Omar Nieto: “la literatura del narco no existe”

LAS MUJERES MATAN MEJORDespués de haber ejercido el oficio del periodismo durante dieciocho años, Omar Nieto es un escritor informado, que ha visto de cerca la evolución de la violencia que a los despistados les pudiera parecer reciente. Si durante el sexenio pasado no se hablaba de otra cosa que no fuera la “guerra contra el narco”, y en lo que va de éste sabemos que bajo el silencio se siguen agitando diversas regiones del país, podría parecer que escribir una novela como Las mujeres matan mejor (finalista del Premio Letras Nuevas 2012) es una obviedad, o bien un acto de denuncia, o bien oportunismo. ¿Qué lleva a alguien a escribir una historia con tantos puntos vulnerables? “Decía Daniel Sada que los temas te eligen a ti y yo sí creo que eso pasa”, nos explica Omar Nieto, y afirma: “yo no quería escribir esta historia”.

La novela y su momento

Cuando comencé la lectura, lo primero que me sorprendió fue la fuerza de la voz narrativa. Es tajante y cruda, verosímil. Claro que inicia con una anécdota vinculada con el narcotráfico, pero que plantea también desde el principio las otras imbricaciones: el vínculo con los periodistas y políticos. No se trata, como uno pensaría, de una historia de matones escrita tomando la realidad como pretexto. Por el contrario, por momentos recuerda a otras novelas políticas, como La sombra del caudillo o Y Matarazo no llamó…, en las que la violencia es un síntoma, pero lo que está en el fondo es algo mucho más complejo y más universal: un niño asfixiado por la frustración que le produce vivir a la sombra de su padre; una chica que terminó siendo asesina porque no tuvo más opción, porque no se puede escoger estar jodido; un político que aparenta ser un líder probo ante las masas, cuando lo único que realmente le interesa es salvar su pellejo; y, claro, un grupo de oficiales, todos corruptos, violentos, aunque no representados como los “malos” pues, al final, ellos también huyen de algo: es matar o morir. Celeste lo dice bien: está convencida de que un día la van a ejecutar, lo asumió desde el principio, pero al menos va a vivir bien mientras tanto. Personajes como éste tienen un antecedente sutil en los inocentes perseguidos y torturados en la novela de Garro, que se preguntan quién inventó una ley tan inhumana que no da cabida a las víctimas, sólo a los victimarios. Entonces, ¿esta novela es una narco-novela? Si lo fuera, ¿por qué eso habría de restarle profundidad? Y, por otra parte, ¿será que escribir literatura sobre el narco es tan simple?

 

Creo que la literatura mexicana está llena de prejuicios teóricos. Te pongo como ejemplo una novela que se publicó el año pasado, muy buena: El Sinaloa, de Guillermo Rubio. Es muy buena, descarnada, ¿y quién la reseñó? Por un lado te está acribillando el prejuicio de la crítica: “estás escribiendo una narco-novela, ya me la sé, entonces no la leo”. Y el público también se traga los discursos de las élites y del gobierno. Yo descarto que escribir sobre el narco te dé una ventaja, al contrario, te descalifica de entrada. Creo que van a venir otros experimentos mucho más complejos y que ahí se va a ver qué va a quedar. Además, también es un cliché que sea un boom, porque lo que se ve en las mesas de novedades son trabajos periodísticos. ¿Qué es la novela del narco? Hagamos el corpus: saquemos a Élmer Mendoza y a Pérez-Reverte, que ni siquiera es mexicano… Yo creo que no pasan de veinte, y en un país de cien mil de muertos eso no es nada. Es un absoluto cliché.  No hay un corpus real, y menos una crítica seria. Además, si no es ahora, ¿cuándo vamos a escribir sobre el narco, cuando ya estén legalizadas las drogas?  Por eso el periodismo narrativo vino a hacer el trabajo que no hizo la literatura, pues no narró nada, estuvo en su burbuja; el periodismo tomó su oportunidad y lo narró. El tema daba la oportunidad de darle la vuelta al periodismo narrativo. Y, ¿qué puede aportar la literatura a un caso real? Yo lo que quise hacer fue voltear la tortilla: tomo lo real y veo hasta dónde llegan los poderes de la ficción. La oportunidad de la literatura es crear ficción con los datos de la realidad: no tienes que ser fiel, la realidad es sólo para darte verosimilitud, como dice Kristeva. Por ejemplo, la construcción de Celeste, o del candidato, mucha gente me pregunta quién es, pero en la literatura tú tienes que construir arquetipos y acrisolar, porque no es un trabajo de periodismo.

¿Narco-novela o novela política?

