Pequeña y gran literatura

Hay muchos tipos de libros: graciosos, entretenidos, conmovedores, tristes, eficientes, transgresores, originales, clásicos… Hay libros que se leen y no se comprenden. Hay libros que se escriben para vender.

Pensaba en esto porque leí, consecutivamente, Mil grullas y Sputnik, mi amor. Se trata de dos novelas de autores japoneses. El primero, Kawabata, recibió el premio Nobel, pero no goza de gran celebridad. El segundo, Murakami, es el autor de moda.

Ante la primera novela viví el asombro: cada palabra estaba cargada de intención, la anécdota era lo de menos en una historia basada en la belleza de los instantes. Con Murakami nunca logré conectarme: los artificios eran tan obvios que yo no podía evitar la distancia crítica: veía, por ejemplo, que tiene sus propios lugares comunes (la relación lésbica, el soft-porn, el amor imposible, la intención de crear personajes extravagantes con los que los lectores hipsters quieran identificarse). De momento pensé que Murakami es, quizá, un autor que se pasará el resto de su vida queriendo calcar sus primeras letras. Eso no le resta celebridad, del mismo modo que a Kawabata, su capacidad para escribir una obra de arte no le gana el favor del público.

Sin embargo, Murakami representa al escritor que se rebela ante la literatura. Al que escribe con eficiencia, para vender y,  a pesar de ello, se da el lujo de parecer un literato con manías, con voz propia e intención estética particular. Y es que estamos en la era de la pequeña literatura. La otra, la de verdad, parece snob.

Es posible que se necesiten estos contadores de historias. No niego que son entretenidos. Sólo quisiera saber si existe alguien tan notado como Murakami, que sea realmente el autor de nuestro tiempo. Muchos están escribiendo libros, pero, ¿quién está haciendo literatura?

Pregunto muy en serio, ¿quién?

About Nora De la Cruz

Lectora.