Que empiece la fiesta: la destrucción en un minuto

Hacía tiempo que no me reía tanto con las primeras páginas de una novela. Que empiece la fiesta me ganó desde las primeras líneas, con la imagen de un grupo de adoradores de Satán -unos adolescentes más bien anacrónicos-, fuera de toda institución pero dentro de una pizzería italiana. Comienza entonces la representación de un tema recurrente en la literatura europea (y mundial), el ser y el parecer, las fronteras entre las nociones de bondad, belleza, rectitud, valor… Todo esto de la única forma que podía expresarse: mediante el absurdo.

Si me pusiera solemne diría que esta novela ofrece el diagnóstico del mundo posmoderno: la equivocidad es total, no hay estereotipos, mucho menos héroes. No hay trayectorias definidas ni consecuencias lógicas. No hay papeles definidos ni desenlaces esperables. Todo puede suceder, y de hecho sucede, por circunstancias aleatorias, de modo que la vida, la muerte, el éxito y la destrucción están determinados por algo tan caprichoso como un minuto.

Sí. La vitalidad de esta historia está en que cada minuto reserva una sorpresa. No hay poder que valga, ni pasado: el presente permanente es estar condenado a que un instante de debilidad o error terminen con todas las intenciones previas, o bien, tener la fortuna de que un golpe de suerte encumbre a alguien sin mérito alguno, sin ambiciones incluso.

La historia que presenta Niccolò Ammaniti recuerda, en cierta medida, la idea de lo carnavalesco: se encuentra lo humano en su exceso, con todos sus apetitos y pecados desatados, sin jerarquías ni parámetros de comportamiento. Como en los carnavales, la verdad proviene de un bufón, a quien por supuesto nadie toma en serio (y que, sin embargo, sobrevive, ileso, y dice que la tragedia ocasionada por los delirios de grandeza de varios personajes es la mejor fiesta a la que ha asistido).

Este libro es ampliamente recomendable para un lector que no se toma en serio y que está dispuesto a ceder ante la ficción, y a reírse de todo y de sí mismo. Puristas de la estructura, que no toleren el sarcasmo ni lo inverosímil: abstenerse.

(Que empice la fiesta, de Niccolò Ammaniti, es una publicación de Anagrama, disponible en librerías de prestigio).

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Lectora.