La Cantinera I

Una de las notas que han causado comentarios diversos en los medios esta semana, nuevamente se refiere al asunto de la discriminación hacia las mujeres. Ahora por un comercial que promociona una barra de chocolate, en el que una joven y guapa chica se transforma en un rudo skato. La discusión suena bizantina, pero me da la oportunidad de escribir un hipotético planteamiento a raíz de otro fenómeno cibernético en defensa del gremio femenil, éste relacionado con las cantinas. El título de esta serie de tres relatos homenajea un temerario pase de dominó: la cantinera.

Este movimiento fue un mito para mí desde mi iniciación en el dominó. Nunca fui testigo de su uso práctico, hasta que, allá por los años de 1993 o 94, estando en la tradicional cantina “La Mundial” decidimos mis contertulios y yo echar la ficha. Jugué yo con otro joven arquitecto – alias Cacho –, contra el arquitecto que se encargaba de la obra en la que estábamos trabajando todos – alias el Jefe –, y el electricista – alias Güili. En aquellos entonces, no obstante ya se permitía la entrada a mujeres en las cantinas, pocas eran las chicas habituales al sitio, y menos aun las que jugaban dominó.

Aquella ocasión, después del consabido “sales o salgo”, seguido del también consabido “el dominó es pa’mudos” decidió mi pareja iniciar la mano con un águila bicéfala, es decir, una ficha con dos números … digamos que fue la cuatro-seis. Con los ánimos relajados y la chela a lado, todos nos encontrábamos, como quien dice, chupando tranquilos, cuando el Jefe respiró hondo, tomó dos fichas, y con lujo de azotón en la mesa las colocó en el juego… le puso cabecita y piecitos a la salida de Cacho… A su pareja – el Güili –  se le fue el color, y Cacho y yo quedamos enmudecidos al contemplar el mito hecho realidad. El jefe había decidido aplicar la cantinera… y arriesgar el pellejo con ello.

Desde entonces no he vuelto a presenciar semejante acto de temerario arrojo domineril, ni he tenido yo la presencia de ánimo para aplicarlo. Y en honor al respeto que le tengo a este bonito pase de fantasía y alto peligro, les presento mi primera anécdota, que se me ocurre al pensar: ¿qué pasaría si, después de tanta alharaca, se deciden ir las chavas con más frecuencia a las cantinas? y ¿qué pasaría si en dichos establecimientos se permitiera, además, el acceso a niños y mascotas? Cero discriminación.

Imaginemos una escena en una cantina en… ¡Santa Fe! (Cuajimalpa, Ciudad de México).

Una tarde de viernes de quincena en una cantina anónima, un grupo de amigas ha decidido reunirse a comer primero, y echar alguna partidita después. El sitio esta abarrotado, y el grupo de cuatro señoras, jóvenes amas de casa, platica mientras el mesero retira los platos y limpia la mesa. Francesca pregunta animada:

-Ay amigas… ¿qué onda entonces? ¿pido el dominó o el cubilete?

-¡El cubilete! ¡el cubilete! – Macarena casi brinca de su silla – saben que me encanta, y soy buenísima… Gonzalo me ha enseñado un truco nuevo que les quiero presumir…

-¡Ay, no Macaaaaa! Me acabo de hacer las uñas y con el cubilete siempre me las maltrato – interviene, nerviosa, Claudia – mejor nos presumes la semana que viene…

-Pues entonces pide el dominó, Fran – dice Maca – al fin ahí viene Liz de regreso…

-Bueno, okey… ¡Charli! ¡Charliiitooo! – Francesca llama al mesero, que se acerca – ¿te encargo el dominó porfa? Con libretita y una pluma, hoy no traemos con qué apuntar.

El mesero se aleja, y llega la cuarta contertulia, Liz, que estaba en el baño.

-Fran… ¿ya viste a Lorenzo, tu marido? Está en una mesa en el tapanco, lo acabo de saludar, se ve que llegó más o menos como nosotras porque ya está jugando dominó con sus amigos… ¡qué coincidencia! ¿no?

-¡Ay qué buena onda! Chavas, aguántenme tantito, voy por los niños al play-court para llevarlos a que saluden a su daddy…osea… le va a dar mil gustoooo…

Francesca abandona su mesa, recoge a Lorenzo jr. y a Santi en la zona de juegos que recientemente se ha habilitado en el lugar, sube al tapanco y se acerca a la mesa de su marido y amigos…

-¡Hola Lawry mi amor! – los chiquillos corren y se cuelgan del cuello de su papá, él y sus amigos bajan su juego – ¡Qué onda Vicente! ¡Hola Pepe! ¡Qué hay Mario!

Los cuatro hombres saludan de beso a Francesca, a los niños de mano con aspaviento y “¡Hola campeón!” incluido. Junior se sienta en las piernas de tío Vic, y Santi en las de su papá. Comienzan a agarrar las fichas mientras los adultos se preguntan “¿Cómo estás?” y contestan “Super.. y tú?” después de lo cual, le dice la mujer a su marido:

-Bueno mi amor, sólo te traje a los niños a que te saludaran, ya nos vamos para que sigan su juego…

-¡NO ME QUIERO IR! – declara Santi, el más chiquitín, mientras chupa las fichas de su papá – ¡QUIERO JUGAR CON DADDY!

Los amigos ríen nerviosos…

-¡MAMI, MAMI… AHÍ VIENE EL PAYASOOOO! – dice Lorencito chico – ¡AHÍ VIENE EL PAYASO!

-Frannie, me quedo con los niños un rato en lo que pasa el payaso… ¿aquí vas a estar?

-Si mi amor, si quieres llévalos al playground, yo ahí los tengo con su nannie

-Bueno, bueno… ¡No mi vida, eso es para papá solamente! – le quita su cerveza a Santi – ahorita te pido una coca…

-¿Seguro que quieres que te deje aquí a los niños? ¿No les importa?

-¡Por favor, Francesca! ¡Claro que no! ¡Si Santiago juega mejor que su papá! ¡Déjanoslos a nosotros para que vayan aprendiendo!… – contestan los amigos y Lorenzo al mismo tiempo…

Francesca regresa a su mesa, después de despedirse, y encuentra a sus amigas charlando y echando una cascarita de tres…

-¿Qué onda contigo, Pancha? ¡Te estamos esperando!

-¡Ay perdónenme! Es que los niños no se quisieron bajar… los dejé con su papá…

-Bueno… ¡YA! – interrumpe Liz – ¡A jugar que el chofer pasa por mí en tres horas!

-¡Ay qué onda contigo Lizzie! – contesta Maca – siempre con tus prisas güeeeey…

-A ver chicas: las más altas contra las más bajas… como siempre…

-¡Otra ronda igual Charli!

Cada una toma su ficha de la sopa, y la voltean en la mesa con el respectivo azotón, mientras el payasito hace figuras de globos para los niños arriba, otros chiquillos salen de los baños acompañados de sus nanas, y hombres y mujeres practican los típicos juegos de cantina. El escándalo es tanto que apenas se puede escuchar la música de Tears for Fears (música de adulto contemporáneo) de fondo.

About La Bruja

La Bruja se construye con arquitectura e historia, se deconstruye con cigarro y tequila, y escribe lo que sucede mientras se reinventa.