La guerra de los estudios: Las secuelas amenazan (Episodio 1)

Cuando vamos al cine, ¿cuántas historias originales vemos en cartelera? Hoy en día, todo es una secuela, precuela, remake, reboot o adaptación. ¿Estamos viviendo una crisis? En este post nos enfocaremos en las secuelas: ¿Historias necesarias o un pretexto para ganar dinero?

Ayer, cuando dieron la noticia de que Toy Story 4 estaba siendo planeada, me decepcioné. Para aquellos que vieron la tercera, estarán de acuerdo conmigo cuando digo que fue un final digno para unos personajes que crecieron con muchos de nosotros, ¿para qué una cuarta parte?

Y esa es la pregunta que todos los directores, guionistas, estudios y distribuidoras deberían hacerse a la hora de pensar en una secuela. La fiebre de continuar historias, la mayoría de veces innecesariamente, ha tomado fuerza en la última década. Las ganancias en taquilla son la principal razón por la que esto sucede pero, ¿a dónde nos lleva esto?

Recuerdo cuando las continuaciones no abundaban en las salas de cine. Toda historia tenía un principio y un final. No se hacían cintas pensando en cómo se iban a continuar. Algunos argumentarán que las secuelas siempre han existido (tan sólo pensemos en Freddy Krueger o Jason Voorhees) y estarán en lo correcto. No obstante, antes, una segunda parte no se daba por las ganancias, sucedía porque las personas en verdad querían ver más de esos personajes.

Pensemos en la franquicia de Nightmare on Elm Street. Sin contar el remake y el crossover con Jason, la saga consta de siete filmes. Analizando sus resultados en taquilla veremos que no fueron un éxito y que cada entrega juntaba menos que la anterior. A pesar de esto, las secuelas continuaban. Si Freddy Krueger hubiera nacido en esta década, probablemente no tendría la misma suerte. Anteriormente las secuelas no existían con la finalidad de explotar los bolsillos de la audiencia, ocurrían porque los personajes eran tan memorables que era difícil dejarlos morir.

Tristemente no puedo decir lo mismo de las interminables entregas de Rápido y Furioso. No me imagino a Dominic Toretto (personaje interpretado por Vin Diesel en la cinta antes mencionada) siendo considerado un ícono del séptimo arte como lo es James Bond. Entonces,  ¿por qué ya se está planeando una sexta parte para mayo del 2013? Y lo que es peor aún, ¿por qué las personas siguen viendo eso? Y es aún más frustrante cuando filmes que en verdad merecen una continuación no la obtienen porque sus números no fueron los que sus respectivos estudios esperaban.

Los Increíbles de Pixar es la primera que me viene a la mente. Cuando anunciaron Cars 2 y una precuela (tema del cual hablaremos en otro post), de Monsters Inc. me pregunté por qué no hacían algo con Los Increíbles. De todas las películas de Pixar, esa es la única que grita una segunda parte y de la cual se podría dar fácilmente una franquicia. Además, los personajes son memorables, ¿quién no recuerda al bebé Jack Jack o a la gruñona, pero sofisticada Edna Moda?

Los ejemplos podrían continuar durante muchos párrafos más y existiría un gran debate sobre qué filmes merecen una continuación y cuáles no. Sin embargo, la razón de existir de este post es para analizar lo que sucede actualmente. Cuando vamos al cine, ¿en verdad queremos y necesitamos una trilogía de robots que quieren destruir al mundo? ¿O una segunda entrega de autos parlanchines? ¿O eternos eventos paranormales?

Las terceras, cuartas y séptimas partes seguirán existiendo mientras sean sinónimo de una ganancia monetaria. Desgraciadamente el dinero no es una razón suficiente para que una historia o personaje sea memorable. Las secuelas deben entender que cantidad no es lo mismo que calidad.

About James

Cinéfilo. Lector. Estudiante de Comunicación Visual.