Jaramar. Diálogo en tres tiempos (II)

Fiestas Privadas

 

Hay muchos tipos de discos: los que son ruido de fondo, los que son obras de arte impenetrables, los que son acompañantes de viaje, los que son banda sonora de la vida…Éstas y otras posibilidades se abren cuando uno pulsa “play”.

También puede ser que uno llegue a la música buscando un reencuentro. Que sepa lo que va a encontrar y esté buscando el regreso, como se busca un refugio. Como se vuelve al hogar.

Así yo volví a la voz de Jaramar, así salí a buscar un sonido que recordaba: perfecto, sublime, sutil y profundo. Pero encontré la sorpresa. Caí como Alicia en un mundo distinto. En una fiesta privada.

Supongo que a otros les pasó: esperaban el repertorio antiguo, los matices sonoros y la exquisita instrumentación a la que nos tiene acostumbrados la cantante tapatía. No contábamos con que este disco, “el primero de la segunda serie”, es un nacimiento. O, más precisamente, un florecer. Jaramar nos lo explicó mejor en la entrevista que nos concedió a finales de septiembre.

La Fábrica de Mitos (FM): ¿Qué representa en tu discografía, como obra completa o como proyecto, Fiestas privadas?

Jaramar (J): Cada disco es ciertamente el resultado de todo lo que he hecho antes, así que Fiestas privadas está vinculado, especialmente con el anterior, con Diluvio. Representa una aventura totalmente diferente que inicié en Diluvio. El otro día mi productor Gerry Rosado decía que él siente que Fiestas privadas es la continuación… No la continuación, pero que no hubo ruptura, no hubo ni siquiera un descanso de ‘ah, terminé este proyecto y ahora empiezo algo totalmente distinto’, porque al terminar Diluvio yo tenía muy claro y él como productor también –lo hemos comentado- que el siguiente disco tenía que ser enteramente de canciones mías. Sí hubo un periodo de pausa porque había que promover Diluvio, tocarlo, etcétera, y luego ya me puse a trabajar en Fiestas Privadas. Y, además yo siempre trabajo como por series, en mi trabajo plástico, en la música, por series de canciones, por colecciones de canciones, y por eso cada disco, a pesar de que están vinculados en esencia, cada disco tiene su estilo, su sonido, su color muy particular, y bueno, Fiestas Privadas tiene un sello muy distinto de todos mis anteriores discos. Por una parte porque la materia prima es totalmente distinta: en Diluvio había cinco canciones mías, aquí hay quince ¡y todas son mías, todas! Entonces el lenguaje es distinto, la búsqueda sonora y musical es diferente porque mis canciones pedían cosas distintas, yo estoy en otro momento de mi vida… Todo eso se conjuga para que Fiestas Privadas abra una puerta sonora, musical, artística, en todos sentidos, nueva, pero así grande y muy nueva.

FM: Sí, precisamente ahora que mencionas eso, que tú trabajas por colecciones, yo noto en tu trabajo eso. Por ejemplo, A flor de tierra es la colección de canción latinoamericana, y entonces hay otro disco que gira en torno a la mujer o a lo femenino [Nadie creerá el incendio], hay otro que es la canción de cuna [Duerme por la noche oscura]  y Diluvio es un disco como oscuro, más sanguíneo… Entonces, ¿cuál es el núcleo de Fiestas Privadas?

J: Es curioso pero, ahora que he estado en las entrevistas, a veces me sorprendo de la lectura que la gente le da a Fiestas Privadas en el contenido y en el sonido. Me han dicho que es un disco melancólico y yo sentía que era un disco luminoso; es un disco esperanzador, es un disco con una energía y una vitalidad que mis discos anteriores no tenían por lo menos de esta manera… Es mi disco más contemporáneo, es el más mío, es el que más refleja lo que soy yo, lo que es Jaramar en gustos, en digamos que “esencia filosófica”, en cuestionamientos de vida, en todo: es el que más refleja eso y tiene -decía yo y lo pusieron en el boletín- que tiene un sabor ácido, porque tiene algo que ninguno de mis discos logró tener porque (como yo no componía las canciones aunque los arreglos y todo eso sí, yo determinaba cuál era el sonido y esto) aquí es enteramente Jaramar, entonces hay un lado lúdico, sarcástico, que por ejemplo mi pintura tiene y que no se sentía nunca en mi música, mi música era más sublime o no sé, ¿verdad? (ríe) y mi pintura es más informal y libre y lúdica de alguna manera, mi escultura sobre todo…

FM: Y onírica incluso a veces, ¿no?

