Un mundo hambriento

Para cuando esta entrada se publique la mayoría de personas habrá escuchado algo acerca de ese nombre. Aquí en México todavía no tiene la popularidad que posee en lugares como Estados Unidos, pero sólo es cuestión de tiempo… Para todos los que tienen una vaga idea al respecto, les presento la historia que va camino a convertirse en un fenómeno mundial: Los juegos del hambre (o en su idioma original The Hunger Games).

Suzanne Collins, autora de la saga The Hunger Games

En el futuro tras múltiples desastres naturales, guerras y demás eventos un tanto apocalípticos, surge Panem, la única nación sobre la Tierra. Dicha nación está dividida en doce Distritos y un Capitolio. Éste último es el encargado de organizar los juegos del hambre, una competencia donde jóvenes de entre 12 y 18 años pelean a muerte y sólo uno puede sobrevivir.

Son pocos los libros que usan las palabras “jóvenes” y “muerte” en la misma oración. El matar a un menor de edad siempre ha sido motivo de tabú tanto en la televisión como en el cine, quizá los libros sean un poco más abiertos al respecto, pero pocos bestsellers hablan del tema y cuando lo hacen usualmente es en un escenario cargado de elementos de ficción (entiéndase escenarios donde hay magia de por medio, criaturas sobrenaturales, entre otros). Y me pregunto, ¿por qué? La edad nunca ha sido impedimento para la muerte. Todos los días, en la realidad, escuchamos sobre niños secuestrados, asesinados, violados y sobre cómo la población infantil es la más vulnerable a maltratos tanto físicos como psicológicos. Sin embargo, aún nos cuesta mucho trabajo aceptar que un infante sea la víctima en un escenario de ficción.

Por todo lo anterior es que la trama del libro me llamó tanto la atención. Antes de leer la trilogía pensé que debería haber algún tipo de truco o recurso que disminuyera una trama cargada de violencia y más cuando es una obra que su autora escribió específicamente pensando en un público juvenil. ¿Cuál va siendo mi sorpresa? Dicho recurso o truco nunca apareció. La violencia que puede inferir un concurso donde de veinticuatro jóvenes luchan a muerte es real, es explícita y contiene pasajes que verdaderamente te dejan temblando.

Para ser un mundo futurista, Panem comparte muchas características con la sociedad actual. Para empezar, su necesidad por lo que muchos consideran “televisión basura” y lleva por nombre: reality shows. Los juegos del hambre son un evento televisado a nivel nacional donde las personas apuestan por el mejor tributo, el que tiene las mayores posibilidades de sobrevivir. Para la gente del Capitolio dicha pelea es sinónimo de diversión, de un entretenimiento donde los protagonistas no son quienes luchan en la arena sino aquellos que observan; entre más sangre, mejor para todos. ¿Qué personas en su sano juicio aprobarían algo así? ¿24 jóvenes luchando por su vida con cuchillos, lanzas, arcos y flechas? Como dijo Lenny Kravitz en una entrevista, es interesante ver que en la realidad no estamos demasiado lejos. Nuestro morbo como público aumenta con el tiempo y lo que antes nos sorprendía ahora no lo hace.

El sinsajo, símbolo de la protagonista de los libros, Katniss Everdeen

También está el hecho de exponer a un sector de la población a una violencia de tal grado donde puedan defenderse bajo sus propias reglas sin importar el daño que puedan causarse entre ellos. En la arena no hay reglas, aunque el canibalismo es lo único que no está bien visto. Lo impresionante de este escenario es que ni en el Capitolio ni en los Distritos alguien hace algo por evitarlo porque así son las cosas, es lo normal. De nuevo, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia…

Y finalmente está el aspecto que le da nombre al libro y a la competencia, la comparación que hace el texto entre los ricos y los pobres, los que tienen el poder y los que no, los fuertes y los débiles. Mientras en el Capitolio comen hasta vomitar, en los Distritos la gente se muere de hambre, literalmente. Los pobres son el entretenimiento de los ricos y a pesar que los primeros son mayoría no pueden hacer nada por mejorar su situación o de lo contrario terminarían silenciados como el Distrito 13, el cual terminó en ruinas tras incitar una rebelión.

Mucha gente pensará, incorrectamente, que esta trilogía es exclusiva para el público juvenil. Las adolescentes inundando las redes sociales con comentarios como “Team Peeta” o “Team Gale” harían pensar a cualquiera que esto sólo es una novela donde la protagonista tiene que escoger entre dos chicos. El hecho de que la mayoría de las sagas juveniles incluyen personajes que siempre terminan salvando el día con su varita mágica tampoco ayuda. O simplemente el hecho de que la película esté próxima a estrenarse y los más emocionados sean los adolescentes, da paso a cuestionar la calidad literaria de los libros. A todas esas personas que tienen sus reservas sobre la historia les digo: los buenos libros también tienen malos lectores.

A dos semanas de que esta bomba de tiempo explote estaré haciendo una reseña de cada uno de los libros que componen la trilogía con el afán de presentarles la magnífica historia que es The Hunger Games. ¿Realidad o ficción? Ustedes deciden.

About James

Cinéfilo. Lector. Estudiante de Comunicación Visual.