Los de Arriba: fútbol y ¿ficción?

Portada Los de ArribaEl domingo jugaron los Pumas. Perdieron. Antes, durante y después del partido hablé del tema, lo mencioné en Twitter y sufrí porque nos tocó ser vencidos por el rival acérrimo. Esas son las derrotas que más duelen.

Mientras todo esto sucedía yo pensaba en la novela que había leído recientemente: un texto joven de un autor ídem, contada desde muchos ángulos y, por lo tanto, con múltiples realidades. Si mientras tuiteaba el resultado -fallido- del juego del domingo me sentía como Rosario Bravo, uno de los personajes, al leer la primera página de esta historia también reconocí referentes familiares: la fila para entrar al estadio, la ilusión de llegar, los policías indiferentes y el bullicio con el que se anuncian las barras bravas -en mi caso, la Rebel; en el libro, Los de Arriba-. Los planos se mezclan sin que yo pueda distinguir dónde comienza la ficción y dónde la realidad.

Pero el juego de reflejos no queda ahí: desde que vi la portada pensé que el título lo emparentaba con -al menos- otros dos libros bien conocidos: Los de Abajo, de Mariano Azuela, novela obligatoria y engorrosa, novela monumento, novela lucha social; el otro, Los de Arriba, de Guadalupe Loaeza, catálogo de niños y niñas bien, y sus padres bien, y tipo que así y así. Al pensar en estos antecedentes, algo tiene de humorística la relación: la novela de Juan Pablo Torres es un retrato sobre el fútbol y el montón de cosas que lo rodean, imperceptibles y estruendosas: la fiesta, la pasión -dolorosa a veces-, la corrupción, la ignorancia, la pobreza, la lucha de intereses, el juego deportivo que queda a la vista de todos y el otro, el de los ocultamientos, del que depende todo lo demás. Los ricos aquí no son los de Loaeza, de abolengo y modales mimis, pero los pobres tampoco son estoicos, hieráticos, como los de la muralista -lineal- novela de la Revolución. Y, sin embargo, “Los de Arriba” que nos presenta Torres sí son una especie de tribu sagrada y poderosa, y también son la carne de cañón de una lucha que nos los beneficia, aunque durante dos horas los redime.

Hay una tercera relación que podría establecerse entre esta novela y otra historia: la de Rudo y Cursi, supuesto retrato de los tejes y manejes del mundo deportivo mexicano. Sin embargo, la historia que nos presenta Torres tiene una particularidad, no menor: la historia se desarrolla en provincia, en el contexto de la segunda división, lo cual la dota de cierto tipo de personajes que solo son posibles en una ciudad como León, dando mayor relieve al juego que puede representar el ascenso: se convierte en un rito de paso, en una posibilidad para la alegría.

Juan Pablo Torres es un autor joven. Los de Arriba es su segunda novela. Entretenida, aguda en su observación de la realidad -la frontera, insisto, entre la ilusión y la verdad es casi nula: nos reconocemos a cada página-, ligera para leer, contemporánea (los personajes tuitean, los héroes-futbolistas conceden entrevistas), divertida, socarrona, triste… No puede negarse que, a veces, el autor pierde la atención que le exige el discurso literario por concentrarse en los detalles de la historia o del tema, pero a cambio también debe decirse que en el libro encontramos páginas sublimes -la primera de El Mono es un portento, por ejemplo-. Se trata de un libro bastante legible que anuncia algo más, como suele ocurrir con los novelistas jóvenes.

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Lectora.