Nuevamente: de las calles y plazas de nuestra Gran Ciudad

Durante este largo fin de semana, en el diario Milenio se anunció que se conmemorará el aniversario luctuoso de Giordano Bruno en “una plaza que lleva su nombre en la Ciudad de México” (Notimex. “Celebrará México a Giordano Bruno.” Milenio 4 de febrero de 2012: Cultura 44), y se descose la escueta columna con los eventos que se harán en Polanco, y una breve relación sobre la vida de este personaje de la Edad Media. Pero no cuentan lo interesante del sitio en donde está la Plaza Giordano Bruno, que es ni más ni menos que la mismísima Colonia Juárez. Esta bruja es juariñela desde hace un par de años, y me interesa la divulgación de las cosas buenas e interesantes que tiene esta castigada colonia.

La plaza se ubica entre las calles de Londres y Liverpool que corren paralelas, Bruselas que es perpendicular, y forma un polígono con las calles de Roma y Lisboa, pues el punto está precisamente en la zona donde el trazo de la colonia cambia su configuración:

La colonia Juárez fue fundada a finales del siglo XIX respondiendo a la necesidad ineludible que tenía la ciudad de México de expandir sus límites urbanos. En aquellos entonces la urbe se limitaba a lo que hoy conocemos como el Centro Histórico, y estaba rodeada de grandes haciendas. La colonia Juárez y la Cuauhtémoc se trazaron sobre lo que algún día fue la Hacienda de la Teja, y casi la totalidad de estos terrenos eran parcelas de siembra. Las primeras calles de la colonia continuaron la orientación geométrica de las calles del centro siendo la Avenida Bucareli la principal; ésta se construyó en el siglo XVII por el virrey que le da nombre con el objeto de que sirviera de paseo y esparcimiento, originalmente tenía fuentes, árboles, y glorietas. En 1874, bajo la batuta de don Rafael Martínez de la Torre, se trazaron y construyeron las primeras calles de la colonia paralelas y perpendiculares a Bucareli, en 1876 se determinó que el trazo seguiría la orientación del Paseo de la Reforma, es decir, las calles subsecuentes se trazaron con otra orientación, y éste cambio de dirección entre los dos criterios se refleja en las intersecciones irregulares –no en ángulo recto– de las calles, por eso la forma de la Plaza Giordano Bruno no es cuadrada, sino que es poligonal. Para 1906 la colonia ya comprendía los predios que se circunscriben en el perímetro de las avenidas de Bucareli, Chapultepec, Paseo de la Reforma, e Insurgentes, su lotificación estaba terminada y lista para seguir albergando a los vecinos que poco a poco se mudaban a esta nueva colonia campestre. Los ocupantes, como ya todos sabemos, fueron las familias adineradas de la época porfiriana, y de ésta época datan las mansiones y villas estilo ecléctico que tanta fama dan a la colonia.

El segundo dato interesante es la identidad del sujeto. Cuando me mudé a la colonia y supe de la existencia de la placita, me pregunté quién podría haber sido este personaje que hasta estatua tiene:

Giordano Bruno se llamó Filippo Bruno hasta que tomó los hábitos de la orden de Santo Domingo cuando tenía diecisiete años. Nació en un pueblo de Nápoles en 1548 y murió en la hoguera condenado por la Inquisición en 1600, en Roma. Para variar, el padre Giordano resultó ser muy abuzado desde chiquito, y siendo dominico se dio vuelo estudiando filosofía, astronomía, y demás artes que lo convirtieron en Doctor en Teología de la Orden en 1575, gusto que le duró poco, pues cuando comenzó a predicar sus ideas y a armar zafarranchos por donde pasaba tuvo que colgar los hábitos en 1576. Se comprenderá que al leer sus principios y tratados gnósticos, herméticos, y filosóficos, no haya entendido mucho, pero les puedo contar que este padre fue, junto con Galileo, uno de las mentes preclaras que en base a sus observaciones y cálculos concluyó que nuestro planeta estaba en constante movimiento, y que giraba en torno al Sol. Sus disertaciones acerca de la existencia del movimiento de los astros y de otros planetas, sobre lo que es finito e infinito, y sus ideas muy personales acerca de la validez de las imágenes de los santos, entre otras cosas hizo que el Santo Oficio se le echara encima.

Para acabarla de amolar, al abandonar la orden se le ocurrió seguir durante un tiempo el protestantismo de Calvino hasta que dejó de convencerle ésta doctrina, se empleitó con don Juan, y los dejó. Giordano Bruno tuvo cátedra en numerosas universidades del viejo mundo, y publicó un titipuchero de libros y tratados en latín e italiano. Después de mucho transitar por toda Europa terminó como protegido de un señor en Venecia que, en 1591, lo entregaría a la Inquisición donde le procesaron por hereje y revoltoso; en 1593 lo encarcelaron en el Palacio del Santo Oficio en el Vaticano, y en 1599 mandaron su asunto al brazo secular, es decir a proceso civil, en el que fue condenado a muerte en la hoguera por herético, impenitente, pertinaz y obstinado, o dicho más fácil: por grosero y necio. Durante su largo proceso inquisitorial Giordano Bruno nunca se retractó ni renegó de sus principios, y lo que termina de dibujarnos la presencia de ánimo de este personaje es lo que respondió cuando escuchó su sentencia, frase que ha quedado registrada en los anales de la historia: Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla. Además de inteligente, nos queda claro que era muy macho (y concluyo que en la Italia medieval también se dieron los machos, igual que en la Nueva España de entonces).

Una lectura muy interesante sobre su vida considera que en aquellos tiempos aciagos, un hombre con la conciencia de que el saber y el conocimiento dan poder era sumamente peligroso, y Bruno se sabía portador de este poder. Su doctrina fue desafiante a los dogmas, y de ahí que su ascendencia en la gente fuera considerada peligrosa, por esta razón se presume que lo tuvieron guardado tantos años en la cárcel, pues el Santo Oficio no se decidía a darle cran por no querer hacerlo mártir.

¿Por qué existe una plaza dedicada a este notable señor en la colonia Juárez? Todavía lo ignoro, mas celebro que, una vez más, mi devenir se tope con un dominico erudito, revoltoso, y relevante: Giordano Bruno.

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