Promover la lectura (o “mi guerra contra el narco”)

Mi primer post en este sitio fue acerca de las carencias de nuestro país en materia de lectura. Han pasado casi dos años desde que lo escribí: me dio tiempo para leer al respecto y para observar muchas tentativas de mejora. El problema de lectura, en este periodo, no sólo no ha mejorado, sino que ha empeorado, a pesar de la gran cantidad de iniciativas dirigidas a hacer algo para resolverlo.

¿Qué está fallando, si hay gente entusiasta dispuesta a actuar? Yo tengo varias teorías, todas basadas en mi experiencia personal:

1) Los programas gubernamentales no son profesionales: esto implica que las inventa alguien que no tiene la preparación, el interés o la experiencia para ejercer acción educativa, mucho menos acción especializada. Hubo tiempos en los que los Secretarios de Educación Pública eran gente que tenía una carrera en la educación. Ahora jinetean presupuesto y organizan banquetes en sus ratos libres. Seguir dejando las decisiones operativas y presupuestales en manos de gente que no está calificada es una locura. Llevamos años haciéndolo. Y luego nos preguntamos por qué estamos como estamos.

2) Las iniciativas existentes son ingenuas: pese a su buena voluntad, ocurre algo semejante a lo que explico anteriormente: gente que no tiene preparación en didáctica de la lectura quiere hacer algo por la lectura. Quiere inculcar que “leer es bien padre”, que es “buena onda”, que es “divinisisísmo”, que “te diviertes así wow”. Por citar el trabajo más referido en torno a estrategias de lectura (Solé, 2007) , motivar y plantear objetivos son sólo dos estrategias de las existentes. Y las dos son previas. Además, la lectura recreativa es sólo un propósito, entre al menos ocho según la propia Solé (personalmente creo que existen más). Es decir, el hecho de que existan tantas iniciativas de animación a la lectura indican que nos estamos enfocando solamente en, digamos, el 6% de la actividad en sí. Alguien tiene que hacerlo, claro, pero ¿todos tenemos qué hacer lo mismo? Eso puede explicar el hecho de que, después de tantos esfuerzos, la gente ya lea -como dije en mi post del 2009- pero siga sin entender lo que lee.

3) Falta de realismo en las propuestas: pensemos en el debate de los matrimonios gays en un país que todavía no resuelve las carencias más elementales. Lo mismo sucede con las reformas educativas: nos queremos incorporar a los modelos del primer mundo con alumnos que técnicamente hay que rescatar del inframundo y profesores que… bueno, ni siquiera hay que entrar en detalles. ¿Cómo vamos a introducir los modelos de avanzada en un país que no tiene una sana mentalidad de estudiante, de profesor ni de administrador educativo? ¿Por qué entonces estamos pensando en el placer de la lectura, la diversión, las artes (en el programa de la ENP se habla incluso de apreciación estética y demás linduras que, en mi opinión, son difíciles de lograr con el estómago vacío y con pocas herramientas de comprensión lingüística)? ¿No hay cosas más urgentes? ¿No hay que dar primero formación básica (sí, afrontémoslo, alguien tiene que hacer lo que no se está haciendo en las escuelas)? ¿Por qué seguimos poniendo la carreta delante de los bueyes?

No faltan ganas de resolver las deficiencias en la lectura, pero sí hace falta sentido y propósito. Están muy bien los círculos de lectura y la motivación puramente lúdica pero, ¿quién se va a encargar de dirigir las operaciones? ¿Quién va a diagnosticar los problemas que surjan? ¿Quién le va a mostrar al individuo cómo resolverlos? ¿Quién va a mostrarle a los más avanzados cómo explotar todo su potencial? La lectura es mucho más compleja que saber reconocer palabras, vincularlas con sonidos y asociar ese sonido a un significado. Los alumnos del primer mundo trabajan menos porque trabajan mejor. Y eso, señores, no es ideología ni objetivo ni motivación, ¡ES PURO MÉTODO!

Mis alcances como formadora de lectores han sido anulados de momento, pero lo que yo ofrezco es:

– crear un directorio de promotores de lectura (sean individuales y colectivos). Saber qué están haciendo los demás y en qué han fallado nos enriquece y nos ahorra el ensayo y el error.

– hacer un inventario de mis recursos como promotora, de todo tipo (los libros que tengo, los que he anotado, los textos que he escrito, las ideas que todavía puedo desarrollar, mi experiencia y observaciones) y ponerlos a la disposición de quien pudiera darles un buen uso. Si cada promotor de lectura hiciera su propio inventario y lo compartiera con otros promotores sabíamos exactamente quién nos puede orientar acerca de qué.

– vincular entre sí a los promotores que estén dispuestos a llevar a cabo las dos tareas anteriores y, a la vez, contactarlos con gente dispuesta a apoyar su proyecto (porque, como diría Cerati, “mucho ruido, mucho ruido, pero sin electricidad no somos nada”).

Eso es lo que sigue, lo que se necesita. Se empieza con un primer paso: esto sí es una guerra contra el narco y otras pestes. Y nadie tiene que morir en el intento.

About Nora De la Cruz

Lectora.