J: ¡Sí! Y entonces, Fiestas Privadas sí tiene eso, las historias son… y los personajes… están muy vinculados con los que yo pinto, entonces sí hay un sabor que creo que más bien es una combinación de sabores mucho más rica, una paleta de colores y sabores rica.

FM: Quizá para la gente que está leyendo tu disco ahora es un poco difícil porque habías venido haciendo música antigua, música de un repertorio, digamos, distante a nosotros. Es notorio que para ti es una trayectoria muy clara de ir investigando a de repente hacer algo completamente tuyo pero, ¿qué queda de lo que conociste antes en esto que compones ahora?

J: Mira, en realidad yo nunca he investigado. Y nunca he tenido un afán de rescate. Mucha gente me dice: ‘es que tú rescatas, tú haces como esta divulgación de la cultura…’ Ése nunca fue mi afán. Yo… Te voy a contar un poco como la historia: cuando yo empecé a cantar ya profesionalmente, hace mucho años, fue con un grupo de Canto Nuevo -era la época de la nueva canción mexicana- que se llamó “Escalón”. El compositor era el guitarrista del grupo y el principal arreglista; era un trío, dos hermanos y yo, y era una cuestión como mucho de tener un sello personal, pero era un lenguaje del que era el compositor. Entonces yo buscaba mi voz y todo esto, pero yo sentía que eso no era realmente lo que yo debería de cantar, y justo por aquella época yo descubrí la música antigua por accidente. No porque yo estuviera investigando ni nada, sino porque un día me propusieron para una obra de teatro montar un repertorio de música antigua y yo lo hice ¡y me enamoré!, dije: ‘esto tiene mucho más que ver conmigo que lo que estoy cantando con el grupo, que me gusta y todo pero tengo que buscarlo y a veces siento que está medio forzado, etcétera; esto me fluye naturalmente, es como si esta fuera mi música, ¡qué chistoso!, si yo nunca la conocí antes y es de otros siglos, pero es bella, es muy sencilla…’ Y además yo la abordaba sin conocimiento previo ni nada, de la forma menos académica que te puedas imaginar y muy poco metódicamente, entonces eso creo que fue una virtud en mí, porque lo seguí haciendo de esa manera: no me puse a investigar cómo se tenía que cantar ni nada… Luego entré a formar parte –precisamente porque me descubrieron que yo andaba cantando estas cosas- de un grupo de música antigua, de música medieval y renacentista, primero como invitada, y nos hicimos amigos, y luego ya me invitaron a ser la cantante del grupo. Aprendí mucho con “Ars Antiqua” en los diez años y pico que estuve allí; estaba yo al servicio del repertorio del grupo pero había la apertura para que yo cantara como yo quisiera las canciones. A pesar de ser un grupo dedicado a la música antigua, tenía una frma de abordarla simple y creativa, y eso me gustaba porque había los puristas que decían que yo no cantaba la música antigua como se debía, ¿no? Pero era música popular y yo siempre decía: ‘nadie sabe, nadie sabe, ¿cómo van a saber cómo se cantaba esto?’  Todo el mundo está especulando y a mí no me gustan esos grupos herméticos de ‘nosotros tenemos la verdad’, entonces yo lo hacía de una manera intuitiva y muy poco… respetuosa. Y por esa época empecé con mi proyecto, ya dije ‘esa música me encanta, pero con Ars Antiqua estoy en función de lo que el grupo necesita poner, está totalmente acústico, etcétera… Yo quiero hacer otras cosas con esta música, yo quiero meter sintetizadores y combinar instrumentos que no son para esto, armonizar distinto, modificar las melodías, incluso las estructuras de las canciones, ¡hacerlas más mías! Y escoger exactamente lo que yo quiero cantar, ¿no? No cantar nada por obligación’. Entonces invité al cuate que había sido el compositor del grupo “Escalón” aquel y al director de “Ars Antiqua”, que eran los dos músicos en los que yo más confiaba, y empecé mi proyecto, que era mi proyecto, Entre la pena y el gozo, que salió en 93. Entonces aquí yo era la jefa y la que decía ‘quiero combinar esto y esto’ y ellos aportaban muchísimo, pero un poco el repertorio yo lo escogía y yo decía cómo quería que sonara. Y así fue que fui construyendo mis discos porque ciertamente eran canciones antiguas, de otras épocas, pero eran las que yo podía curiosamente sentir que eran más mías y que me reflejaban, y que eran muy bellas y yo disfrutaba mi voz haciéndolas y esto… Pero yo no me quedo en un lugar, no me siento cómoda quedándome demasiado tiempo en ese espacio. Entonces, el tercer disco es de poesía [Si yo nunca muriera, poesía náhuatl], que era otra de mis pasiones; el cuarto es Lenguas, donde ya canté en lenguas que nadie iba a entender y no me importó… (ríe). Sí, porque al principio yo decía ‘no, en español, aunque sea antiguo o sefardita, pero que por lo menos capten algo de lo que estoy cantando’, y luego dije ‘no importa, ya estas alturas creo que aunque cante en provenzal o en galaico-portugués no importa, si me gustan las canciones y siento que son bellas, va’. Luego viene A flor de tierra, y luego el de las mujeres, el disco de los niños, en fin… Hasta Diluvio. En Diluvio empezó una aventura que era bien importante: fue mi primer disco con Intolerancia, con Gerry Rosado de productor y con una búsqueda creativa y libre, y un compromiso y una responsabilidad muy distintos. Por primera vez me tocó un productor excepcional que estaba abierto a la experimentación y sobre todo que me respetaba profundamente como artista. No era “¿cómo ven si grabamos una canción mía?” y que me voltearan a ver como “¿y a ti quién te dijo que eres compositora?” No aquí, era: “va, lo que tú propongas y por supuesto”, y era un gran respeto por mi trabajo, y entonces eso me dio valor. Entonces, aquello también era mío, eran las canciones que yo encontraba que me podían reflejar, pero ahora sin duda alguna hay una gran distancia porque éstas son realmente yo. Esto soy yo.

