Paté de Fuá y el rock de otros tiempos

patedefuaDicen que no se puede ser fan y crítico a la vez. En este caso, me inclino por ser fan: Paté de Fuá es una de las mejores bandas en activo y el que me diga que no es que no los ha escuchado atentamente. Francamente, no recuerdo cómo empecé a escucharlos, pero sin duda fue por recomendación de alguien. Mi verdadero acercamiento vino de verlos en vivo, hace un año, en el Péndulo.

Digo que ese fue el verdadero acercamiento porque antes los conocía como a otro grupo de world music o algo semejante (Mandurrabia diría: de música de Horizonte 107.9). Ya me gustaban, cierto, pero lo que pueden hacer en directo es otra onda: el Yayo, vocalista y compositor, comenta las canciones, involucra al público, presenta a la banda… Es un rockstar. Sumado a ello, en su alineación está el que es, para mi gusto, el mejor bajista mexicano  de nuestro tiempo, cuyo performance es impecable musicalmente, pero también atrayente en otros sentidos: baila con el instrumento y muestra una comunión que sobrepasa el escenario. Contagia pasión, simplemente.

Contra las probabilidades, el espectáculo se sostuvo durante hora y media con repertorio de dos discos. Lo curioso es que sólo uno de ellos estaba a la venta, pero el público conocía muchos de los temas del siguiente material. ¿Cómo? Sencillo: los Patés son un ejemplo de promoción independiente. Itinerantes y todo-terrenos, tocan en librerías fresas, en foros como el Alicia, en el Lunario y en la UNAM; a veces uno paga 500 pesos por verlos, a veces uno se sienta en el pasto de una facultad y los disfruta sin pagar el alquiler. Intérpretes de música popular europea -releída, claro está-, su repertorio lleva en sí mismo la marca del viaje: las sonoridades italianas, argentinas, judías, gitanas y hasta españolas, con su buena dosis de dixieland. No podía ser de otro modo: Paté de Fuá es una banda errante, lo cual la aleja del elitismo que podríamos esperar de quienes interpretan música que, a pesar de haber pertenecido al pueblo en otros tiempos, ahora sirve para dárselas de intelectual, melómano y finolis. Así, los Patés le devuelven a esos géneros su vitalidad, su informalidad y su carácter lúdico: las letras hablan de la nostalgia que produce la visión de un supermercado en el viejo barrio, o de la justificación de los celos patológicos, al ritmo de una tarantela, un tango o un paso doble.pat_de_fu_el_tren_de_la_alegr_a_2009_

Una vez conversaba con una banda en un bar. Ellos hablaban de rock duro y yo de sones jarochos. Uno de ellos me sonrió muy quitado de la pena y me dijo una frase que he usado muchas veces desde entonces: todo es rocanrol. Paté de Fuá es la comprobación de ello: su primer disco, Música Moderna,  me prende tanto como uno de Led Zeppelin por su cadencia y vitalidad. El segundo -ahora sí a la venta-, llamado El tren de la alegría, no decepciona a quienes lo esperamos con tanto entusiasmo. Los Paté no tocan el rock de hoy, sino el que fuera rock en otros tiempos, y recuperan lo que antes lo hiciera popular, generando un sonido atemporal y accesible. Su música simplemente pone de buen humor. Además, el arte de sus discos consiente a los que aún veneramos dichos objetos: bonitas ilustraciones, un diseño amable, las letras de las canciones y una breve historia acerca de cada una. Se trata, todavía, de discos entendidos como experiencia, lo cual es de agradecer por ser algo cada vez menos común.

Se los advertí desde el principio: no se puede ser fan y crítico. Y yo soy fan de Paté de Fuá, muy fan. Si los ven anunciados en algún lugar aprovechen la oportunidad de sentirse en carnaval, en comarca antigua, en algún pobladito italiano, en barrio argentino, en una fiesta popular española… Les garantizo que lo van a disfrutar, que se van a prender y que pedirán más. Todo es rocanrol, ergo, es un hecho que los Paté tienen su grado de rockstarismo.

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Lectora.