El título y la portada de la novela de Nieto prometen la historia de una sicaria, Celeste Ramírez, que por circunstancias personales se convirtió en policía, probablemente sin calcular todo lo que esto implicaría: desde tener que tolerar los abusos de sus superiores, el entrenamiento de una fuerza de élite del Ejército y, más tarde, los manejos de políticos, periodistas y narcos. Celeste es, en cierto sentido, el hilo conductor de una historia que no es propiamente la suya, pero que conoce de primera mano, y que va mucho más allá de los horrores que se nos han vuelto cotidianos. Más que la explotación de un tema (que pudiera parecer oportunista) la novela es la observación de un momento histórico concreto, el nuestro, y de las miserias de sus actores. Esto se nos anuncia desde el epígrafe, de Ezra Pound: “Es difícil escribir un paraíso cuando todas las indicaciones superficiales hacen pensar que debe escribirse un Apocalipsis”. El autor lo explica:

La novela no es sólo el narco, eso es una tercera parte, también están el periodismo y la política como temas, pero a mí me interesa más la arquitectura, el arte narrativo. Es un arma de dos filos: ahorita en 2013 ya no es ninguna ventaja (escribir sobre el narco) […] Ahora, yo escribí esta novela hace diez años. Me la guardé muchísimo tiempo, hasta que dije: o cuento esta mierda o me va a reventar. No es ninguna ventaja hablar del narco y no lo va a ser en este sexenio. La literatura del narco se va a volver marginal; hubo una primera literatura del narco, por ejemplo Élmer Mendoza, pero hay otro momento que se está viviendo a partir de la irrupción de los Zetas, en el 2006, y todo esto que llamamos la narco-literatura, si es que eso existe (porque yo dudo que exista, pero vamos a suponer) se creó en los noventa: están hablando del narco de Sinaloa. Esto que estamos viviendo [actualmente] es la irrupción de los sureños en el norte, que es otra cosa, con otros elementos, con resentimiento social, con el ascenso de la clase marginada hacia un poder… No tiene nada que ver con el narco de botas, de cinturón piteado… Esto ya es otra cosa: es la barbarie. Que no lo hayamos visto porque vivimos en el Distrito Federal, eso es diferente. Esta literatura lleva 21 años, veintidós, con Rascón Banda, por ejemplo, pero era distinta, con otras reglas.

 

Mujeres, violencia y poder

Otra cualidad de la novela es, desde luego, atreverse a contar una historia de ámbitos tradicionalmente masculinos desde lo femenino. Una de las voces narrativas en el libro es, precisamente, una mujer, y la participación de otras es permanente en la historia. No son ya figuras pasivas o estereotípicas: reflejan la complejidad de las relaciones de poder entre mujeres, ante los hombres, y la capacidad -¿nueva?- de definirse en sus propios términos. Si en otros autores las mujeres son pálidas, pretextos, musas, pivotes narrativos, misterios, en el relato de Omar Nieto están tan bien dibujadas como los personajes masculinos, lo cual no es menor. Y aunque padecen la violencia, ahora también la ejercen. ¿Cómo se agrega un elemento inesperado sin caer en el efectismo ni en el cliché o el referente manido (v.g.: “la reina del sur”)? El autor lo explica:

Entendí algo que los hombres no han entendido: no hay dos mujeres iguales. A los hombres sí puedes agruparlos, pero las mujeres, cada una compone su propio universo y trae sus historias. Yo dije: si Celeste es una mujer y una mujer de este tipo, tiene que tener una historia, yo no puedo poner una mujer que de la nada agarró una R-15. Entonces cuando yo empecé a construir su historia, ya tenía forma, y fue muy simple. Celeste tiene un pedo, uno principal: perdió la esperanza, nada va a hacer que la recupere nunca. Para ella todo está perdido. De hecho lo que yo creo que está en la novela es esa pregunta: ¿los mexicanos podemos construir nuestro futuro, podemos realmente construir lo que queremos, todos? Yo digo que no. Aquí el entorno te modifica, tú puedes ser un güey con tus condiciones muy puestas y el entorno te va a poner unos madrazos. Y las otras mujeres de la novela también soy distintas, pero también tienen poder. Y ese poder lo ejerce aquí hasta la señora más sojuzgada, sólo que no te lo van a decir, o no están conscientes, pero lo usan.

Entonces, ¿las mujeres matan mejor? Celeste Ramírez lo afirma: dice que algunos empiezan a saberlo y que quienes no lo saben se comienzan a enterar.

 

Las mujeres matan mejor, de Omar Nieto, es una publicación de Joaquín Mortiz, disponible en las principales librerías.

 

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Lectora.