Un pequeño resquicio

Por Alfredo Núñez Lanz

pequeñosLos poetas del sueño, los magos y los videntes son tan raros en la literatura contemporánea que agradezco profundamente cuando me topo con uno. La obra de Tania Favela no exige al lector ningún poder de descubrimiento metafísico o de experiencia para gozar de ella, le resulta suficiente la obra misma y parece que todo su placer está en construir: “la palabra labra la lengua”. Sin embargo, esta construcción de palabras, o esta maquinaria -en términos de William Carlos Williams- pone a funcionar el sentido de una poética de los hechos, que sugerida por la naturaleza de las cosas, busca en el lenguaje un cauce para existir.
Estructuralmente, Pequeños resquicios se divide en cuatro partes. La primera, titulada “En la tierra están, estamos” es un recorrido anecdótico por la vida de músicos, filósofos y escritores como Thelonious Monk y Bill Evans, Charles Fourier u Ovidio. Aparece Ezra Pound engañando a las ardillas con nueces en el hospital psiquiátrico Sta. Isabel (historia que narra James Laughlin en su libro Ez as wuz, todavía inédito en español) o Craso, quien fue acusado de locura por el senado romano, después de llorar por su mascota: una pequeña morena de estanque. Esta sección del libro recoge instantes aparentemente triviales que iluminan un “estar en el mundo” y dejan entrever la sensibilidad de la autora para retratar estos momentos de vida donde parece emerger la personalidad vibrante de estos personajes y autores. Se trata de explorar el lado humano, alejándonos de la leyenda o las estatuas de bronce que la historia construye, enlazando experiencias íntimas que conducen a la reflexión. El título de esta sección sugiere esa veta sensible que ha iluminado la experiencia lectora de Tania Favela. Ella parece compartirnos esos instantes de revelación y asombro ante sus lecturas. Esta parte contiene entonces una epifanía doble: el descubrimiento de un hecho pequeño, pero cargado de sentido que ilumina la obra de estos autores y la amplitud de conciencia que quizá sin proponérselo, logra la autora con su propio estilo, sutil y sensual.
Los silencios imperan en todo el libro. Son pausas o cortes en la verbalización que señalan la necesidad de un ritmo y por contraste, la grafía del lenguaje adquiere una mayor preponderancia. Con la lectura en voz alta, estos silencios se convierten en la partitura que la autora configura: una continua dialéctica entre la expansión y el ascetismo o la concentración del lenguaje. Pero también en la lectura callada los silencios son ritmos visuales, marcas de tensión que detienen la mirada en lo que realmente importa.
La breve y sustancial sección titulada “Tres poemas” continúa enlazando, creando puentes entre la sabiduría de Homero, Aristóteles y los hallazgos de la vanguardia en poetas como H.D., William Carlos Williams o Pierre Reverdy. En este apartado se inserta el poema de largo aliento “Algo sobre las abejas”, donde la voz de Favela adquiere fuerza y sustancia transformándose en una espiral polifónica, como el vuelo de las abejas que “oscilando / su abdomen / sobre la superficie / del panal / danza / formando ochos / 888/88/888 / que trazan la dirección del vuelo / la dirección del sol”. Esa intuición de las abejas, sabiduría natural, vuelo imposible es casi una metafísica zoológica, la pregunta por ese impulso vital que hace que la abeja sepa lo que es. “¿No es esto poesía?” se pregunta Favela y en ese sentido es capaz de encontrar “círculos que revean/ la vida / o la muerte / éxtasis / al fin”. Este poema bien podría ser objeto de un largo ensayo sobre el ejercicio de la mística contemporánea y el cambio de perspectiva que se gesta en la propuesta de Tania Favela, mucho más fresca y que marca una estética válida y análoga a nuestro momento histórico.

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Otros momentos, anécdotas, estampas, e historias que van más del lado personal o autobiográfico se encuentran en la sección “Poemas al margen”. Sugiere, con ese título, la escritura que, al margen de sus lecturas enlazadas a la vida de los que aún están/estamos, la acompaña, como en una suerte de diario o apunte. Se trata de la sección más íntima. Allí se encuentra el poema “Cádiz adentro”, que Tania dedica a su madre y donde existe una reflexión sobre el aparente destiempo, pues la mano de la autora acaricia la corteza de un árbol milenario y se confunde con el mismo gesto que diez años atrás hiciera su madre. El tronco del árbol se estremece al contacto con ambas manos que se reencuentran en un mismo instante. Con esto parece decirnos que vida y obra convergen en un diálogo continuo y su engranaje está en el espacio del poema; diversos elementos culturales y afectivos que, transfigurados a partir de su imaginación configuran un nuevo espacio, un resquicio.

La poesía es comparable a cualquier otro modo de descubrimiento, se confunde con el método del místico, los procedimientos del filósofo o las prácticas del mago. Sueño, locura, ebriedad, observación, filosofía, son todas puertas distintas que abren para la humanidad resquicios en las murallas que la encierran en el estado actual de bombardeo mediático. Para Favela, la poesía es capaz de abrir un espacio para lo genuino, un espacio de libertad y lo logra en Pequeños resquicios.

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