Primer beso

Por: Amílcar Amaya López

No sé si tuve un primer beso en el kínder. La verdad es que no lo recuerdo. Muchos dicen acordarse de maravilla. Que si de besos con “Fulanita la de prepri” (¡qué palabra!) o con “Perenganito el de primero”. Supongo que perdía el tiempo de maneras menos educativas.

Ya en la primaria, recuerdo que antes de preocuparme por ensalivar niñas me habría gustado ir en una escuela de patio grande para correr como loco (es decir, que si uno estaba loco, corría como yo). Mi foto de cuarto año es en la que más guapo me he visto en toda la vida. Y sólo me besaba mi mamá. Las niñas de la primaria en la que fui eran tan aburridas como yo, así que aún siendo un Don Juan de raya en medio y cachetón los besos tampoco abundaban.

Cursé la secundaria en tres escuelas distintas. En las dos primeras no senté mis reales el tiempo suficiente para ponerme a repartir besos a diestra y siniestra. La tercera estaba llena de criminales. Le decíamos “El reclu 28”. Tráfico de armas y drogas, niveles básico y avanzado, eran las materias que se impartían. Historia y matemáticas; español y civismo (o cinismo), eran las materias extracurriculares. Creanme que al dar las ocho de la noche prefería correr a mi casa para llegar a ver Los Simpson que besar a las niñas de mi clase. Pienso en un par con las que ahora sí habría corrido el riesgo.

Como el primer beso tomaré en cuenta uno dado en la preparatoria. La cursé en el Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel sur, para ser más exactos. Era la amiga de una amiga. Clara de piel y de pelo; futura psicóloga. Mi display de cortejo tomó varios meses; aún es así (debo tomar medidas al respecto). Al final vi los resultados una noche que me la encontré a la salida. Meses y meses de preparación se escurrieron entre mis dientes en la forma de un galimatías parecido a esto: Oye, tú. Nos conocemos desde hace un tiempo y he pensado que… Tu me caes bien y creo que yo a ti… Y la besé, para cerrarme yo mismo la boca antes de seguir diciendo estupideces. Creo que lo hice bien a la primera porque la chica quiso repetir la experiencia más seguido y nos hicimos novios, pero bueno, esa es otra historia. ¿Qué cómo fue mi primer beso?, bueno, cuando la besé sentí como si me diera un chapuzón en aguas tropicales; como si revelara la vista de un valle selvático haciendo a un lado helechos obscenamente verdes; como si escuchara el canto de las ballenas bajo las aguas del Pacífico. Así fue el “primer” beso.

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About Biólogo Zombie

Zombie que se metió a estudiar Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Avorazado lector y escritor con tiempo de sobra pero apenas en busca del talento. Aficionado al cine en general aunque los filmes de terror, y de zombies en especial, siempre tendrán un lugar importante en su podrido corazón.