Prometheus

Entramos por horario, por ser la peli que más pronto empezaba. El título y el director —don Ridley Scott— hacen buena combinación, el cartel se miraba interesante, y la bendita ignorancia sobre la temática hicieron que entrara a la sala de cine tranquila y confiada en que la función sería entretenida. Y así lo fue.

El chisme esta bueno y mantiene la intriga hasta el final. Y al final fue que terminé haciéndome cruces sobre la relación que este filme pudiera tener con aquella película de culto: Alien el octavo pasajero. De hecho durante toda la trama hay elementos que remiten a esta última: la ultramodernidad posmoderna, un androide sereno y ecuánime en todo momento, la táctica de dormir mientras se viaja durante años y años por el espacio sideral, bichos, larvas, penetraciones desagradables, etc. Y efectivamente, resulta que esta peli es una especie de “precuela” o antecedente de Alien… Qué tal.

Hay un detalle que me encantó, y que no sé si sean meras afiguraciones mías o realmente se trata de un fusil: la fisonomía de los ingenieros. Los ingenieros son unos personajes que juegan un papel fundamental en la historia y que salen durante muy poquito tiempo, sin embargo el chisme gira en torno a ellos. Bueno, pues los dichosos ingenieros parecen concebidos por un artista plástico del que soy super Fan: Javier Marín. No sé si este escultor mexicano (del meritito Morelia, Mich.) haya participado de alguna manera en el diseño gráfico o realización de la peli, y la neta no me fijé en los créditos, pero los rasgos, las proporciones, los detalles de los inges parecen salidos del taller de don Javier; sin ser réplicas de sus obras muy bien pudieron haber sido inspirados en ellas, busquen y admiren el trabajo de este formidable artista si les gusta la onda monumental.

Pasando a temas más frívolos y banales, la realidad de las cosas creí que la historia algo tendría que ver con el mito griego de Prometeo, que es buenísimo, y por esta razón le traía unas ganas locas.

Prometeo fue un titán, no un dios. Lo que recuerdo —que siempre me impresionó mucho— es que durante algún tiempo, este señor tuvo que soportar que, encadenado a una montaña, un águila llegara y le comiera el hígado picotéandole el costado. El hígado de Prometeo se restauraba por las noches, de modo que el águila llegaba todos los días a desayunar muy contenta hígado de titán. Francamente cuando leímos el mito en algún libro de texto en la escuela me causó tal angustia el castigo de Prometeo que desde entonces fue lo único que recordé del personaje. Lo que no registré, es que si terminó en calidad de lonchería alpina fue por causa de su carácter enchinchoso, y que en una de ésas le llenó el buche de piedras ni más ni menos que al bondadoso Zeus, que bueno como era para inventar castigos, le apartó su montañita y lo mandó encadenar para alimentar al águila per secula seculorum.

¿Qué tiene que ver el titán con la película? Así se llamaba la nave por alguna otra razón que no recuerdo bien, lo que sí recuerdo es que Prometeo es el título de tan bonita cinta comandada por don Ridley Scott quien, cuentan en el diario, con esta peli regresa a los temas de ciencia ficción que tenía abandonados desde hace un buen rato ya.

Prometeo (Prometheus): dirigida por Ridley Scott. Con un elenco multi estelar: Noomy Rapace, la chica del bidón de gasolina; Charlize la buenotota; Michael Fassbender, el joven Magneto; y muchos más. Véala en su cine más cercano.

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