Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito

 desierto

Hablar de poesía es de por sí difícil, y hablar de poesía latinoamericana actual es aún peor. Es adentrarse en un terreno donde el lenguaje común y las cosas cotidianas conviven para crear belleza.

A finales del siglo pasado se creó en Perú un grupo de poetas, quizá uno de los más prolíficos: la generación del 70. Dentro de esta denominación había tres grupos literarios: Gleba literaria, Estación reunida y Hora zero, todas revistas donde los jóvenes decidieron plasmar sus ideas cuestionando el canon poético del momento y pugnando por una poesía más cercana a su realidad, la cotidianidad, el lenguaje sencillo, el estado en que se encontraba su país. Eran jóvenes críticos y agudos.

Entre esos jóvenes, aunque no formaba parte de un grupo específico, se encontraba José Watanabe, poeta de sangre andina con ascendencia japonesa e influencia francesa. Para él la poesía es más que sólo escribir, es como crear una escenografía, llena un vacío y crea un ambiente.

Dicen los que saben que el lugar de nacimiento de Watanabe, Laredo, es el  lugar, el paisaje, y toda la tradición que éste encerraba y la que provenía de sus otras influencias, la cultura; y el paisaje y la cultura se unen para configurar el estilo del poeta.

El estilo de nuestro autor se ha analogado con la cocina peruana, es una mezcla entre sabores exóticos y austeros, la poesía como la cocina requieren de creatividad y oficio, son cosas que se van moldeando con el tiempo y guardan una memoria. Y para recordar se hacen recetarios, en este caso antologías.

El desierto nunca se acaba es la primera recopilación de la obra de Watanabe en México y llega hasta nosotros gracias a la editorial Textofilia, cuenta con un ensayo preliminar de Tania Favela Bustillo y una entrevista cortesía de Ajos & Zafiros que nos amplían el horizonte acerca de quién es el autor y cuál ha sido su trayectoria por este valle de letras.

Los poemas presentados juegan entre el haikú, la parábola, la musicalidad de la poesía francesa, la tradición andina, las cosas del diario devenir, el lenguaje sencillo, la intertextualidad, la prosa e incluso la écfrasis.

            Son versos libres, algunos cercanos, otros más meramente biográficos o anecdóticos; son versos eruditos y claros que  cantan a las cosas de siempre y que han pasado a ocupar un lugar importante en la historia de las letras.

watanabe2

Watanabe, José. El desierto nunca se acaba. México: Textofilia. 2013.

About soyAire

Yo: literata, mi alter ego: fotógrafa. Veamos en que punto las dos se juntan y el universo explota.