FM: Leí por ahí que tú decías que fiestas privadas, ayer lo comentabas en la rueda que…

J: ¿Estuviste en la rueda?

FM: No, la iba siguiendo por Twitter

J: (ríe)  Ah, órale.

FM: …que tú comentaste que Fiestas Privadas hablaba un poco de los rituales cotidianos. Entonces quisiera preguntarte, en tu proceso creativo quizá sí influye lo que has escuchado, los artistas, otras grandes obras pero, ¿cómo influyen las cosas cotidianas en este proceso de ir intuyendo lo que quieres decir? ¿Cuáles son los rituales que están en tu proceso creativo?

J: Influyen todo el tiempo. Mira, yo soy alguien muy solitaria. Vivo, en Guadalajara, en una zona apartada de la ciudad, vivo en las afueras de la ciudad. La casa donde vivo es donde ensayo, donde pinto, está mi cuarto de ensayo, está mi estudio de pintura, está mi jardín. Y soy hija única, entonces crecí de una manera como solitaria, estoy bien conmigo, es con quien paso la mayor parte del tiempo, me cuesta trabajo salir de ese mundo… Entonces decía yo que yo soy muy dada como a los rituales, a hacer cosas como de cierta manera. Entonces de alguna manera siempre -eso lo aprendí yo creo que de mis padres, especialmente de mi padre, porque era muy así- fui creándome un mundo personal donde me pudiera yo reconocer. En las ciudades en las que he vivido ya sola y todo tenía que tener como ciertos objetos, ciertas cosas, sentir que era mi mundo y que aunque ese mundo se fuera modificando, con colores distintos a veces,  gente distinta, era mi mundo, era el lugar a donde yo podía llegar de ese exterior que a veces sentía yo atemorizante y sentir que me podía reconocer a mí misma y sentir que era mi espacio. Y donde haces tus cosas, te preparas el té y lees, de cierta manera, y donde están tus libros, y donde quieres que vaya la gente que más quieres y a donde quieres siempre poder regresar. Es como tu ancla, donde puedes tener ahí un espacio, y ése es el espacio donde construimos Fiestas Privadas, el que refleja, que está reflejado en las canciones. Y por eso era la cuestión de “¿y cómo se va a llamar el disco?”; me tardé mucho en decidirlo, pero alguien fue quien me dijo “es que Fiestas Privadas, ¡es lo más lógico!”.  Tenía una lista y lo consultaba con algunas personas muy muy cercanas, pero finalmente me di cuenta de que claro, tenía que reflejar todas las canciones… Son mis fiestas privadas, mis rituales cotidianos.

El disco tiene, es cierto, una atmósfera de intimidad. Hay una exploración muy evidente de las sonoridades modernas, pero la madurez que se percibe en la voz no podía ser otra sino la que se ha venido decantando a través de los repertorios que han cruzado siglos y culturas. Las letras de las canciones están dotadas de un imaginario muy personal y de un colorido particular. Está la sensualidad dibujada en un solo trazo, y la intensidad de la vida en sensaciones aparentemente simples, pero profundísimas. Fiestas Privadas comienza como un susurro y va creciendo, se va clavando, se ancla… La voz de Jaramar nos recibe como el hogar que se reencuentra, pero el sonido del disco nos sorprende y nos conmueve como un viaje a lo desconocido.

 

About Nora De la Cruz

Lectora.