Nadie debería jugar con una casa de muñecas

Casa de MuñecasNo lo digo yo: lo dice la autora, en su “advertencia final”, poco antes de cerrar el libro. Concuerdo: este libro no es para jugar, no se deja tomar a la ligera. Yo intenté leerlo en el metro, de un jalón, antes de ir a dormir, mientras esperaba a alguien en un café. Imposible. De él sale un espanto y te muerde la mano para que lo sueltes. Se asoma un ojo siniestro, un rastro de crueldad, un jirón de cabello artificial. Imposible seguir leyendo: algo perturba y es necesario detenerse a esperar que se asiente. Creo que eso es lo que busca una buena minificción. Las que componen esta colección lo logran.

Al escuchar el título del libro, Casa de Muñecas, pensamos sin duda en Ibsen y en lo femenino. No se puede negar que estos relatos, organizados por Patricia Esteban Erlés en torno a un juguete, sí, pero también a una casa y sus ámbitos, son exploraciones también de lo femenino, aunque muy distintas a la de Ibsen. Aquí encontramos miedos, obsesiones y violencia, todo sugerido con una sutileza contundente que no deja margen de duda. Creo que quienes gusten de los relatos fantásticos y terroríficos disfrutarán de este conjunto de historias breves, pero elocuentes. No se trata de una colección disímbola de ocurrencias: los relatos se encuentran perfectamente agrupados en conjuntos temáticos, que corresponden a las habitaciones de la casa. La autora incluso sugiere maneras de hacer el recorrido por su libro, al escribir tres hojas de ruta que aparecen al principio. Así, aunque hay mucho del imaginario clásico y se percibe la influencia de otros autores (se incluyen homenajes a Arreola y Monterroso, por ejemplo), esta obra es también contemporánea, ideal para el lector interactivo, para quien gusta de lo inmediato breve. Por si fuera poco, está estupendamente ilustrado por Sara Morante, con lo cual se convierte en una experiencia sensorial, sí, pero no completa: es decir, ofrece estímulos para invitar al lector a entrar al juego, que es la casa (o al revés).

Por eso creo que este libro es, precisamente, un juguete. Así, como una casa de muñecas: uno puede llegar, y visitarlo, y entretenerse en una sección, y luego irse, y volver. Este libro se lee como un juego oscuro y se camina como una casa en miniatura. Pero nadie debería jugar con una casa de muñecas, dice la autora, porque es un falso juguete, un juguete maldito.

 

Casa de Muñecas, de Patricia Esteban Erlés e ilustrado por Sara Morante, es una publicación de Páginas de Espuma, que se encuentra ya disponible en librerías. Más información, en www.paginasdeespuma.com

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Lectora.