Reflexiones en el umbral del fin del mundo

El joven Hunahpú —esforzado aprendiz de tallador de estelas— se enjugaba el sudor de cara y cuello con un pañito, mientras su maestro Xaman Ek —el gran tallador de estelas reconocido en todo el imperio maya— contemplaba pensativo la tarea que le había encomendado.

—Entonces no te cupo la fecha entera en la pieza… ¿es correcto?— preguntó el maestro que contemplaba con atención la estela terminada.

—Así es ¡Oh dilecto Xaman Ek! A pesar de los cálculos que hice para acomodar los glifos de los 9 baktunes, 12 katunes, 6 tunes, 5 uinales, 8 kines… (5 minutos más tarde)… 6 zac, y 3 lamat de manera armoniosa y ordenada como usted lo aprobó, no cupieron… y mire que tallé hasta los cantos de la estela.

—Mmmmh… pienso, querido Hunahpú, que si en vez de usar la cuenta larga, es decir, los 9 baktunes, 12 katunes, 6 tunes, 5 uinales, 8 kines… (5 minutos más tarde)… 6 zac, y 3 lamat, usamos la cuenta corta, cambiamos la postura del emperador, y ensanchamos el penacho para ocupar este espacio —mientras hablaba, el maestro trazaba en una tableta de piedra caliza con arena un nuevo diseño de la estela sin percibir la mirada de desolación del aprendiz— quedará una pieza magnífica. La fecha incompleta en tu trabajo podría suscitar confusiones y malos entendidos… pareciera que terminaran los 13 katunes fatídicamente, y aunque cualquier civilización medianamente preparada podría notar que la fecha está mal escrita, bien pudiera interpretarse por los ignorantes como un evento apocalíptico y funesto…

— ¿Entiendo que entonces debo repetir el trabajo completo ¡Oh sabio Xaman Ek?

—Así es, Hunahpú. —Contestó indiferente el maestro— Ha sido un pequeño descuido pretender usar la cuenta larga en este trabajo, puedes desechar tu borrador ahora y comienza a trabajar de inmediato en la nueva estela. No olvides, joven Hunahpú, ordenar que se lleven la pieza con la errata al tiradero del Tortuguero cuanto antes.

Xaman Ek, el gran tallador de estelas cuyo taller era célebre por la altísima calidad de su trabajo y la exquisita definición de sus figuras, se alejó con majestuoso andar mientras su inconsolable aprendiz estudiaba con atención el nuevo croquis.

Je, je, je.

En vísperas de que termine un ciclo astronómico maya y comience otro, he conversado sobre el tema con dos personas de amplia cultura, centrado criterio, y templado juicio… y sobre todo, alta disponibilidad para hablar: mi madre y mi hermana. Después varios cigarros, y horas de sesudas disertaciones, he llegado a las siguientes conclusiones:

Conclusión primera: si lo que se va a terminar el viernes es el mundo maya —sea por el desprendimiento de la península de Yucatán y su desplazamiento hacia el sur del África, o su total hundimiento al puritito estilo de la Atlántida— y sus derivados, seguiré entrándole con fruición a los panuchos (o salbutes), papadzules, cochinita pibil, poc chuc, relleno negro, tostadas de pejelagarto, tostones de plátano, y cualquier cosa que suene a maya o provenga de la región del mayab dentro del territorio nacional. Evidentemente estos son días de cambiar el tequila por el xtabentún, y escuchar harta marimba, jarana y trova… ni hablar. Ahora, bajo la perspectiva de que todo esto deje de existir (olvidaba mencionar el deliciosísimo mukbil pollo) hemos de preguntarnos con la seriedad que amerita el caso: ¿seguirá siendo esto vida?

Conclusión segunda: si es que no sólo termina el mundo maya, sino que termina el mundo entero, habrá que buscarle algunas ventajas, como por ejemplo: si tenemos deudas altas y largas, pronto las dejaremos de tener; dejarán de existir pillos, delincuentes, gente abyecta, y escorias sociales. Si después del cataclismo hay sobrevivientes se comenzará todo desde el principio, lo que también presenta ciertas ventajas: la gente deberá convivir de manera presencial y no por medio de redes sociales, y habrá mucho que escribir sobre la vida anterior a la debacle. Por último, si es que ocurre un cataclismo, nos morimos todos, existe un más allá, y efectivamente se organiza un juicio final, puede que sea hasta divertido (si se fijan, fácilmente se relaciona la onda maya con el apocalipsis judeo-cristiano… ¿por qué no?). En el siguiente artículo les compartiré una visión sobre el apocalipsis que escribí hace varios años, y que tal vez alguno de ustedes lo recuerde.

En vía de mientras, hemos de estar contentos porque las fiestas se multiplican. Ahora también podremos festejar el estreno de un nuevo Katún el sábado (si es que no me equivoco, pues no soy especialista en cultura maya y menos en su complicada cronometría) si no sobreviene cataclismo alguno.

En fin, si es que piensan que se avecina… El Fin del Mundooooo (eco: undo…undo…undo) les recomiendo que se busquen un arca, un bunker, o un refugio nuclear para guarecerse. Recuerden guardar harta comida sana y complementos hormonales, porque si nos morimos todos y ustedes sobreviven, deberán llenar todo esto de gente otra vez, y eso de la reproducción, aunque sea placentera la técnica, es demandante físicamente. Sobre todo si se tiene como prioridad.

De no ser así, recuerden que este es un buen pretexto para seguir gozando con las delicias de la comida maya y la melodiosa música del sureste mexicano, hasta que nos llegue la cena de navidad con sus tradicionales viandas y villancicos.

¡Salud!

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La Bruja se construye con arquitectura e historia, se deconstruye con cigarro y tequila, y escribe lo que sucede mientras se reinventa.