Of mice and men: ¿un libro perfecto?

miceandmenReconozco que no había leído a Steinbeck lo suficiente. Acaso su recopilación del ciclo artúrico –apenas amenita- y ya. Aún así, confieso que para mí los escritores ganan respetabilidad por su capacidad de crear títulos potentes, en los que uno crea adivinar la conmoción que generará el libro en total. Al encontrar, en la librería, el tomo delgadito y pequeño de Of mice and men, me pareció que Steinbeck prometía algo. Vi la portada y me gustó el diseño; además, en ella aparecía un respaldo de autoridad: la opinión de Nick Hornby sobre la novela: “such a perfect book”.

(Cabe señalar que Hornby no es un graaaaaaaaaaaaaaan escritor, pero sí es un escritor comercial y los escritores comerciales saben mucho de pulcritud novelística. Además, Hornby ha logrado algo que pocos pueden presumir: escribir tramas completamente cursis, pero con un tono tan sutil que los lectores rudos rudos rudísimos pueden leer sus novelas sin sentir culpa ni complejo.)

La verdad es que compré Of mice and men y no The grapes of wrath por la combinación de los tres factores anteriores. Y, de alguna manera, no hay decepción: el libro es tan denso, concreto y sencillo que no cabe lugar para que uno sienta que hay un cabo suelto, que se pierde el tono, que la trama decepciona. Si la perfección radica en que no haya nada qué suprimir, podemos coincidir con Hornby: Of mice and men es un libro perfecto.

La historia es simple, y se relaciona también con el sueño americano, pero en un sentido mucho más universal, más amplio: dos chicos viajan juntos y trabajan como peones en el campo estadounidense, con la única ilusión de tener una casa donde su trabajo no alimentara a nadie más que a ellos, y donde pudieran tener conejitos y comer y salir de vez en cuando. En el libro conmueve el muestrario de personajes, representantes del género humano y sus flaquezas, pero también de su dolor y su soledad.

Hay tres cosas que hacen que este libro sea una novela sobresaliente. La primera de ella son las poderosas imágenes que se capturan en unas pocas palabras: las frases de Steinbeck son precisas y tajantes, pero en ellas cabe todo: desde la acción que toma lugar en un momento dado, hasta el ambiente en el que ocurre e incluso el carácter de los personajes. En ese sentido, hay una economía muy peculiar: no basta con hacer saltos temporales simples como “pasó el tiempo”, sino que se dota a ese salto de una caracterización, se le pinta de un color, se le da un significado. Después de lo que podríamos considerar un asesinato imprudencial, el criminal escapa y lo que Steinbeck nos dice es tan elocuente que genera un suspenso muy particular: no sólo pasó el tiempo, sino que pasó como a veces pasa, y de inmediato nos familiariza con la sensación de que las tragedias tienen un tiempo distinto, un transcurrir ajeno, un aire que les es particular. Steinbeck narra cosas terribles con una simpleza que las recrudece: en eso radica la conmoción del desenlace.

El segundo aspecto que me llamó la atención es la capacidad del autor de dotar a sus personajes –gringos sureños y pobres- de un registro lingüístico totalmente adecuado: quiero decir que en las páginas de Steinbeck los sureños hablan como sureños, y las mujeres como mujeres, y las putas como putas, y los negros como negros… y todos estos discursos son filtrados por el tono neutral del narrador. El problema vendrá, supongo, al traducir el libro al español, pues es imposible mantener estas formas de hablar, estos “calós”, si se quiere. Sería interesante comparar la versión del libro en español –sobre todo en español de España-. Si se les da el inglés, vale la pena leer el libro en línea, aunque de pronto tanto localismo y la ruptura de la gramaticalidad le pueden estorbar a uno como lector-no-nativo, pero ¿qué rayos? No hay prisa, y al final se agradece bastante.

Finalmente, lo que sostiene el libro, en general, es la construcción de los personajes. Apenas unas pinceladas y los vemos con claridad. Todos son distintos entre sí. Sin embargo, basta que hablen, que miren, que se queden callados y escuchen un disparo en la oscuridad, que se acerquen sospechosamente o que amenacen a otros… En sus palabras y acciones construyen la historia y, dentro de ella, se igualan. El negro lo dice muy bien: todos soñamos con un pedazo de tierra, todos necesitamos hablar con alguien de vez en cuando. Al final, resulta que en el fondo nadie es distinto al otro, pero también resulta que hay hombres que no son buenos para sí mismos, que hay hombres que intentan y nunca logran, que hay hombres que simplemente hacen lo que tienen que hacer. El sueño, el hombre, las circunstancias… Un tono perfecto, una trama bien sencilla, imágenes poderosas, personajes memorables… El equilibrio entre la inocencia y la malicia, la fuerza y la debilidad, la esperanza y la desolación. Quizá Hornby tiene toda la razón: muy probablemente Of mice and men es un libro perfecto

About Nora De la Cruz

Lectora.