero que se vaya… Es así como, ¿cómo le voy a hacer con tantos proyectos distintos? Está Jaramar con lo nuevo, está Entre la pena y el gozo, y está Caída Libre, que ésa sigue su rumbo. ¿Sabes? Yo ya tenía la inquietud desde hace un par de años, decía “ya estoy muy clavada en el rollo de la composición y eso ya no tiene marcha atrás, tengo que seguirlo explorando, está Caída Libre que es un proyecto de exploración que no sabemos a dónde llegue pero ahí está, mi amor por la música antigua está muy abandonado, yo necesito seguir explorando eso”. Entonces empecé a hablar con músicos de música antigua; platicando con Alex Otaola de esto me dijo que con quien tenía que hablar era con Manuel Mejía, el laudista que estaba en el Ensamble Galileo. Hablé con él, nos vimos varias veces, yo decía “hay que montar un repertorio sefardí”, pero él está ocupadísimo, entonces ahí quedó. Y luego surgió esto, esto es finalmente lo que tengo que hacer, es como el mismo proyecto Jaramar, pero tengo tantísimo repertorio con doce discos que creo que es perfectamente válido armar algo con esta parte, y luego armar y seguir desarrollando. Juan, mi guitarrista, decía, es que tiene tanto potencial esta música. Sí, sí lo tiene.

FM: ¿Qué sigue, qué estás preparando?

Es un caos mi vida, porque son tantos proyectos encimados… Tenemos conciertos de aquí a fin de año con mi banda básica, tocando una mezcla entre Diluvio y Fiestas Privadas, que se llama “Cantos al día y a la noche”… Lo del teatro de la Ciudad va a ser un espectáculo visual, hay canciones que vamos a tocar por primera vez en el teatro, una buena parte, y en esta alineación sólo dos músicos se sabían este repertorio, entonces son nuevos arreglos. Sí estoy componiendo, sí quiero sacar el año próximo un disco nuevo, pero sí quiero darle tiempo a Entre la pena y el gozo. No quiero quedarme en la misma formulita, no quiero repetirme, quiero trabajar con músicos de distintos lados, entonces ya hay canciones propuestas a Alex Otaola, al Cuarteto Latinoamericano, a José Manuel Aguilera, entonces hay esta parte de las colaboraciones y otro disco mío sobre los sueños, que quiero que sea un disco, libro, arte-objeto, espectáculo multimedia, para simplificarme la vida… (risas).

 

About Nora De la Cruz

Lectora.