La educación en el primer mundo

Mi hermano está trabajando en un libro sobre las sociedades post – revolucionarias. El otro día me lo encontré en el mensajero -diría Koyote- y me hizo algunas preguntas que me hicieron reflexionar acerca de lo que entendemos por educación y por desarrollo.

A mi carnal y a mí nos inculcaron que la base de todo progreso era la educación. Es algo que todo el mundo dice, que en México nos falta educación y por eso hay sobrepoblación, delincuencia, pobreza y otras tantas cosas. Esto es cierto, al menos parcialmente. El problema radica también en que nuestro concepto de educación es un tanto limitado: creemos que sólo está bien preparado el que tiene maestría y doctorado, si no estás titulado no puedes aspirar a un buen empleo y, en general, los egresados del Conalep no entrarán al reino de los Cielos.

Una de las primeras sorpresas que nos llevamos al llegar acá -mis alumnos y yo, quiero decir- fue que muchos de los profesores de Mountain Creek e Indooroopilly no cuentan con una formación universitaria como tal, mientras que en el Tec, por ejemplo, para dar clases en BI (se dice) el requisito es tener estudios mínimos de maestría -la anfibología fue involuntaria, pero quedó bonita-. Por otra parte, mis alumnos estaban adelantados en los contenidos de todas las materias, de modo que resultó que, al llegar al primer mundo, los mexicanos estábamos sobrecalificados. ¿Será?

Sí, lo estamos. Y entonces, si estamos más preparados que los australianos, ¿how come seguimos tan jodidos? Eso es lo que mi hermano quiere escribir y que empezamos a dilucidar. Evidentemente hay muchas cosas que salieron mal, pero para entenderlas tenemos que partir de un concepto fundamental: un país de primer mundo no está necesariamente poblado por seres superiores y adelantados a su tiempo -ejem, algunos no se bañan-, sino que es simplemente una nación que ha logrado un alto nivel de industrialización y desarrollo económico.

– ¿Y cómo lo logran? -Pues con educación. – Oh, ¿pos no que no? Me explico: al terminar la escuela básica (el High School, a los 16 años), los jóvenes deciden si quieren ir a la universidad o profesionalizarse en un TAFE, una escuela de enseñanza técnica, donde se entrenan en oficios como la construcción, la carpintería, la decoración de interiores o la administración mínima de un negocio. Esto no se ve como una educación de segunda clase, pues los egresados, al incorporarse al mercado laboral, se encuentran en igualdad de oportunidades. Un carpintero australiano no usa siempre la misma camiseta de rayas ni canta “Amorcito corazón”; es sólo un ciudadano más con un nivel de vida como el de cualquiera de sus compatriotas. Un profesor de preparatoria, con menos preparación que yo, gana en una semana lo que yo gano en un mes. Sin embargo, es importante decir que su profesionalización es de alto nivel y, cuando salen de esta especie de escuelas técnicas, realmente están calificados. Como dato curioso, en el primer mundo antípoda, en los jardines de la Universidad -al menos la de Sunshine Coast- no tienen borrachos ni mariguanos: tienen canguros (dato real, pronto subo la foto).

¿Y si en México hay tanto y tanto estudiante de nivel superior -las estadísticas de la UNAM lo demuestran- por qué no hemos dado el salto a la vida de a deveras, con alberca en el patio de atrás y Sauvignon Blanc a la hora de la cena? Porque la educación no tiene el nivel que debería tener, porque está retacada de contenidos inútiles, porque la gente que diseña los programas no tiene la formación que se necesita para ello… Razones sobran.

Y entonces, ¿en Australia nosotros somos los know-it-alls? ¿Conquistaremos Cangurolandia? No estoy segura: en México uno tiene que estudiar posgrados para tener más oportunidades laborales: representan un medio de movilidad social, o mejor dicho, de supervivencia. Sin embargo, acá no significan mucho, pues Australia sabe lo que necesita y sólo profesionaliza a su gente en dichas áreas. (Aunque se prevé que en los próximos años muchos maestros alcanzarán la edad de retiro, y no habrá suficientes para sustentar el sistema educativo koalándico. Coleguitas, ya no tenemos que esperar afuera de Gayosso para que nos den chamba en un CCH o una ENP, mejor acá le caemos, jeje.)

Hay muchas cosas, sin embargo, que a nosotros nos parecen más o menos inconcebibles: por ejemplo, que no consideren necesario usar jabón para lavar una cuchara, que los profesores tengan que consultar un libro para responder las dudas de sus alumnos, que tarden una semana para resolver un problema simple de organización escolar. “Parece mentira que sea primer mundo”, dice uno, escandalizado; pero todo eso es simplemente cultural, a la hora de la hora sólo nos queda reconocer que en Australia el bienestar sí es algo que está al alcance de todos.

About Nora De la Cruz

Lectora.