Por: Biólogo zombie
Entre distorsiones alcohólicas, láser verde y música para encuerarse, el hombre abrió su cartera y sacó dos sor juanas de la última quincena. Cuando el mesero recogió las botellas vacÃas de cerveza le dejó el dinero en la mano y pidió que le mandaran dos chicas. Estaba aislado del resto del tugurio tan sólo por unas horrendas cortinas blancas, aunque su dinero le habÃa costado esa “privacidadâ€. Aparecieron dos mujeres que al poco tiempo lo besaban en la boca y manoseaban su entrepierna. Participando al fin en su fiesta particular, el sujeto lamió la sudorosa piel de una de las desnudistas; sintió cómo bajo la lujuriosa (y deshidratada) acción de sus papilas gustativas esa epidermis se desprendÃa con un sonido húmedo y desgarrante; revelando la capa inferior de escamas verduzcas, grandes y opacas. No vivió para disfrutar la súbita sobriedad provocada por el miedo. Fue sólo una vÃctima más del ataque de las strippers cocodrilo.
Deja una respuesta