Rock latinoamericano: esa maravillosa impostura

Hay palabras que, de tanto repetirlas, llegamos a creer que realmente significan. Conceptos que el paso del tiempo y su inserción en discursos cada vez más elaborados derivan en concepto y, años después, en dogma de fe.


Este fenómeno aqueja, de una forma real, a la música hecha en Iberoamérica. Aclaro que, por principio de cuentas, hablar de América Latina es por sí mismo un error conceptual, ya que las tradiciones musicales de Québec y algunas islas francesas del Caribe no pueden insertarse en la misma realidad de la América lusófona o hispanoparlante.


A lo largo de muchas décadas, la historia del rock es la historia de la mediatización del lenguaje, de la ‘socialización’ de las inquietudes y formas de vida juveniles, encauzadas hacia un aparato consumista u oficial que les redime, permitiéndoles ser una especie de ‘outsiders’ dentro del Estado.


Inicio de la historia

Los orígenes del rock en Estados Unidos son harto conocidos: nacido de la variación de sonidos del blues, el jazz y el soul, surge como una música de baile, principalmente. Sería poco serio pensar que sólo los blancos, como Elvis Presley, Buddy Holly o Jerry Lee Lewis, fueron famosos; personalidades como Chuck Berry o Fats Domino alcanzaron una fama considerable, a pesar de las limitaciones de la época.


Como en muchas otras cosas, una de las puertas de entrada más importantes de esta tendencia musical fue México. Hay que recordar que, desde el período de la posguerra, Estados Unidos reclutó a miles de trabajadores mexicanos mediante el programa ‘Bracero’; al volver a sus comunidades de origen, estos trabajadores no sólo traían una importante derrama económica, también trasladaban la carga cultural de los ritmos de moda.


De esta forma es como llega el rock a México: en la forma de las canciones inocentes de César Costa, Enrique Guzmán, Los locos del ritmo y tantas agrupaciones que retomaban temas de grupos anglosajones para volverlos mercancía melosa para jóvenes de clases medias y altas, los cuales veían en Fernando Luján al James Dean nacional.


En el Cono Sur la cosa no era demasiado distinta. A pesar de las grandes aportaciones de grupos legendarios como el uruguayo Sexteto Electrónico Moderno, la mayoría de los grupos imitaban las formas musicales que les llegaban de Europa, principalmente de Inglaterra. Por otro lado, en Argentina eran grupos como Sandro y Los de Fuego, Billy Cafaro y Los Gatos los que tomaban la bandera de este movimiento musical.


Mención aparte merece el rock brasileño, que vivió tiempos turbulentos durante su origen debido a la confrontación con la tendencia MPB (o Música Popular Brasileña), la cual fue enfrentada por un grupo de músicos conocidos como La Nueva Guardia, a la cual pertenecían Roberto Carlos, Eduardo Araújo y Jerry Adriani, entre otros. La Tropicalia, tendencia paralela a esta corriente e inspirada también en el rock, tendría como sus puntas de lanza a grandes agrupaciones como Os Mutantes y a cantantes de la talla de Caetano Veloso y Gilberto Gil, entre muchos otros.


Desde entonces la imagen se volvió la compañera eterna del rock, condición que jamás perdería. Sería atrevido decir que estas expresiones eran un ‘grito desesperado de la juventud’ o que derivaron en un despertar de la conciencia social; incluso es bueno recordar que, durante el movimiento de 1968, el rock no tenía un peso especial dentro de las protestas, porque se lo veía como un invento burgués -y la realidad demostraba que tenían gran razón.


De hecho, los más longevos exponentes del rock mexicano, como Carlos Santana o Javier Bátiz, ni siquiera figuraban en la escena musical del país: su éxito estaba en los Estados Unidos, en los magnos festivales californianos donde compartían escenario con grandes como Jimmy Hendrix o The Doors.


Un paso adelante, dos atrás

Una de las pocas respuestas contraculturales efectivas se dió precisamente en el rock. Empleado en un principio como una dulcificación de los temas abordados por los grupos anglosajones, el rock empezó a relatar pasajes urbanos y a llevar algunos temas de la agenda social a los escenarios.


Así, grupos como Three Souls in my Mind -que derivaría en El Tri-, Almendra, del que surgirían grupos como Pescado Rabioso, Aquelarre y Color Humano y Los Jaivas, que serían el primer grupo en integrar elementos de la tradición folklórica andina al género, empezaron a abrirse paso en la escena subterránea de México, Argentina y Chile, respectivamente.


