La interné

Conocida así en el bajo mundo de mis queridísimos amigos con los que me comunico únicamente vía Messenger, hi5 o myspace.

Recuerdo haber sido una detractora empedernida de la “impersonalidad” de la tecnología, en aquellos tiempos en que entregaba mis textos manuscritos, bajo la mirada asesina del corrector de estilo en turno.Se pierde la esencia – decía yo, – yo pierdo la cabeza- me decía aquel colérico e incomprensivo humanoide.

Fue mi mejor amigo quién abrió mi cuenta en myspace, ¿la finalidad? Comunicarnos mientras el emprendía un introspectivo viaje para sanar su alma malherida. Funcionó, aprendimos que la distancia no aleja, no perdimos detalle de lo que sucedía en nuestras vidas (Las Vegas, España, La col. Roma, Tepito, Amsterdam, lugares entrelazados por la hermandad cibernetica) seguimos creciendo juntos, hasta ahora.

Un día decidí cambiar de ciudad, sabiendo que dejaría allá a mi familia de sangre y la elegida. Pero la interné ha permitido que siga de cerca la crisis existencial de mi hermano el filósofo, el instinto suicida de mi amigo genio en Nueva York, la confusión de mi liberal amiga semi-enamorada, el nacimiento de canciones cadavéricas, las desventuras sexuales y anti-romanticas de mi amiga la punk, el desarrollo de mi púber sobrina y muchas mas cosas que sin la interné serían inimaginables. Tampoco me he salvado del lado oscuro, he recibido correos de gente que se escuda tras un nick name impenetrable queriendo destruir mi tranquilidad, pero es tan fácil desaparecerlos, como dirigir la pequeña flecha a la casilla (correo no deseado).

¿Una amistad puede nacer por Internet? Yo era escéptica hasta que circunstancialmente, tengo un amigo virtual, y platicamos, y reímos y compartimos, el resume nuestra relación así: Ni te conozco, bueno pero si conozco tu mente enferma, eso es mas promiscuo que conocerte en vivo”. Y así es, me conoce mucho más que mucha gente cercana.

Mi zombie me escribe cuanto me ama, mis amigos cuanto me extrañan y yo se que no estoy sola, siempre estoy virtualmente acompañada. Ya llegará el día en que volvamos a abrazarnos y escuchar nuestras voces, compartir cerveza en una vieja cantina del centro (Ahora recuerdo que hace algunos días compartí una ciber-borrachera con mi papá).

Mientras tanto, gracias interné.

Esta semana les voy a recomendar un libro llamado: Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Esteban De La Boetié. Un poco de filosofía por uno de los primeros anarquistas.

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