Y que todo sea Antes de que nos olviden. 2012

María Bali//Fotos: Cortesía Festival Antes de que nos olviden

Efectivamente, no somos productores expertos; efectivamente no son bandas expertas; efectivamente no es público experto. Crecemos juntos.”
Jorge Segoviano, organizador del Antes

Es difícil escribir con ojos de objetividad frente al Antes. Escuché: “dale una oportunidad a lo desconocido” e inmediatamente me condicioné para recibirlo. Nada es gratis, y ese condicionamiento estuvo influido por el miedo que ha dejado la costumbre de la comodidad, no siempre cierta, pero conocida.

Yo, que esperaba ir a un festival de música emergente en un lugar atractivo, llegué y la impresión se adueñó de mí. Personas hechas personaje, cada una de ellas diferente y al mismo tiempo, convergidas por la curiosidad de conocer el lado B de la ciudad, su ciudad, la que les pertenece y de la que no se habla en las grandes portadas. Lorelle Meets the Obsolete, Motorama, Late Night Howl, La especialidad de la casa, D.D.A,y y las demás de las treinta presentadas, son bandas que necesitan de un público dispuesto a conocer la calidad de su música. Se aplaude a los jóvenes organizadores la perspicacia de encontrar estas nuevas voces, la mayoría de ellos mexicanas, y ofrecerlas al sótano del D.F.

El edificio hermoso, simbólico para la ciudad y famoso por la Coca-Cola gigante, se tornaba kafkiano entre la multitud, los rincones que te confundían sin llegar a perderte, la música que cambiaba según entraras a una sala o a otra y las luces que estaban y se iban a su conveniencia. Fue una locura. Lo sé porque lo recuerdo como un sueño más que como una salida curiosa de sábado por la noche. Y de entre todas las cosas que dejó el sueño, que ya es pasado, es justo eso: el pasado existió y dejó rastros: bandas que buscar, editoriales desconocidas por aprender, pero sobre todo, que la ciudad es eso, nosotros, la locura dentro de un teatro con la energía de cientos de sujetos con un solo objetivo: no dejar de sorprenderse.

Para muchos siempre es mejor hablar sólo de resultados, se olvidan de que los resultados no serían tan excitantes si olvidáramos el proceso, no matemáticas… la vida. Y en la vida –esperamos todos- los procesos importan incluso más que el punto final, por eso, la emoción que trae consigo haber tomado la decisión de continuar un proyecto –el Antes ha existido desde el año pasado-, hizo que al entrar al Teatro Hipódromo Condesa todas las expectativas de los que sólo esperábamos un rato agradable de música rara, saliéramos de ahí convencidos que para conocer hay que buscar más allá de los límites marcados por la cotidianeidad.

Todo sería más fácil si el Antes se hubiera limitado a ser una experiencia sonora, así nomás. Pero no. Esta descripción no es suficiente. El Antes nos dijo más que “ven, escucha y vete feliz”. No. Fue reconocerte en lo desconocido para que pudiera formar parte de él, y él de ti. El Antes, perspicaz para encontrar en los lados oscuros una sonrisa que perdura. En la ciudad y en nosotros.


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