Este movimiento no pasó inadvertido por los poderosos productores televisivos, quienes organizaron en México el Festival de Avándaro, el cual fue producido por Luis de Llano Macedo, artífice de otras glorias musicales posteriores como Timbiriche, Micro Chips u OV7. Años después produciría, también, esa maravillosa caricatura de la juventud mexicana conocida como ‘Cachún Cachún Ra Ra’.


La década de los 70 constituyó, en términos generales, un avance técnico en las agrupaciones de rock de Iberoamérica, que supieron deslindarse poco a poco de las influencias europeas y estadounidenses, pero también tuvo la cara del retroceso marcada en algunos países, como Argentina, Chile y Uruguay, por el ascenso de dictaduras y en otros, como México, por la inteligente mediatización, desinfección y purificación de los mensajes vertidos por los rockeros.

Del ‘Rock en tu idioma’ al ‘Rock para la banda’

Algunos eventos históricos marcan la conciencia colectiva de las personas con una huella indeleble. Es el caso de la Guerra de las Malvinas, que motivó una respuesta sui géneris en algunos creadores argentinos: desarrollar un sonido propio, basado en un artículo originado por anglosajones: el rock.


Esto representó una nueva oportunidad de negocio para las grandes disqueras, que concretaron bajo el concepto ‘Rock en tu idioma’ mediante el que concentraron a diversos grupos mexicanos, españoles y argentinos. Con todo, este experimento sirvió para proyectar la riqueza de propuestas que existía en aquel entonces en los principales países de habla hispana.


La mezcla ofrece posibilidades infinitas: temas como el desempleo, el feminismo o la propia identidad cultural de las naciones de Iberoamérica se escuchan en los acordes de grupos como el mexicano La Maldita Vecindad o los españoles Radio Futura y Patxi Andión.


De forma paralela, surge en México una vertiente cada vez más potente del Rock urbano, aupado sobre todo por la migración del campo hacia las zonas conurbadas de Ciudad Nezahualcóyotl, Naucalpan y Ecatepec.


Es la era de oro de El Tri, y la etapa en la que nacen grupos como Tex Tex, Botellita de Jerez y Banda Bostik, quienes abordan con desparpajo y un lenguaje propio las distintas problemáticas urbanas propiciadas por el crecimiento demográfico, el desempleo y el auge del consumo de drogas entre la población juvenil.


Este movimiento semi clandestino -no se le daba proyección televisiva, lo que equivale en México a su virtual desaparición- se fue diluyendo durante la década de los 80 y recibió un golpe terrible tras el terremoto de 1985 con la desaparición de uno de sus principales baluartes: el cantautor Rockdrigo González.


Se vende este ritmo. La muerte contracultural del rock

Las décadas recientes han propiciado un acercamiento inevitable de las bandas de rock de todo el mundo a los medios digitales. Las delimitaciones del rock, surgidas primero en los 60, luego reformadas sucesivamente en los 70 y 80, se atomizan en los 90.


Surgen propuestas que son una mezcla de ritmos, tradiciones y propuestas: Café Tacvba, en México, y Los Tr3s, en Chile, son dignos representantes de esto. Tristemente, también marca la mediatización total de este movimiento, a través de la internacionalización corporativa -caso de La Ley, de Chile- o la coptación por parte de las televisoras y disqueras de viejos estandartes -caso de El Tri.


Se vuelve a mirar hacia el norte y hacia Europa en busca de nuevas propuestas, poco a poco los grupos que rescataban la tradición de los pueblos originarios se van diluyendo, con sus muy honrosas excepciones, como Los Búnkers y Los Prisioneros de Chile, o Caifanes-Jaguares en México.


El star system se apodera de las antiguas leyendas como Charly García, el rock se dulcifica aún más en los acordes de Soda Stereo, Enanitos Verdes, La Gusana Ciega o Jumbo.


Otros ritmos, antiguos como el ska o recientemente derivados, como el hip-hop, comienzan a tomar el relevo dejado vacante por el rock iberoamericano como fenómenos subterráneos y contraculturales. Pero lo oscuro no siempre significa, y son realmente pocos los que quieren ganar la batalla a la invasión pop de los diales del sub continente; al final también siguen la tendencia del mercado y se insertan en su lógica.

About Ikurrin Beltza

Cuando nació ya tenía 13 siglos de edad. Habla el lenguaje de las piedras, es la última seña de una raza cautiva; la oscuridad del cine y la calma de los silencios son su estandarte y su medio. Visita http://laberintosonoro.wordpress.com